Capítulo 1 #4
Seis años atrás, aquellos planes difusos incluían lirios en jarrones altos de cristal entrelazados con hiedra, rodeados de pequeñas velas en sus bases, servilletas verde salvia con servilleteros de plata sobre manteles de damasco color crema, y bolsitas de galletas caseras como recuerdo.
Durante un tiempo, incluso había tenido un novio en la fantasía. Alto, moreno, guapo, con una cicatriz intrigante en una mejilla. Tess se obligó a salir de aquellos recuerdos agridulces y volvió a la conversación.
—Creo que tu madre quiere hablar contigo —dijo Sheryl, inclinando la cabeza hacia el frente de la sala, donde Deborah aún estaba de pie.
—Theresa, ven aquí, cariño.
Aunque su madre no había alzado la voz, había en su tono una exigencia difícil de ignorar.
—Hablamos luego —dijo Tess, levantándose de la silla para reunirse con Deborah.
—Como te perdiste la primera reunión, los comités ya están formados —dijo Deborah, señalando una tablilla con sujetapapeles sobre la mesa—. Pero seguro que todavía hay algo que puedes hacer.
Tess echó un vistazo a la lista, intentando ignorar a Jace. Alzó la vista sin querer, pero la mirada de él la recorrió brevemente y volvió a Deborah.
Tess no sabía si debía sentirse ofendida por aquel trato tan indiferente, pero decidió que le daba igual. Dejó la tablilla sobre la mesa y se metió las manos en los bolsillos delanteros de los vaqueros.
—¿A cuál te gustaría unirte? —preguntaba su madre.
—No quiero estar en un comité —dijo, mirando la lista.
—¿Por qué no? —preguntó su madre.
—Prefiero algo que pueda hacer a mi ritmo. Estoy demasiado ocupada para reuniones.
Cometió el error de mirar directamente a Jace y captó la decepción en sus ojos. No debería haberle importado, pero le importó. Hubo un tiempo en que su opinión lo era todo para ella. Parpadeó y apartó la mirada.
No te dejes arrastrar, se dijo. No cedas. En cuanto termine su trabajo aquí, volverá a marcharse.
—¿Por qué no echas un vistazo a la lista? —sugirió Deborah—. Podrías ver algo en lo que puedas ayudar.
Para complacer a su madre, Tess volvió a coger la tablilla.
—¿Tienes un bolígrafo, mamá? —preguntó, apoyando el papel en la mesa para poder escribir.
En su lugar, una mano masculina apareció en su campo de visión. Sin levantar la vista, Tess cogió el bolígrafo de los dedos de Jace, intentando no fijarse en que el metal aún conservaba el calor de su mano.
Garabateó su nombre bajo el comité encargado de reunir donaciones para la subasta silenciosa y dejó el bolígrafo sobre la mesa.
Hacer llamadas desde casa, eso sí podía. Simple y directo: ir tachando nombres de la lista y listo.
—Ese es uno de los comités más importantes —dijo Jace mientras recogía su bolígrafo.
Tess se encogió de hombros, quitándole importancia.
—Creo que puedo con ello.
—¿Crees? —Sus ojos parecían contener un desafío.
Tess no apartó la mirada.
—Sé —respondió.
—De acuerdo. Nos reuniremos aquí mañana por la noche para elaborar una lista de posibles donantes de varios pueblos —dijo Jace.
—¿Nos? —Tess frunció el ceño.
—Sí. Estoy en el mismo comité.
Jace tomó su bolígrafo y señaló su nombre garabateado en la parte superior de la lista.
¿Cómo pudo haberlo pasado por alto?
—Ese día estaré en Fort Henday, en el mercado de agricultores —dijo, sin apartar la mirada.
—Eso termina a las dos, ¿no?
¿Lo recordaba?
—Después tengo que trabajar en el café. Se lo prometí a Claire.
—No hay problema. No quedamos hasta después de cenar, así que seguro que puedes venir.
Le dedicó una sonrisa fría.
—A menos que estés trabajando en el hostal para Kelsey.
Su tono dejaba claro que la había calado.
Ojalá pudiera decir que sí, pero parecía que las cosas se le estaban escapando de las manos.
—No. Ya no trabajo allí. Puedo ir.
—Me alegro de que esté resuelto —dijo Deborah, dándole una palmadita en el hombro a su hija—. Jace tiene aquí más información impresa sobre la recaudación de fondos. ¿Por qué no la lees mientras esperamos a que empiece la reunión?
Le entregó a Tess una carpeta de cartón.
Mientras Tess hojeaba el material, no pudo evitar admirar su organización: en un bolsillo interior había una lista de todos los miembros del comité; en el otro, una descripción del propósito del evento benéfico.
Se sentó y empezó a leer. Aunque sabía perfectamente de qué iba el evento benéfico, leyó cada palabra de cada hoja del folleto. Así no tenía que prestar atención a Jace.
El dinero serviría para construir un edificio que alojara un Centro de Asesoramiento en Crisis. Actualmente, el personal del centro compartía oficinas con un dentista local. Necesitaban ampliar sus servicios y les urgía un nuevo edificio.
Tess recorrió con el dedo el boceto del edificio, con su fachada de ladrillo victoriano. Conocía bien el Centro de Asesoramiento en Crisis. De hecho, cuando volvió de Europa con su futuro en el aire, había planeado trabajar allí.
Para ello, había hecho cursos a distancia para ampliar su formación universitaria.
Levantó la vista y pilló a Jace mirándola. Un mal presentimiento se apoderó de ella.
Trabajar con Jace era una mala idea en muchos sentidos.
¿Y si todos los recuerdos que había enterrado en lo más hondo resurgían con fuerza? Tendría que hacer todo lo posible para evitarlo.