Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 21 — LA CIRUGÍA DE CAMPAÑA EN LA GALERÍA INUNDADA Y EL RESCATE LÍMITE
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CAPÍTULO 21 — LA CIRUGÍA DE CAMPAÑA EN LA GALERÍA INUNDADA Y EL RESCATE LÍMITE

A las tres de la madrugada del veintiocho de junio, un estallido sordo y vibrante sacudió las entrañas calizas del macizo de Peñas Negras.

El acuífero subterráneo superior, sobrepresurizado por el drenaje de las lluvias torrenciales y los millones de litros de agua utilizados durante las descargas de extinción del incendio de San Juan, reventó la pared kárstica del socavón San José .

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En Miribilla y en el Hospital Universitario de Cruces, los equipos de primera intervención del Grupo de Rescate Técnico ( GRT ) y la Unidad de Grandes Quemados y Trauma Grave se movilizaron en menos de tres minutos.

El cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar , el sargento Gorka Beldarrain y la doctora Leire Arregi coordinaron el embarque del material específico de rescate y cirugía confinada en el furgón todoterreno FSV-01 .

Cizallas hidráulicas subacuáticas Holmatro Pentheon , cojines neumáticos de elevación de alta presión, bombas sumergibles de achique de gran caudal Flygt 2125 , trajes secos de neopreno trilaminado Ursuit Cordura con calefacción eléctrica interna y equipos de respiración autónoma con máscara facial completa Interspiro Divator .

Leire preparó el maletín quirúrgico sumergible estanco con kits de toracotomía de emergencia, torniquetes tácticos de combate CAT Gen 7 , bisturí eléctrico portátil a batería Erbe , ampollas de ketamina, fentanilo, ácido tranexámico ( TXA ) y matrices hemostáticas selladoras de fibrina TachoSil .

—Si el agua cubre la viga antes de liberarlo, no habrá tiempo para desencofrar el hierro —advirtió Leire mientras ajustaba la estanqueidad de los cierres de su traje seco—. Habrá que intervenirlo en el agua helada o se ahogará en menos de media hora.

A las 03:40 horas, el convoy de bomberos y la ambulancia UVI Móvil alcanzaron la bocamina del socavón San José , en la vertiente norte de Galdames.

El agua teñida de rojo óxido salía ya a borbotones por la boca del túnel formando un río de lodo que bajaba hacia la carretera comarcal.

Korta, Leire y dos rescatadores del GRT se enfundaron los trajes secos y los equipos de respiración autónoma, iniciando la progresión a pie y a nado por la rampa inundada.

El agua helada les llegaba ya por la cintura en los primeros cincuenta metros de túnel, con una corriente violenta que dificultaba el avance contracorriente.

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— «Avanzamos con línea guía fija cada diez metros» —ordenó Korta por el intercomunicador de la máscara—. «El nivel sigue subiendo. Mantenemos ritmo de avance máximo» .

A las 03:55 horas, la dotación alcanzó el fondo de la galería en la cota -65 metros.

Aitor sostenía la cabeza de Patxi por encima del agua con las fuerzas al límite, mientras el capataz, con el torso sumergido hasta el pecho, mostraba signos de hipotermia grave y palidez cérea.

El brazo derecho de Patxi estaba aplastado entre la viga de acero retorcida y el hastial rocoso, con un torniquete provisional improvisado con un trozo de cable eléctrico.

—¡Ya estamos aquí, Patxi! ¡Aguanta! —gritó Korta vadeando el torrente hasta alcanzar la viga.

Leire se posicionó junto al herido, comprobando que sus pupilas eran reactivas pero su frecuencia cardíaca rozaba los cuarenta latidos por minuto.

— «Temperatura central de 31.8 °C y presión arterial 70/40» —informó Leire al puesto de mando—. «El agua le cubrirá la boca en menos de quince minutos si no actuamos ya» .

Korta conectó la cizalla hidráulica Holmatro e intentó cortar el ala superior de la viga IPN .

Las cuchillas de carburo de tungsteno mordieron el acero bajo el agua, pero al ceder la primera sección, un bloque de caliza de dos toneladas se desprendió del techo cayendo sobre la viga, trabando la herramienta y deformando el hierro aún más contra el brazo del capataz.

— «¡No sale con cizalla!» —gritó Korta tras comprobar que la presión hidráulica alcanzaba su límite de seguridad de setecientos bares sin mover la estructura—. «La roca ha bloqueado el punto de anclaje. Si empujamos más, la galería entera se vendrá abajo sobre nosotros» .

Patxi miró a Leire a los ojos a través de la máscara de oxígeno.

—Sacadme de aquí, doctora... No me dejéis morir ahogado en este pozo... Tengo una nieta que nació ayer en Cruces...

Leire miró a Jon Ander con una determinación de acero.

—Korta, prepara la camilla flotante y asegura la vía aérea con el balón de ventilación. Voy a realizar una amputación traumática de salvamento a nivel del tercio medio del húmero.

