CAPÍTULO 22 — LA CONFRONTACIÓN CON EL PIRÓMANO DE LA SIDERURGIA Y EL CERCO EN LOS ALTOS HORNOS
A las diez de la noche del veintinueve de junio, la unidad de inteligencia criminal de la Ertzaintza y el equipo de investigación de incendios forestales de Bomberos de Bizkaia lograron triangular la señal del teléfono satelital encriptado del cabecilla de la red de sabotaje industrial.
El complejo, un laberinto monumental de pasarelas de acero oxidado, tolvas de mineral, tuberías de gas fósil clausuradas y hornos de refractario de sesenta metros de altura, constituía una fortaleza industrial perfecta para una resistencia armada.
La interceptación de comunicaciones telemétricas reveló que Arana había colocado diez artefactos termobáricos improvisados a base de nitrato amónico micronizado, polvo de aluminio y magnesio líquido conectados a detonadores por radiofrecuencia para volar la estructura y arrojarse a las aguas de la ría con un equipo de buceo autónomo.
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A las 22:30 horas, el comisario de la Ertzaintza y el inspector jefe de Bomberos establecieron el Puesto de Mando Avanzado ( PMA ) en la dársena de Portu, ordenando el sellado perimetral por tierra y agua mediante lanchas semirrígidas de la Ertzaintza y la Guardia Civil del Mar.
El cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar y el sargento Gorka Beldarrain fueron requeridos en el furgón táctico del Berrozi Berezi Taldea ( BBT ).
Los agentes de operaciones especiales necesitaban la experiencia de Korta en rescate vertical, estructuras colapsadas y detección de atmósferas explosivas para guiarlos por el intrincado entramado de galerías de gas y pasarelas superiores.
Jon Ander desplegó los planos estructurales de 1968 de los hornos siderúrgicos sobre la pantalla táctil.
—Arana conoce las trampas de la siderurgia, pero no sabe que la pasarela de la cota +35 metros tiene las vigas maestras corroídas por el salitre —explicó Korta señalando el colector de humos—.
Si entramos por la torre de enfriamiento sur mediante descenso por cuerda, podremos cortar la línea de alimentación de los detonadores antes de que alcance la consola central.
La doctora Leire Arregi instaló el Puesto Médico Avanzado en el muelle de La Benedicta con dos ambulancias medicalizadas y material de reanimación para quemaduras graves por fósforo y magnesio.
A las 23:15 horas, bajo una niebla salina espesa que cubría la ría del Nervión, la patrulla de asalto del BBT y el cabo Cortázar iniciaron la aproximación sigilosa.
Equipados con trajes de asalto ignífugos de kevlar negro, gafas de visión nocturna de fósforo blanco PVS-31 , fusiles de asalto con supresor de sonido HK G36C y detectores térmicos portátiles FLIR , escalaron la estructura exterior de la torre de enfriamiento.
Korta lideró la cabeza de cordada, fijando anclajes silenciosos de fricción en los perfiles de acero para evitar el ruido metálico.
El viento del noroeste silbaba entre las chapas onduladas mientras el equipo ganaba altura metro a metro.
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— «Equipo Alpha en la cota +35 metros. Visualizamos al objetivo junto al cuadro de control del horno número uno» —susurró el líder del BBT por el intercomunicador.
A las 23:45 horas, los agentes del BBT y Korta tomaron posiciones a lo largo de las pasarelas superiores.
En el centro de la nave, iluminado por una solitaria linterna halógena, Eneko Arana manipulaba un cuadro de conexiones conectado a varias garrafas de gasolina y bidones de magnesio en polvo.
Arana sostenía en su mano izquierda un detonador con temporizador digital y en la derecha una pistola semiautomática Glock 19 .
—¡Arana, Ertzaintza! ¡Tire el detonador y ponga las manos sobre la cabeza! —gritó el negociador del BBT a través del altavoz direccional.
Arana soltó una carcajada histérica y demencial que retumbó en la inmensidad de la nave.
—¡Llegáis tarde! ¡Esta fábrica me quitó a mi padre y este fuego purificará toda la ría! ¡Si doy un paso más, arderemos todos juntos en el infierno de hierro!
Arana accionó el primer interruptor del temporizador, iniciando una cuenta atrás de sesenta segundos mientras abría fuego contra los agentes.
Los disparos del fugitivo rebotaron contra las barandillas de acero, chisporroteando en la penumbra.
Aprovechando el fuego de cobertura del BBT, Korta se descolgó en tirolina rápida desde la viga del puente grúa, cayendo como un rayo sobre la pasarela intermedia.
Jon Ander embistió a Arana con el hombro, arrojando la pistola al vacío de la fosa de escoria.
Ambos hombres rodaron sobre el suelo de rejilla metálica a treinta metros de altura.
Arana sacó un cuchillo de combate de acero pavonado e intentó clavarlo en el cuello de Korta.
Jon Ander bloqueó el brazo del atacante con una presa de muñeca aprendida en los entrenamientos de defensa policial, retorciendo la articulación hasta que el cuchillo cayó entre los barrotes.
Con un golpe certero de codo en la mandíbula y una proyección de cadera sobre la barandilla, Korta inmovilizó a Arana en el suelo, colocándole los grilletes de alta seguridad de acero trenzado.
