El nuevo Gran Houdini
Entra en la pista en medio de una gran expectación.
Tiene la planta de James Stewart, el hoyuelo de Cary Grant, el flequillo de Paul McCartney cuando tocaba con los Wings, sonríe como Tony Curtis.
Luce una americana blanca que Roger Moore utilizó en una película simpática y, debajo, una camiseta con unas letras rojas que dicen «Love Is the Drug», que es el título de una canción de Bryan Ferry.
–Parece un buen tipo.
–No tanto como él cree.
Comentan dos señoras del público.
Lo despojan de la americana blanca, la camiseta y el pantalón, y lo dejan en calzoncillos.
Le pasan una soga por el cuello, de esas de amarrar barcos, y la atan con un nudo de puño de mono.
Con otra cuerda le inmovilizan las manos a la espalda.
Le rodean las piernas, de rodillas para abajo, con cinta americana.
Lo lanzan a una pecera que parece un armario.
El nuevo Gran Houdini se arranca la cinta americana de las piernas y la suelta dando giros.
Con los pies se afloja la cuerda que le inmoviliza las manos, deshace el nudo de puño de mono, golpea en el suelo de la pecera y, algo sofocado, remonta hasta la superficie. Recibe aplausos atronadores.
–Es bueno.
–No faltaba más, es su obligación.
En la siguiente sesión han cambiado las cuerdas por cadenas y la cinta americana por cinta de helicóptero. Tiene marcas de las cuerdas en las muñecas y en el cuello, y cara de angustia.
–Ya no parece tan buena persona.
Le tapan la boca con una mordaza, le rodean el cuello con una cadena que le pasa por la ingle. El candado le roza el ano. Lo tiran al agua. Se quita la mordaza, revienta la cadena con la verga, atrapa el candado con la boca y lo escupe fuera de la pecera. Sale medio ahogado. La gente aplaude.
–Este tío puede con todo.
Le cambian la americana de Roger Moore por una camisa de fuerza.
La atan por detrás y, encima, le colocan una faja de Madame X.
Le rodean el cuello con una cadena pitón y tiran la llave al inodoro.
Con un movimiento de pecho y cadera se escurre de la faja.
Muerde la pitón y arranca un trozo de hierro con el que corta las mangas de la camisa de fuerza.
Detiene el reloj en el último segundo, como las bombas de las películas.
Tras unas semanas de descanso, regresa al circo.
Le han clavado un piercing en el escroto, que sostiene una anilla por la que pasa una cadena fijada a otra anilla en la nariz.
La camisa de fuerza lleva correas de cuero y candados de combinación.
Colocan la pecera, que es como un armario, dentro de otra pecera que parece un garaje, con dos docenas de pirañas dementes.
–Este tipo puede con todo.
–Pero no es tan buena persona.
Empieza a presionar con el escroto para intentar arrancar el piercing , pero se lo piensa mejor y empieza a hacer pedorretas con la boca y, después, por la nariz.