Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 24 — LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS BOSQUES Y EL PERITAJE FINAL
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CAPÍTULO 24 — LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS BOSQUES Y EL PERITAJE FINAL

Tres meses después de la extinción total del incendio de San Juan, a finales de septiembre, el equipo multidisciplinar de investigación medioambiental del Gobierno Vasco, el Instituto Vasco de Medicina Legal ( IVML ) y la Diputación Foral de Bizkaia emitió el dictamen pericial definitivo sobre la catástrofe.

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El informe certificó que gracias a la contención quirúrgica en el barranco de La Galdamesa, las descargas aéreas de retardante en el Kolitza y el rescate subterráneo en el Pozo San Vicente y el socavón San José, se evitó la destrucción de más de cuatro mil hectáreas de masa forestal y la pérdida de vidas en núcleos urbanos habitados.

En el Salón de Recepciones del Palacio Foral de la Diputación en Bilbao, el Diputado General y el Consejero de Sostenibilidad presentaron el Plan Maestro «Bizkaia Baso Berria» .

Un proyecto dotado con veinticuatro millones de euros para restaurar íntegramente las laderas calcinadas mediante la plantación de más de setecientos mil árboles de especies caducifolias autóctonas: roble común ( Quercus robur ), haya europea ( Fagus sylvatica ), abedul ( Betula alba ), castaño ( Castanea sativa ) y tejo ( Taxus baccata ).

La doctora Arregi y el cabo Cortázar intervinieron como ponentes de honor, explicando la importancia de los cortafuegos verdes húmedos y la hidrología subterránea kárstica para blindar el territorio frente a futuros incendios de sexta generación.

—El bosque autóctono no solo es nuestra identidad y nuestro paisaje —afirmó Leire con voz emotiva y firme ante la asamblea—; es nuestro escudo natural más poderoso contra el fuego y la garantía de que nuestros hijos respirarán un aire limpio y seguro.

En el gimnasio de rehabilitación avanzada del Hospital Universitario de Cruces, el capataz Patxi Urrutia completó la primera fase de adaptación a su prótesis biónica mioeléctrica de brazo derecho Ottobock Michelangelo .

La prótesis, controlada por sensores electromiográficos colocados sobre los músculos residuales del húmero y dotada de dedos de fibra de carbono con respuesta táctil, le permitió a Patxi coger a su nieta recién nacida en brazos por primera vez.

Leire y Korta acudieron a la sesión para celebrar el emotivo acontecimiento.

Con lágrimas rodando por sus mejillas curtidas, Patxi estrechó la mano de Leire con su mano robótica, ejerciendo una presión suave y precisa.

—Doctora Arregi, cabo Cortázar... No hay un solo día en que no dé gracias al cielo por el valor que tuvieron en aquella cueva helada. Me devolvieron la vida y el futuro de mi familia.

Los agentes forestales Mikel y Unai, totalmente recuperados de sus quemaduras superficiales, se reincorporaron al servicio activo en el Parque Natural de Armañón.

A principios de octubre, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Bizkaia dictó sentencia condenatoria contra Eneko Arana y los seis integrantes de la red clandestina de provocación de incendios y especulación de suelos.

Arana fue sentenciado a veintiocho años de prisión mayor por delitos consumados de incendio forestal con riesgo catastrófico, estragos en infraestructuras industriales, tenencia de artefactos explosivos termobáricos y atentado a agentes de la autoridad.

Los cómplices mercantiles recibieron penas de entre ocho y catorce años de cárcel, junto con la confiscación íntegra de sus patrimonios inmobiliarios para financiar el fondo foral de reforestación de Las Encartaciones.

La justicia resplandeció con una rotundidad implacable, cerrando para siempre las heridas abiertas por la codicia criminal.

El doce de octubre, en una ceremonia de gala celebrada en los jardines del Palacio de Ajuria Enea en Vitoria-Gasteiz, el Lehendakari impuso la Cruz de Plata al Mérito de Protección Civil y Policial con Distintivo Rojo al cabo Jon Ander Cortázar y a la doctora Leire Arregi.

La mención honorífica destacó su heroísmo extraordinario, su maestría técnica en intervenciones bajo confinamiento extremo y su entrega abnegada al servicio de la sociedad vasca.

Don Imanol y doña Begoña, sentados en primera fila junto a los mandos de Bomberos y el equipo médico de Cruces, contemplaban a la pareja con un orgullo desbordante que iluminaba sus rostros.

El último fin de semana de octubre, más de tres mil voluntarios procedentes de todos los rincones de Euskadi se congregaron en las faldas del monte Kolitza para la primera jornada popular de plantación comunitaria.

Niños, jóvenes, ancianos, bomberos, médicos y guardas forestales clavaron azadones en la tierra rojiza abonada con compost orgánico.

Jon Ander y Leire plantaron juntos un roble albar en la linde del caserío Arregi-Enea , apisonando la tierra húmeda con sus propias manos y regándolo con agua pura del manantial de San Pedro.

—Este roble crecerá fuerte y alto, Leire —dijo Korta rodeándola con sus brazos por detrás mientras el viento mecía las ramas jóvenes—. Verá crecer a nuestros hijos y a nuestros nietos bajo su sombra.

