Cerca de su corazón (Dulces corazones de Sweet Creek nº 3) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—La otra razón por la que no estoy demasiado molesto es que recibí una llamada de Carson justo antes de que llegaras. Quiere que trabaje con uno de sus clientes más importantes.

Frunció el ceño mientras una sensación de inquietud la invadía.

Nunca se va a quedar. Las palabras de Claire sonaban ahora como una premonición.

Jace la tomó de las manos y sonrió.

—Pareces decepcionada.

Tess se encogió de hombros con indiferencia.

—Sí. Un poco.

—Sabías que volvería.

Tess no respondió. No quería meterse en una pelea por esto. No cuando las cosas estaban cuajando entre ellos.

—Cuéntame cómo va lo del proyecto de los condominios —dijo, cambiando de tema.

En realidad no le interesaba. Como a algunos vecinos del pueblo, habría preferido que no se construyeran, pero era realista.

Jace suspiró.

—Hoy tuve una reunión con la Cámara de Comercio. Tienen varias preocupaciones que tendré que trasladarle a Carson.

—¿Muchos negocios se oponen al plan?

—La mayoría quiere que se traslade y se reduzca.

—¿Y tú qué piensas?

Jace apretó los labios.

—Antes pensaba que Chuck tenía razón. Que debería estar junto al río; pero ahora no estoy tan seguro. De hecho, estaba pensando en pedirles a Carson y a Chuck que vinieran al pueblo a verlo con sus propios ojos antes de que yo vuelva a Vancouver.

—¿Aquí? ¿A Sweet Creek?

La boca de Jace siguió moviéndose, pero Tess no oía nada por encima del zumbido en sus oídos. La habitación empezó a dar vueltas y se aferró a las manos de Jace para no perder el equilibrio.

Solo una palabra resonaba en su mente.

—No.

—Tess, ¿estás bien? —Jace la ayudó a sentarse en una silla—. Estás blanca como la pared. ¿Qué te pasa?

Le apretó las manos con más fuerza, con el ceño fruncido.

Ya no podía respirar. Cerró los ojos y recurrió a la ira que la había mantenido en pie tantas veces durante los últimos seis años.

—Esto no puede pasar —dijo entre dientes.

Jace se echó hacia atrás.

—¿Por qué estás tan enfadada?

—Te lo dije, esto no puede pasar.

Era todo lo que podía decir. Se levantó y, sin mirar atrás, salió corriendo hacia la puerta.

—Tess, vuelve aquí —gritó Jace—. Dime qué te pasa.

Soy idiota. Sabía que Jace trabajaba con Chuck y Carson. ¿Cómo demonios pensé que podría mantener nuestros mundos separados?

—Déjame en paz, Jace —dijo con voz ahogada—. Necesito estar sola.

Salió corriendo de la oficina de Jace a la calle. Ni siquiera miró atrás para ver si Jace la seguía. Tenía un solo objetivo.

Llegar a casa. Ponerse a salvo.

—¿Dónde está Tess? —preguntó Helen el viernes mientras hacía pasar a Jace al calor de su casa.

Jace quería justificar la ausencia de Tess con alguna excusa. Pero la realidad era que llevaba días consumiéndose de rabia. Desde que ella salió corriendo de la oficina, no lo había llamado.

Ayer se mantuvo alejado de la cafetería de Claire. De ninguna manera iba a parecer que la estaba persiguiendo después de que se marchara sin decirle nada. Otra vez.

Luego, esa noche en el salón, cuando Allen Andrews abrió la reunión y Tess todavía no había aparecido, Jace se enfadó de verdad. Una vez más, ella lo excluía de su vida, y una vez más, él no podía dejar de pensar en ella.

—Tenía muchas ganas de volver a verla —dijo Helen con pesar mientras caminaban hacia el salón—. Es una persona interesante.

Jace volvió al presente.

—Tess va a su aire —dijo, sin poder disimular el resentimiento en su voz.