—¡El temporizador! ¡Quince segundos! —gritó el cabo mientras los operadores del BBT activaban el inhibidor de radiofrecuencias y Korta cortaba con su tenaza aislante el cable detonador rojo a falta de solo cuatro segundos.
A las 00:10 horas del treinta de junio, el equipo de desactivación de explosivos ( TEDAX ) de la Ertzaintza accedió a la nave con perros detectores y robots de manipulación remota.
Neutralizaron los diez artefactos termobáricos y retiraron los doscientos cincuenta kilos de sustancias incendiarias hacia los furgones blindados de transporte.
Eneko Arana, escoltado por seis agentes del BBT, fue bajado en camilla de evacuación vertical hasta el suelo de la dársena, donde quedó formalmente detenido por terrorismo industrial, estragos y homicidio en grado de tentativa.
En el muelle de La Benedicta, la doctora Leire Arregi atendió a los agentes y a Korta, quienes presentaban contusiones leves y cortes por fragmentos metálicos.
Al ver salir a Jon Ander de la nave, ileso y con la mirada serena del deber cumplido, Leire corrió hacia él y se arrojó a sus brazos, besándolo con lágrimas de alivio en los ojos.
—Estás a salvo, amor mío... Se ha acabado la pesadilla —susurró Leire acariciando el rostro tiznado de Korta.
—Se acabó, Leire. Nadie más volverá a quemar nuestros montes ni a sembrar el terror en nuestro pueblo.
A las dos de la madrugada, el Consejero de Seguridad del Gobierno Vasco y el Diputado General de Bizkaia ofrecieron una rueda de prensa en el centro de mando de Txurdinaga.
Confirmaron la desarticulación total de la trama criminal, felicitaron públicamente al cabo Cortázar, a la doctora Arregi y a todos los efectivos de Bomberos, Ertzaintza y Osakidetza, declarando extinguido el riesgo de sabotaje en todo el territorio.
A las cuatro de la madrugada, los convoyes de bomberos y policía abandonaron las instalaciones de Sestao entre las sirenas encendidas de los vehículos de emergencia en señal de triunfo.
En el Parque Central de Miribilla, toda la dotación de guardia formó en el patio de maniobras para recibir a Korta con una salva de aplausos y vítores que resonaron en todo Bilbao.
A las siete de la mañana, Jon Ander y Leire llegaron a Galdames bajo un cielo azul límpido y radiante.
Don Imanol había izado la ikurriña en el mástil del caserío y doña Begoña había preparado una mesa repleta de manjares tradicionales.
La familia entera se abrazó en el zaguán con una emoción incontenible que borraba semanas de peligro y sufrimiento.
A las nueve de la mañana, tras un baño tibio aromatizado con esencias de pino y romero, Korta y Leire subieron a su lecho en la buhardilla.
Se amaron con una pasión desenfrenada, profunda y purificadora, sellando con cada caricia y cada beso la victoria definitiva de la luz sobre las tinieblas.
Hicieron el amor como nunca antes, libres al fin del peso de la amenaza, fundiéndose en una entrega total que elevó sus almas hacia la plenitud más absoluta.
A las diez de la mañana, en el taller de óptica del parque de bomberos, los técnicos limpiaron y calibraron las cámaras termográficas de alta definición utilizadas en el operativo de Sestao.
A las diez y media de la mañana, las lanchas patrulleras de la Ertzaintza completaron el rastreo de fondos en la dársena, certificando la ausencia de restos pirotécnicos o contaminantes en el agua.
A las once de la mañana, los veteranos trabajadores de la siderurgia ofrecieron tazones de caldo de gallina y puchero a los agentes y bomberos que custodiaban el perímetro.
A las once y media de la mañana, el juez de guardia de Bilbao tomó declaración formal a Eneko Arana, decretando su ingreso en prisión preventiva comunicada y sin fianza en la cárcel de Basauri.
A las doce del mediodía, los químicos forenses del IVML y la policía científica documentaron la composición exacta de los artefactos termobáricos, ratificando su potencial destructivo masivo.
A las doce y media del mediodía, los técnicos de medio ambiente del Consorcio de Aguas confirmaron que los parámetros de calidad del aire y del agua en el estuario eran completamente normales.
A la una de la tarde, los rescatadores fuera de servicio compartieron bandejas de gildas, croquetas caseras y copas de txakoli en la Plaza Nueva.
A la una y media de la tarde, Leire y Jon Ander depositaron un ramo de flores blancas a los pies de la Amatxu de Begoña, agradeciendo la vida y la protección recibida.
A las dos de la tarde, la pareja caminó bajo la sombra de los plátanos centenarios, respirando la serenidad y la belleza de la villa de Bilbao en paz.
A las dos y media de la tarde, la jefatura de Bomberos y la dirección médica de Cruces celebraron un almuerzo de confraternización en el mirador de Artxanda.
A las tres de la tarde, se sirvieron grandes chuletones de buey con pimientos verdes del país y patatas asadas al romero.
A las tres y media de la tarde, don Imanol forjó un clavo de hierro dulce con el anagrama de la victoria para clavarlo en la viga maestra del caserío.