Cicatrices de orgullo
Durante mucho tiempo escondí mis cicatrices.No quería que nadie las viera.
Me avergonzaba de las decisiones que había tomado, de las veces que permití demasiado, de las lágrimas que derramé por alguien que quizá nunca comprendió cuánto me estaba doliendo.
Pensaba que mis cicatrices eran la evidencia de mis errores.Como si cada una dijera:Aquí te equivocaste.Aquí confiaste demasiado.Aquí permitiste que te lastimaran.Aquí no supiste irte.Pero un día decidí mirarlas de otra manera.Y entonces comprendí que una cicatriz no solamente habla de la herida.Habla de la recuperación.Habla de que hubo un momento en el que sangramos, pero también hubo otro en el que comenzamos a sanar.Mis cicatrices no eran vergüenza.Eran memoria.Eran la prueba de que atravesé noches que pensé que nunca terminarían y, aun así, amanecí.De que hubo momentos en los que no sabía cómo continuar y encontré fuerzas que ni siquiera sabía que tenía.Por eso empecé a verlas como trofeos de guerra.No como trofeos de una guerra contra alguien.Sino de una guerra conmigo misma.Una guerra entre quedarme o irme.Entre seguir soportando o empezar a elegirme.Entre creer que no podía vivir sin alguien y descubrir que podía volver a vivir conmigo.Cada cicatriz cuenta una batalla distinta.Algunas nacieron de despedidas.Otras, de decepciones.Algunas de las palabras que todavía recuerdo.Otras, de silencios que dijeron mucho más de lo que cualquier palabra habría podido decir.Pero todas tienen algo en común:No me destruyeron.Me cambiaron.Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.El dolor me quitó algunas ilusiones, pero me devolvió claridad.Me quitó personas, pero me enseñó a valorar mi propia compañía.Me quitó una versión de mí que estaba acostumbrada a conformarse, y me obligó a conocer a otra que aprendió a poner límites.Por eso hoy no quiero borrar mis cicatrices.No quiero fingir que nunca sucedió.No quiero contar mi historia como si hubiera sido perfecta.
Porque lo vivido forma parte de mí.Y aunque algunas páginas de mi historia fueron escritas con lágrimas, siguen siendo páginas que sobreviví.Aprendí que ser fuerte no significa no romperse.A veces ser fuerte significa recoger los pedazos y decidir que todavía vale la pena reconstruirse.Ser fuerte significa admitir:“Esto me dolió.”“Esto me cambió.”“Esto me dejó una cicatriz.”Y después decir:“Pero aquí sigo.”Tal vez esa sea la verdadera razón por la que hoy puedo mirar mis marcas con orgullo.Porque cada una me recuerda que sobreviví a algo que alguna vez pensé que no podría soportar.Ya no necesito esconderlas.Las llevo conmigo.No para demostrarle a nadie cuánto sufrí, sino para recordarme cuánto fui capaz de soportar.Mis cicatrices son parte de mi historia.Son los mapas de los lugares donde alguna vez me perdí y encontré el camino de regreso.Son las marcas de las batallas que nadie vio.Son la evidencia de mis noches más oscuras y de mis mañanas más valientes.Y ahora entiendo algo que antes no podía ver:Quizá nunca se trató de regresar a la persona que era antes de ser herida.Quizá se trataba de convertirme en alguien que pudiera mirar sus cicatrices y decir:“Sí, esto me pasó.Sí, me dolió. Sí, me dejó marcas.Pero también me enseñó de qué estoy hecha.”Y por primera vez, no sentí vergüenza de mis cicatrices.Sentí orgullo.Porque algunas guerras no se ganan saliendo ilesos.
Se ganan cuando, después de todo, todavía eliges vivir, amar y volver a levantarte.