Leire apoyó la cabeza en el pecho de su esposo, sintiendo una paz inmensa y luminosa.

—Nuestra raíz ya está plantada en esta tierra para siempre, Jon Ander.

A las dos de la tarde, la plaza mayor de San Pedro de Galdames se transformó en un hervidero de júbilo, música y fraternidad.

Grandes mesas corridas bajo los arcos del pórtico parroquial acogieron a cientos de vecinos y comensales que compartieron peroles de marmitako de bonito, costillas de cerdo asadas al sarmiento, cazuelas de alubias con chorizo y morcilla encartada, regadas con jarras de txakoli espumoso y sidra natural de kupela.

La banda de txistularis de Galdames y los bertsolaris locales dedicaron coplas improvisadas a la doctora Arregi y al cabo Cortázar, coreadas con entusiasmo por toda la multitud.

Don Imanol se puso en pie en la cabecera de la mesa, alzando su jarra de roble tallado ante toda la familia y los compañeros del GRT de Miribilla.

—Brindo por la nobleza de este pueblo minero y campesino que no se doblega ante ninguna tempestad.

—Brindo por los médicos y bomberos que se juegan la vida en la oscuridad para que los demás podamos vivir en la luz.

—Y brindo por el amor indestructible de mi hija Leire y mi yerno Jon Ander, que han devuelto la primavera eterna a nuestro caserío. ¡Gora Galdames eta gora Euskal Herria!

Un aplauso atronador y un unísono ¡Gora! retumbó en todo el valle.

A las siete de la tarde, cuando el sol se ponía tras las crestas doradas del monte Kolitza, Korta y Leire se alejaron del bullicio de la plaza para pasear a solas por el robledal de Arregi-Enea .

Las hojas doradas de otoño caían suavemente sobre el sendero de piedra, cubriéndolo con una alfombra crujiente.

Caminaban abrazados por la cintura, sintiendo el latido sincronizado de sus cuerpos y el aroma balsámico de la tierra húmeda y la leña quemada en las chimeneas.

—Nunca imaginé que se pudiera ser tan inmensamente feliz, Jon Ander —susurró Leire besando su cuello con ternura.

—Esta felicidad la hemos conquistado juntos, paso a paso, fuego a fuego, Leire. Y la protegeré con mi alma mientras viva.

A las nueve de la noche, encendieron el fuego en la chimenea de la buhardilla de Arregi-Enea .

El resplandor ámbar de las brasas de encina iluminaba el lecho nupcial cubierto con sábanas de lino blanco y la colcha de lana virgen.

Se desnudaron con una calma infinita, contemplando con adoración cada centímetro de piel, cada caricia y cada beso que borraba las cicatrices de la batalla.

Hicieron el amor con una devoción trascendente, lenta y voluptuosa, entregándose el uno al otro en una comunión perfecta de carne y espíritu que sellaba su unión para toda la eternidad.

Sus cuerpos danzaron al ritmo del fuego y del viento nocturno, alcanzando un clímax celestial que los dejó extasiados y abrazados en el calor sagrado de su hogar.

A las once de la noche, abrazados piel con piel bajo las mantas, Korta acariciaba suavemente el vientre liso de Leire mientras ella descansaba la cabeza sobre su pecho tatuado.

—Siento que algo nuevo y maravilloso está naciendo en nosotros, Leire.

—Sí, Jon Ander... Nuestro amor va a dar su fruto más hermoso muy pronto.

Se miraron a los ojos en la penumbra, sonriendo con una alegría que desbordaba el infinito.

A las diez de la mañana del día siguiente, los patólogos y toxicólogos del Instituto Vasco de Medicina Legal archivaron el expediente oficial del gran incendio de Las Encartaciones, certificando el cierre administrativo de todas las causas forenses.

A las diez y media de la mañana, los mecánicos de guardia del Parque Central de Bomberos completaron la revisión trimestral de los vehículos pesados de salvamento, dejando las bombas y cabrestantes en estado de revista impecable.

A las once de la mañana, doña Begoña y las vecinas de Galdames sirvieron tazones de caldo de puchero caliente con hierbabuena a los guardas forestales que revisaban los nuevos brotes de los árboles recién plantados.

A las once y media de la mañana, la alcaldía de Galdames registró las actas de agradecimiento popular a todos los cuerpos de seguridad y emergencias por su entrega impecable durante la crisis.

A las doce del mediodía, los ingenieros forestales de la Universidad confirmaron que la estructura del suelo orgánico se encontraba libre de residuos químicos nocivos gracias a las lluvias tempranas de otoño.

A las doce y media del mediodía, los técnicos de aguas constataron que los manantiales de San José y Peñas Negras manaban agua transparente y potable con un caudal constante de gran pureza.

A la una de la tarde, los comercios y tabernas de la villa histórica de Balmaseda obsequiaron a los visitantes con raciones de txistorra frita al sarmiento y pan recién horneado.

A la una y media de la tarde, un grupo de ancianos encendió lámparas de aceite ante la imagen del santo pidiendo por la salud de los recién nacidos del valle.

A las dos de la tarde, la brisa otoñal mecía las copas de los encinares cantábricos en las alturas soleadas que dominan la ría de Urdaibai.