Chinara. El tren pasa tres veces 41. UNOS MESES DESPUÉS
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41. UNOS MESES DESPUÉS

Camino

Han pasado unos meses desde la cena de Navidad con la familia elegida, y este tiempo ha traído casi de todo.

A mi sobrina Martina le ha traído una barriga llenita de felicidad.

No sabéis lo contenta que está esa parejita de dos que, sin planearlo, van a formar una familia dentro de muy poquito.

Cuánto me alegro por ellos; la verdad es que Valentín bebe los mares por ella y a ella se la ve radiante. Eso me hace feliz a mí también.

A Serrat estos meses también le han traído una sorpresa, que se llama Ana Belén.

No, no tiene una novia nueva… ¡tiene una hija!

Princesa debió quedar embarazada en alguno de sus encuentros con mi compañero fiel, y ha llegado a nuestras vidas una preciosa perrita bebé que se llama Ana Belén.

¿Por qué ese nombre? Porque se lo ha puesto la abuela Camino.

Si hubiese sido machito, habría sido Sabina.

Me encanta poner a los animales nombres de persona, me hace mucha gracia.

Ana Belén no está con sus dos padres, porque están separados…

bueno, nunca llegaron a vivir juntos, pero, en cuanto Princesa decidió que su bebé ya podía alimentarse sola, Valentín le encontró un nuevo hogar.

Y menudo es…. ¿Adivináis con quién vive el animalito?

Nada más y nada menos que con Fran y Rodri.

Rodri se mudó al apartamento de Fran y han formado una familia de encanto.

Tendríais que ver las fotos que se hacen los tres.

La pobre Ana Belén está hasta el gorro de los complementos que sus padres adoptivos le ponen, pero no dice nada, ¿para qué?

Sus padres no van a cambiar. Lo último fue un pijamita de leopardo que, la verdad sea dicha, es una fantasía.

Tiene brillantitos y todo, a lo Gypsy Kings.

A Montse el tiempo le ha devuelto la libertad. Su marido y ella llevaban un tiempo en una rutina que, la verdad, era lo más cómodo de la vida, pero eso llega un momento en que si no se acompaña de algo más… no sirve.

Cuando en una pareja ambos necesitan cada vez más espacio, se llega incluso a olvidar al otro sin querer.

Bisbal diría: «Cuando no hace falta hablar en todo el día, cuando libre es tu única verdad...

». Este asunto me hace reflexionar, y llego a la conclusión de que el amor no cambia, pero las personas sí, así como fluctúan las situaciones que nos rodean y eso también influye.

No se puede ir contra corriente. Y tampoco hay necesidad.

Gracias a Dios, en el caso de Montse, no va a ser ninguna catástrofe: ella es una luchadora, siempre lo ha sido.

Ha llegado donde está por sus propios medios, nadie le ha regalado nada, su nivel de vida no le vino de cuna como a Claudia.

No depende de nadie y siente que el lazo de unión con su marido simplemente se ha desvanecido.

Se ha deteriorado sin aparición de terceras personas.

Ha ocurrido y punto. Algunos le preguntan que, si no se había dado cuenta anteriormente, ¿por qué ahora?

Ella siempre responde lo mismo: es algo que venía fraguándose desde años atrás.

Son decisiones que hay que tomar solo si uno está muy seguro.

Cuando dos personas se separan de esta manera, sin grandes conflictos de por medio, uno de ellos, o los dos quizá, lo intuyen mucho tiempo antes de que todo explote.

Al principio pueden parecer ideas contaminadas por hechos de nuestro alrededor, por comparaciones con otras parejas que parecen estar viviendo una relación idílica eterna…

pero al fin llega un momento que es insostenible, que se sabe, y no pasa nada por ponerle fin a algo que es cómodo, pero aburrido y descafeinado.

Ahora le ha dado por hacer viajes con una agencia que monta planes para gente que va sola.

No solo separados o divorciados, ella dice que ha hecho amigas y amigos bien jóvenes que viajan solos por placer o porque no coinciden con sus amistades.

No la veo yo con un ansia viva de encontrar pareja, aunque sí con muchas ganas de vivir, de conocer, de salir de su zona de confort.

La verdad es que la apoyo y la aplaudo. La parte mala: que quedamos mucho menos.

Cuando estamos juntas, los cafés son interminables y siempre tiene un montón de batallitas y peripecias que contar.

Y falto yo.

A mí estos meses me han costado bastante, pero aquí estamos. Después de la partida de Lorenzo, fueron unos días raros. Sentía vacío, que no tenía nada en lo que pensar cuando no me apetecía leer, y por primera vez experimenté silencio mental. Por una parte… la verdad… ¡qué descanso!

Comencé a abrazar el aburrimiento como parte normal de la vida de las personas, en una medida justa.

Empecé a darme permiso para pasarme tardes sin hacer nada, aunque cada vez se me hacía más complicado, porque surgió la necesidad de dar bola a mis intereses artísticos dormidos, como la pintura y la escritura.

No sabéis la felicidad tan grande que experimenté cuando, después de muchas horas de trabajo, obtuve en mis manos mi primera novela.

No tengo ni idea de si podría enviarla a alguna editorial, porque es muy de principiante.

En ella he vomitado sentimientos, sensaciones, paisajes y personajes que estaban en mi cabeza y no lo sabía.

Es precioso entender que dentro de la mente de las personas hay infinidad de mundos, y yo he empezado a explorar y compartir los míos.

Lorenzo me escribe de vez en cuando, aunque la primera que lo hizo fui yo.

Quise que finalmente tuviese la carta que tantos años estuvo esperando.

Él siguió la cadena, y sabemos uno del otro por esta vía.

Creo que va a venir unos días a Barcelona, porque echa de menos a Princesa…

o es lo que me cuenta. Intuyo que seremos buenos amigos en la práctica, pero en nuestros corazones somos lo que cada uno queremos ser sabiendo que el otro sigue estando ahí de algún modo, y preguntándonos por las noches, al contemplar la luna desde nuestras ventanas, si el otro la estará viendo también, deseando que así sea.