Estaba lidiando con un torbellino de emociones: rabia por haber sido excluido de su vida otra vez, y confusión por no entender el motivo.

Ella sabía que él iba a volver a Vancouver. ¿Era eso lo que la tenía tan molesta? ¿Pensaba que se iba a quedar en Sweet Creek, un lugar que no le traía buenos recuerdos?

Mientras le daba vueltas a la idea, recordó algunos comentarios que la gente había hecho sobre su padre.

Lo respetado que era en la comunidad. Cómo, a pesar de su discapacidad, participaba en muchos actos y eventos.

Jace no recordaba nada de eso; lo único que recordaba era la falta de dinero y la insatisfacción de su madre.

Helen se dejó caer en su silla, recostada, con los brazos cruzados sobre el vientre.

—Charlie dijo que era un espíritu libre.

Espíritu libre es quedarse corto, pensó Jace mientras se sentaba frente a Helen. Aunque, claro, él había conocido a otra Tess: alguien de fiar, alguien que no abandonaba hasta el final.

Echó un vistazo a su alrededor.

—¿Charlie tampoco está?

—Está fuera dando de comer a las gallinas y las cabras, buscando inspiración para la próxima canción que quiere escribir. Enseguida se une a nosotros.

Jace sacó un cuaderno del maletín y se echó hacia atrás en la silla. —Charlie me dijo que querías repasar el repertorio para la gala benéfica.

Helen ladeó la cabeza. El cabello le cayó a un lado, dejando al descubierto las líneas alrededor de la boca y el abanico de arrugas que enmarcaba cada ojo. —Supongo que ya no quieres hablar de Tess.

Jace no sabía cómo responder a un comentario tan directo, así que negó con la cabeza. —Preferiría que no.

—Soy directa porque la última vez percibí que había algo entre vosotros. De hecho, estaba convencida de que estabais saliendo, pero Charlie me dijo que no.

Jace no sabía qué hacer con el rumbo que estaba tomando la conversación. No sabía cuánto contar, pero la frustración había minado sus defensas habituales. —Tess y yo salimos —admitió—. Pero fue hace muchos años.

—¿Qué pasó?

Jace soltó el aire mientras tamborileaba con el bolígrafo en el cuaderno. Miró a Helen. —No lo sé. Nunca me lo contó.

Helen se mecía en la silla, con la mirada perdida en la distancia. —¿Se lo has preguntado?

—Muchas veces. —Apretó los labios. Las emociones estaban pudiendo con él.

—¿Cuánto tiempo estuvisteis saliendo?

—Empezó en el instituto. Fuimos juntos al baile de graduación.

—Novios del instituto —dijo Helen con una sonrisa tierna—. ¿Y qué vino después del instituto?

—La universidad. La cosa se fue poniendo cada vez más seria. De hecho, estaba ahorrando para comprarle un anillo de compromiso.

—¿Por qué rompisteis?

Jace se echó hacia atrás y cruzó los brazos mientras su mente viajaba al pasado.

—No rompimos. Habíamos estado trabajando juntos para el mismo hombre para el que trabajo ahora.

Estábamos haciendo unas prácticas de verano en la promotora de Carson.

Una noche ella se quedó trabajando hasta tarde, y al día siguiente, cuando habíamos quedado, no apareció.

—Jace se detuvo ahí. Helen no necesitaba un resumen completo de su vida amorosa con Tess. O de la falta de ella.

—Y... —lo animó Helen.

Jace le sostuvo la mirada y negó con la cabeza. —¿Por qué te importa?

La mirada de Helen se desvió hacia algún punto detrás de él, pero Jace tuvo la sensación de que estaba mirando más allá del aquí y el ahora.

—Porque veo en sus ojos un dolor profundo y lacerante. Un dolor que conozco demasiado bien.

Sus palabras lo dejaron helado, y por un momento no pudo decir nada. Después preguntó: —¿Por qué dices eso?