5. Nick
Nick
Pasado
Fue extraño, pero papá se ocupó de mí hasta que, a los tres días, a mamá y a Noah les dieron el alta.
Al salir del hospital, cargó con las bolsas.
Insistí en llevar el gorrito de Noah, para que todo el mundo supiera que era mi hermano.
El coche empezó a oler a colonia infantil y Noah durmió en su sillita durante el trayecto, con los puños cerrados y la cara medio tapada con su manta.
Mamá lo miraba todo el tiempo, como si necesitara comprobar que seguía respirando.
Ya en casa, papá comenzó a deshacer las bolsas del hospital y mamá subió a la planta de arriba para dejar al bebé, que seguía durmiendo, ahora en la cuna.
—Nickolas —me llamó—. Puedes tumbarte en mi cama si quieres quedarte con él mientras descansa.
Caminó despacio e hizo una mueca de dolor mientras apoyaba una mano en la cuna y la otra en su costado.
—Mamá, ¿te duele mucho?
Se recompuso enseguida.
—Es normal después del parto, pero estoy bien. No te preocupes.
La escasa luz grisácea, debido a la espesa niebla de Ashmoor, se coló con suavidad por la ventana del dormitorio.
La cuna esperaba junto a la cama, con las sábanas beige y un edredón color chocolate, que por dentro llevaba un cálido relleno.
Y aunque todo, a excepción de la cuna, estaba como siempre en el dormitorio, con la llegada de Noah parecía más acogedor.
Mamá ajustó la manta que arropaba a mi hermano, rozándole apenas la mejilla con los dedos. Noah ni se movió; tan solo exhaló un pequeño suspiro.
Me senté en el borde de la cama, hundiéndome en el edredón.
Fuera, el viento silbaba entre los árboles y la niebla cubría el pueblo entero, pero dentro de casa, el aire olía a suavizante, y ahora también a colonia infantil y leche.
Papá entró con una caja de cartón de la que sacó pequeños aparatos: el monitor, la cámara con forma de osito y un par de cables.
—Voy a colocar esto. Así podremos verlo cuando duerma.
—¿Por si se escapa de la cuna? —pregunté—. Si apenas se mueve.
—Por si llora o se despierta.
Papá fijó la cámara, y una minúscula luz se encendió, indicando que funcionaba. Revisó que en el monitor se viera correctamente la grabación y se oyera el audio antes de irse.
—Ya está. Ayudaré a mamá con el baño y recogeré la casa mientras descansa. ¿Vas a quedarte aquí?
Asentí.
—Si tienes frío, arrópate con el edredón.
—Sí, papá.
Cerró la puerta después de salir y el silencio volvió, roto solo por las ramas de los árboles que chocaban entre sí debido al viento, y las tranquilas respiraciones de Noah.