Chinara. El tren pasa tres veces 39. ¿SUCEDERÁ EN EL AEROPUERTO?
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39. ¿SUCEDERÁ EN EL AEROPUERTO?

Lorenzo

Son las cinco de la mañana. Me encuentro en el aeropuerto sesenta minutos antes de la hora a la que la cité a ella.

No llevo la cuenta de los pasos que debo haber andado sin rumbo de un lado a otro.

Miro por los grandes ventanales y en realidad no veo nada.

Me giro y observo los abrazos de las familias que se despiden, así como los de las que se reencuentran.

¿Daré yo alguno hoy? ¿A cuál se parecerá?

Le dije a Camino que viniese aquí a las seis de la mañana y de veras espero que aparezca.

No he querido presionarla, no tengo derecho a arrebatarle la tranquilidad de la cual goza actualmente ni a hacerla una infeliz con mis idas y venidas.

Tampoco puedo, o, mejor dicho, no sé cómo dejar atrás mi vida, esa en la que me he refugiado, esa que construí para seguir adelante cuando más lo necesité, la que he tenido que aprender a la fuerza y ya forma parte de mi manera de existir.

Si ella aparece, los dos tendremos una oportunidad para comenzar de nuevo, explorarnos y, por qué no, ser felices.

Aun así, intuyo como es, a ella no le vale un quizá.

En estos meses he visto en ella el mismo espíritu que puso del revés mi mundo cuando la conocí en África.

No suelen gustarme las situaciones que no puedo controlar y en las que no tengo el mando, y estar con ella fue…

justo eso. Hace más de treinta años apareció sin más, en el momento en que escapaba de una relación en la que no era yo del todo.

Camino me hizo volver a ser vulnerable, tenía poder sobre mí y mis sentimientos.

Fueron los días más felices de mi existencia.

Rompió mi regla, rompió mis normas, pero me curó a mí.

Ojalá aparezca. Lo deseo de todo corazón.