Una víctima del fast déco
Después llegó Halloween, con las telarañas, las calabazas y los esqueletos.
Me di cuenta de que era una tontería tener la casa montada siempre igual.
¡Cada día somos personas distintas! Llueve: no vas a tener las mismas colchas y sábanas que en un día soleado.
Voy vestida de naranja. ¡No queda bien con un mantel a cuadros blancos y rojos!
¡El mantel tiene que ir a juego con el vestido!
Tengo tantos vestidos que necesito un buen fondo de armario de manteles individuales.
La casa de la primavera tiene el color de la colonia fresca, con unos marcos de madera blanca monísimos, sillas pintadas como si estuvieran despintadas por el uso.
El otoño trae colores tostados, de esos nuevos tan elegantes que han salido: el Moniato Quantum y el Dubai Moniato.
Y la casa de invierno juega con grises y azules oscuros.
He incorporado un pequeño escape room porque el invierno cansa y hay que encontrar la manera de salir de él.
El verano pasado utilicé un estilo destroyed , con unos marcos y unos apliques que parecían sacados de un container , pero que compré en el supermercado, que ahora tiene una sección de decoración que se ve sencilla pero que es de diseño.
Este año estoy pensando en una decoración marinera, como si la casa fuera un apartamento alquilado en la playa, pero con un toque hygge (‘tranquilo’).
Si tienen que venir amigos a cenar, organizo juegos de buscar el tesoro, que crean buen rollo, ayudan a descubrir la casa y admirar los detallitos.
Lo copié de un amigo que trabaja en una oficina de esas gamificadas, que promueven enfrentamientos amistosos para estimular la competencia.
Antes sólo competíamos para ver quién bebía más gin-tonics o quién tiraba mejor la caña.
Ahora todo responde a un propósito constructivo.
Se ha acabado la dictadura de los diseñadores y ahora cada uno es su propio trendsetter (‘iniciador de tendencia’). Es un momento de libertad. Qué contenta que estaría mi yaya Rosinda.