Cerillas Garibaldi Moussel, de Legrain
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Moussel, de Legrain

–Cómo ha mejorado el chico, este verano.

–No sé qué decirte. Me subió a su piso hace unos pocos días. Casi no nos conocemos.

–Que te lo digo yo: se ha bronceado, ha rebajado la barriguita. No es que antes estuviera mal, pero ahora está más fibrado. Tiene la cara más delgada, y el cuello, más robusto. ¿Has visto qué gemelos?

Las dos miran a la vez los gemelos monumentales del hombre, que le vienen de familia.

–Aish.

–¿Y el culito? Duro como una piedra.

Lo repasan desde la rabadilla al talón de Aquiles.

–¿Y el paquete? –dice la más veterana, que hace un gesto como si lo sopesara.

–¡No seas bastorra!

–Se pasa el mes de agosto subiendo montañas, como un Kílian Jornet, y después nosotras a sufrir.

–Es que lo mordería.

Se oye un chorro de agua corto y continuo que cae sobre la cabeza del señor.

–¿Crees que le gusto?

–Sinceramente: eres un poco antigua y estás pasada de peso.

–Oye guapa, ¡eso es body shaming ! (humillación por los rasgos corporales).

–Yo, en cambio, mira qué tipito tengo.

Esbelta, sensual, con unas curvas equilibradas. Y sin siliconas ni parabenos (conservantes). Me agarra con una delicadeza... Y suelta una gota de color perla.

–Demasiado delgada. Enseguida habrá sacado todo lo que quiere de ti y se buscará otra.

Siempre lo hacen. Yo, en cambio, sin renunciar a la sensualidad, le ofrezco un amor maternal.

Se acuerda de cuando era pequeño y una mujer como yo lo enjabonaba y perfumaba.

Hago que se sienta seguro y confiado. Los hombres son niños que buscan a su madre.

–¡Que te crees tú eso! Les gustan jóvenes. Frescas y naturales, que les hagan sentir jóvenes a ellos.

El hombre cierra el grifo de la ducha. Coge la botella de Moussel Classique, vierte un chorrito de gel en la palma y se repasa los muslos y las ingles.

Vierte otro chorro y se limpia pecho, brazos y axilas.

Se enjuaga. Coge el frasco de champú H&S Classic, se pone un poco en la mano y de allí a la cabeza, y se la frota con las yemas de los dedos.

Mientras se enjabona, se fija en las dos botellas quietas en la repisa.

La de gel no se puede ni agarrar de lo grande que es.

Para meter el 35% que dicen que es gratis han tenido que cambiarle la forma.

Mientras que la botella de champú es ahora más pequeña: 250 ml.

Una se ensancha a base de ofertas y la otra mengua por la reduflación (reducción de la cantidad o el tamaño).

¿Se gasta menos champú y por eso tienen que venderlo como un producto de lujo? ¿O es que el gel no tiene tanta salida y hay que dar cada vez más cantidad para que la gente lo despilfarre con alegría? Qué cosas más raras.

Alcanza la toalla y sale de la ducha.

–¡Me ha mirado a mí! –dice la botella de champú.

–¡No, a mí! –grita la botella de gel.

–¡Puta!

–¡Bruja!