CAPÍTULO 21 — LA CIRUGÍA DE CAMPAÑA EN LA GALERÍA INUNDADA Y EL RESCATE LÍMITE #3
A las seis de la tarde, los instructores del GRT comprobaron la tensión del cable de acero galvanizado del cabrestante mural en el taller de maniobras.
A las seis y media de la tarde, los operarios de protección civil enrollaron y estibaron las mangueras de aspiración de aguas sucias.
A las siete de la tarde, una cena de confraternización con tortilla jugosa de bacalao reunió a los veteranos de salvamento.
A las siete y media de la tarde, las familias del personal sanitario encendieron velas ante los patronos de la medicina.
A las ocho de la noche, las sombras del atardecer se extendían plácidamente sobre los hayedos y tejedas de Las Encartaciones.
A las ocho y media de la noche, los mecánicos de Miribilla verificaron el cable de acero del cabrestante del vehículo pesado, asegurando un arrastre nominal de diez toneladas sin distorsión.
A las nueve de la noche, la brigada de protección civil dejó engrasadas y probadas las motobombas portátiles de achique rápido.
A las nueve y media de la noche, un tazón de sidra caliente con castañas asadas a la lumbre de encina reunió a la familia en la mesa de nogal.
A las diez de la noche, los artesanos mostraron el escudo de armas de Las Encartaciones labrado en piedra de sillería para la entrada del caserío.
A las diez y media de la noche, se degustaron cuajadas de oveja latxa con miel virgen de tomillo en una posada del valle.
A las once de la noche, don Xabier asperjó agua bendita sobre el brocal del pozo de piedra de Arregi-Enea , orando por la salud de toda la casa.
A las once y media de la noche, las tabernas de la villa encartada sirvieron raciones de morcilla de arroz con pimientos asados a la leña, celebrando el alivio de la comarca tras la compleja intervención de rescate.
A las doce de la noche, los viticultores compartieron una copa de txakoli fresco de cosecha propia con los mandos de bomberos que regresaban de la guardia.
A las doce y media de la noche, don Imanol grabó las iniciales de Jon Ander y Leire en la hoja de acero templado, bendiciendo el instrumento con agua pura de manantial.
A la una de la madrugada, una tabla de queso curado con miel de brezo presidió la tertulia familiar en la bodega de Arregi-Enea .
A la una y media de la madrugada, Korta y Leire oraron en silencio por la pronta recuperación del capataz y por el porvenir de su pequeña nieta.
A las dos de la madrugada, don Imanol alzó su jarra de barro brindando por el valor, la ciencia médica y la bendición de tener a sus hijos a salvo en casa.
A las dos y media de la madrugada, los técnicos de la Diputación verificaron que el cauce del río Mercadillo asimilaba el caudal de drenaje sin desbordamientos.
A las tres de la madrugada, doña Begoña sirvió bizcochos caseros aromatizados con limón y canela en la cocina baja.
A las tres y media de la madrugada, los antiguos barrenistas encendieron lamparillas de aceite ante el patrón de las plagas y epidemias.
A las cuatro de la madrugada, la brisa de la madrugada barría los senderos de limonita bajo un cielo salpicado de estrellas.
A las cuatro y media de la madrugada, el párroco extendió su bendición sobre los pastos comunales del valle de Galdames.
A las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada, doña Begoña ofreció a Korta y Leire unas cucharadas de dulce artesano de higos maduros macerados con canela y corteza de naranja, una receta ancestral de Las Encartaciones que devolvía la energía tras las noches de guardia más agotadoras.
A las cinco de la mañana, Korta y Leire subieron a su lecho nupcial en la buhardilla de Arregi-Enea .
Frente al resplandor cálido de la chimenea encendida, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión volcánica, tierna y sublime.
Hicieron el amor sin prisa, fundiéndose en un abrazo eterno que borraba todo el cansancio de la batalla y sellaba la victoria definitiva de la vida sobre el fuego destructor.
A las seis de la mañana, abrazados bajo el edredón de lino, Korta velaba el sueño tranquilo de Leire, acariciando suavemente su espalda y sus cabellos oscuros.
—Te amo más que a mi vida, Leire.
—Y yo a ti, Jon Ander. Mi corazón late solo por ti.
A las seis y media de la mañana, doña Begoña renovó los ramos de flores de San Juan, laurel e hipérico sobre la cancela de Arregi-Enea .
A las siete de la mañana del veintinueve de junio, los trinos jubilosos de los petirrojos llenaban el robledal milenario de Galdames.
A las siete y media de la mañana, las campanas de San Pedro de Galdames repicaron a gloria con un volteo solemne celebrando la fiesta patronal.
A las ocho de la mañana del veintinueve de junio, los rayos del sol dorado iluminaban la cumbre del monte Kolitza y las campas verdes de Arregi-Enea .
Korta y Leire, abrazados ante el ventanal, contemplaban el valle en calma con la certeza invencible de que su amor y su deber habían triunfado sobre todas las sombras del mundo.
En el Capítulo 22 ( La Confrontación con el Pirómano de la Siderurgia ) , la saga de Cenizas en la noche de San Juan avanzará con paso firme hacia su resolución definitiva.