Cerca de su corazón (Dulces corazones de Sweet Creek nº 3) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

—No. Tú perdiste el concurso. Puedes pagar la gasolina.

Tess mantuvo un tono desenfadado, pero no pudo reprimir una extraña emoción.

No había cola en D.J. cuando llegaron. Jace aparcó, y al salir, Tess no pudo evitar sonreír al ver su elegante coche junto a una camioneta polvorienta. Pidió lo de siempre: una hamburguesa con beicon y queso, con una ración de patatas fritas y un refresco de naranja grande.

—¿Todavía? —dijo Jace, y se rio mientras hacía su pedido.

—¿Qué quieres decir?

—Siempre pedías lo mismo cuando... —dejó la frase en el aire y Tess adivinó lo que venía después.

—Es una buena hamburguesa —se limitó a decir.

Después de recoger las hamburguesas, Tess le fue indicando el camino hasta el parque junto al río. Cuando ella bajó del coche, Jace sacó una caja de cartón y una manta del asiento trasero.

—Postre —dijo, levantando la caja ante su mirada desconcertada—. Tarta de queso con fresas. La compré en la pastelería a la hora de comer.

Recordó mi postre favorito.

Tess sintió una punzada de placer y, justo después, un cosquilleo de anticipación.

Jace captó su mirada y, durante un instante que les cortó la respiración, algo chisporroteó entre ellos.

Ella apartó la vista.

—No puedo esperar.

Tess se dio la vuelta y cruzó la hierba mullida hasta un gran álamo temblón a orillas del río. El sol le calentaba los hombros a través del jersey. Desde las ramas de un árbol, un petirrojo lanzó su canto al aire primaveral.

El entorno idílico le calmó los nervios.

—Podemos comer aquí —dijo, señalando un hueco bajo el árbol.

Jace dejó la caja en el suelo, extendió la manta y se acomodó en un extremo. Tess la observó.

—No es muy grande.

—Suficiente.

Jace la miró y sonrió.

—No ocupas mucho sitio.

Aunque el día había sido inusualmente cálido para ser primavera, sabía que el suelo aún estaría húmedo. Se rindió y se sentó en el borde de la manta, luego abrió la bolsa con su hamburguesa y sus patatas fritas. Se inclinó e inspiró hondo.

—Hamburguesas. Mucho más que simple comida rápida.

Estaba a punto de decidir qué comería primero —y cómo— cuando Jace le dio un codazo en el brazo.

Le tendió un plato con un cuchillo y un tenedor de plástico encima.

—Así me ahorro el espectáculo —dijo con una sonrisa torcida.

Tess le devolvió la sonrisa y aceptó el plato encantada.

—Gracias. No esperaba que esto se convirtiera en una cena de gala.

—Recuérdame que te lleve a un restaurante de verdad elegante algún día —dijo Jace con una sonrisa, mientras volcaba las patatas junto a la hamburguesa en su plato.

—Y entonces, ¿por qué elegiste hamburguesas junto al río en vez de salmón en la posada? —preguntó Jace, mojando una patata en un montón de kétchup.

Tess se encogió de hombros.

—Me gusta el ambiente.

—Bueno, a mí me viene de perlas. Cita barata.

No es una cita. Decidió que sería más fácil dejarlo pasar.

—Seguro que un promotor inmobiliario de éxito como tú no tiene que preocuparse por el dinero —bromeó, sacando un pepinillo de la hamburguesa.

—Todavía tengo algunas deudas que saldar.

—¿Préstamos de estudios?

—Algunos. No tantos como habría tenido. Carson me ha apoyado y animado muchísimo.

Le dedicó una sonrisa cautelosa.

—Sé que Chuck no te cae bien, pero también le debo mucho. Me dio un sitio donde quedarme mientras estudiaba, y siempre ha estado ahí para escucharme en... algunos momentos difíciles.

Jace se detuvo ahí, pero Tess intuyó que esos momentos difíciles tenían mucho que ver con ella.

—Así que les debo mucho a los MacGregor.

Apartó la mirada y cogió una patata frita, molesta al ver que le temblaban los dedos.

—¿Y qué viene ahora para Jace Scholte? —preguntó con tono desenfadado para disimular su momento de debilidad.

—Tengo algunas metas.

—Como...

Cuando salían juntos, solían hablar de las cosas que querían hacer y de las personas a las que querían salvar. Los dos ardían en deseos de hacer justicia y de verla cumplida.

Qué ingenuos habían sido los dos.

—Quiero que mi madre esté orgullosa de mí. Quiero que Carson se sienta orgulloso de haberme ayudado.

—Se nota lo mucho que te importa su respeto.

Tess mantuvo un tono ligero mientras arrastraba otra patata frita por el charco de kétchup de su plato.

—Siento que se lo debo a los dos. Sé que he sido muy afortunado.

—¿Crees que Dios también te ha bendecido?

No pudo evitar el tono áspero en su voz.

—Creo que Dios me ha bendecido con inteligencia, salud y oportunidades, sí. Sería un error no aprovecharlas.

Jace se quitó la chaqueta y se arremangó.

Tess se metió la patata frita en la boca, con la esperanza de parecer más relajada de lo que estaba.

—¿Sigues yendo a la iglesia?

Jace asintió, lanzándole una rápida mirada de reojo.

—Lo necesito. Tengo que recordar que necesito a Dios en mi vida, y que debo estar en comunidad con otros creyentes.

Se limpió la boca y dejó caer la servilleta en la bolsa de papel.

—¿Y tú? He notado que no vas con regularidad.

Se encogió de hombros.

—La gente cambia.

—Has cambiado mucho, Tess. Eras tú quien me desafiaba.

Jace le dirigió una mirada irónica.

—Eras tú quien me decía que de Dios nadie se burla. Fue por ti que empecé a ir a la iglesia.

Tess percibió un leve matiz de consternación en su voz, pero no dejó que traspasara sus defensas.

—Dios y yo ya no nos entendemos.

Pero incluso mientras pronunciaba esas palabras, sintió una punzada de emociones antiguas, de conexiones más profundas con el Señor. Hubo un tiempo en que ella y Dios habían tenido una relación, igual que hubo un tiempo en que ella y Jace la tuvieron.

Las dos relaciones se habían hecho añicos aquel día horrible, seis años atrás.

Se arriesgó a lanzarle una mirada rápida a Jace y se estremeció al verse atrapada por su mirada intensa.

No podía apartar la mirada.

—Me molesta que le hayas dado la espalda a Dios. ¿Por qué lo hiciste?

Jace se inclinó hacia delante, con los brazos apoyados en las rodillas.

Quería quitarle importancia a su preocupación, pero también sentía el impulso de mostrarle cómo veía ella su propia vida. Era un viejo amigo y, por eso mismo, merecía saber más de lo que le había contado.