Cicatrices en voz alta Planes de amor
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Planes de amor

Planes de futuro

Y la vida... siguió avanzando. Y con ella... nuestros planes.

Aquello empezó como algo inesperado, casi imposible... se estaba convirtiendo en una realidad completa.

Íbamos a casarnos. Algo que los dos habíamos jurado que nunca volveríamos a hacer. Y sin embargo... ahí estamos. Preparando una boda. Sin prisas. Sin presión. Pero con ilusión.

Una ilusión distinta. Más tranquila. Más consciente. Más real. Porque ya no éramos dos personas soñando. Éramos dos personas que sabíamos lo que era perder... y aun así, elegían volver a apostar.

Pasaron los años. Años allí. En las islas. Haciendo vida de verdad. Los dos trabajamos. Teníamos nuestra rutina. Nuestra casa. Nuestras nuevas amistades. Nuestra tranquilidad. Y también estaba Lulú. Que me la llevé allí conmigo. Ese momento fue de los más felices.

Porque ya estaba todo.

Él. Mi perrita. Mi vida. Completa. Sin piezas sueltas. Sin vacíos.

Y entonces sí... puedo decirlo. Era feliz. Muy feliz. Sin miedo. Sin ansiedad. Sin esa sensación de que algo iba a romperse. Simplemente... era paz.

Y muchas veces pensaba algo... que nunca creí que llegaría a pensar.

Que todo lo que había vivido... todo el dolor... todo lo que tuve que pasar... había valido la pena. Sólo por llegar hasta ahí.

Sólo por llegar a él. A ese momento de mi vida. A mi madurez. Donde ya no amaba desde la necesidad... sino desde la calma. Desde la elección. Desde la verdad.

Y lo que sentíamos... Era difícil de explicar. Era como si nos conociéramos de antes. Como si en otra vida... ya hubiéramos sido pareja. Había una conexión especial. De esas que no se fuerzan. De esas que simplemente... están.

Nuestra vida en las islas seguía.

Viajábamos a la península muy a menudo. Para ver a nuestros hijos. A nuestras familias. Porque, aunque estábamos allí... nuestras raíces seguían estando aquí.

También hicimos amistades. Creamos nuestro entorno. Nuestra pequeña vida.

No fue fácil al principio. Era todo distinto. Otra cultura. Otras comidas. Otras costumbres. Otra forma de vivir. Nada que ver con lo que habíamos conocido en Andalucía. Y adaptarse... costó.

Pero lo conseguimos. Poco a poco. Sin prisa. Porque merecía la pena.

Y al final... todo se convirtió en una mezcla, de felicidad... y de añoranza. Desde estar donde queríamos estar... pero sin olvidar de donde veníamos. Y quizás... esa mezcla... era también parte de nuestra historia.

El hombre que sí me eligió

Me doy cuenta de algo.

Todavía no he hablado de él. De cómo es.

Y debería hacerlo. Porque no es solo la historia. Es la persona. Es... todo.

Es una persona con mis mismos valores. Con educación. Con respeto. Con una forma de ver la vida muy parecida a la mía. Cariñoso. Muy cariñoso. Humano. Sensible. De los que sienten de verdad. De los que están. De los que no hacen daño.

Y eso... yo no lo había tenido nunca así.

Me siento afortunada. De tenerlo en mi vida. Mucho. Porque no es fácil encontrar algo así. Y menos... después de todo lo vivido.

A veces pienso... que es como si siempre lo hubiera estado esperando. Sin saberlo. Sin buscarlo. Pero esperando.

Y llegó. Cuando tenía que llegar. Ni antes. Ni después. En el momento justo. En el momento en el que yo... ya estaba preparada para reconocerlo.

La distancia sin miedo

Y me di cuenta de algo. Que podía tener las dos cosas. Mi vida allí... y mi vida aquí. Sin renunciar. Sin perder. Y eso... también me hacía feliz. Muy feliz.

También venían de visita a la isla, mis hijas y mi hermana.

Esos días fueron geniales. Tenerlas en mi casa, salir, compartir.

Felicidad máxima. Porque ya no era una vida a medias.

Era una vida completa.Muchas veces... cuando el trabajo me lo permitía y a él no... me venía sola unos días a mi tierra.

Y lo hacíamos así. Con naturalidad. Sin problemas. Nos adaptamos. Sin dramas. Sin reproches. Cada uno entendiendo al otro.

Y esos días... eran muy especiales para mí.

Me encantaba venir. Volver a lo mío. Hacer planes con mis hijas. Con mi hermana. Reírnos. Hablar. Compartir. Sentirme cerca de ellas.

La boda... llegó mucho después. No fué algo inmediato.

Pasaron dos años viviendo allí. Dos años construyendo. Dos años confirmando... que lo nuestro era de verdad.

Aún había restricciones. Mascarillas. Normas. Limitaciones.

No era como antes... pero tampoco queríamos esperar más.

Nuestro deseo era casarnos en nuestra tierra. Con los nuestros. Pero era complicado. Mucho papeleo. Mucho lío. Y lo vimos inviable en ese momento. Así que tomamos una decisión.