Korta asintió sin dudar, colocándose a la cabecera de Patxi para mantener su barbilla por encima del nivel del agua y administrarle oxígeno al cien por cien.

Leire colocó un torniquete táctico CAT Gen 7 en la raíz del brazo derecho, ajustando el molinete hasta que el pulso braquial desapareció por completo.

Administró analgesia y sedación intravenosa con cincuenta miligramos de ketamina y dos miligramos de midazolam a través de un catéter venoso de calibre 14G fijado en el brazo izquierdo.

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— «Iniciando procedimiento quirúrgico a las 04:12 horas» —anunció Leire con voz firme.

Con el agua lamiéndole la barbilla, Leire realizó la incisión con bisturí de titanio a través del tejido celular subcutáneo y los planos musculares del bíceps y braquial anterior.

Identificó el paquete vasculonervioso braquial, pinzó la arteria humeral con dos pinzas hemostáticas Halstead-Mosquito de titanio y colocó una doble ligadura con seda de calibre cero.

Introdujo la sierra de hilo de alambre flexible Gigli por detrás del hueso húmero, traccionando de los mangos con movimientos rítmicos alternantes de vaivén.

El hueso se seccionó limpiamente en cuarenta y cinco segundos.

Leire cubrió el muñón con un parche de matriz hemostática TachoSil , fijándolo con un vendaje compresivo elástico impermeable Coban .

— «¡Miembro liberado! ¡Hemostasia completa y muñón sellado!» —gritó Leire exhausta pero impecable.

A las 04:22 horas, Korta y el equipo izaron el cuerpo de Patxi sobre la camilla flotante estanca de rescate Ferno Aqua Board .

Comenzaron el retroceso a nado por la galería anegada, empujando la camilla contra la corriente mientras el agua alcanzaba ya el techo en los tramos más bajos.

Korta guiaba la cabecera de la camilla con una mano y traccionaba de la línea guía con la otra.

A las 04:38 horas, la camilla emergió por la bocamina del socavón San José hacia la superficie, donde el equipo médico de Cruces y los bomberos de apoyo los recibieron con mantas de calentamiento activo por aire forzado Bair Hugger .

Patxi fue transferido a la UVI Móvil con constantes vitales estables, frecuencia cardíaca de 78 lpm y saturación de oxígeno del 99 %.

Aitor, exhausto pero ileso, abrazó llorando a los bomberos en la explanada.

A las 04:50 horas, la ambulancia medicalizada partió a toda velocidad escoltada por dos patrullas de la Ertzaintza hacia el Hospital de Cruces.

Durante el trayecto por la autovía, Leire inició la infusión de concentrados de hematíes calentados y dos gramos de ácido tranexámico para prevenir la coagulopatía por hipotermia.

A las 05:15 horas, Patxi ingresó en el quirófano de Cirugía Vascular y Traumatología de Cruces, donde el equipo quirúrgico completó el cierre del muñón y la cobertura mioplástica sin complicaciones.

El jefe de Cirugía de Urgencias estrechó la mano de Leire en el antequirófano.

—Doctora Arregi, lo que ha hecho en esa mina es una hazaña médica que se enseñará en los libros de cirugía de trauma durante los próximos cincuenta años.

A las seis de la mañana, en la boca del socavón San José , Korta y los técnicos de la Diputación instalaron una compuerta de alivio y dos bombas de achique pesadas para desaguar la galería hacia el cauce del río Mercadillo.

Los geólogos certificaron que el acuífero kárstico había completado su drenaje y la montaña se encontraba estabilizada.

A las siete y media de la mañana, Korta llegó a Cruces todavía con el mono de bombero húmedo.

Encontró a Leire sentada en la sala médica de descanso tomando un café humeante.

Se abrazaron con una intensidad silenciosa y pura, dejando que el latido acompasado de sus corazones disipara todo el frío y el horror de la cueva.

La hija de Patxi, con su bebé recién nacida en brazos, se acercó a ellos llorando de alegría.

—Gracias, doctora... Gracias, cabo... Mi padre vivirá para ver crecer a su nieta gracias a ustedes.

A las nueve de la mañana, en el parque de Miribilla, Korta y sus compañeros lavaron los trajes secos, desinfectaron las máscaras Interspiro y recargaron las botellas de aire para dejar el tren de salida al cien por cien.

A las once de la mañana, Jon Ander y Leire llegaron a Galdames.

Don Imanol y doña Begoña los esperaban en la portalada con un tazón de caldo caliente y una hogaza de pan recién horneada.

—Entrad, hijos míos. La casa está caliente y la comida en la mesa —dijo don Imanol con lágrimas de orgullo en los ojos.

A las doce del mediodía, tras una ducha tibia en la buhardilla, Korta y Leire se acostaron en su lecho nupcial.

Abrazados bajo las mantas de lana virgen, sintieron el calor sanador del hogar y la paz infinita del amor verdadero.

Se durmieron profundamente con las manos entrelazadas sobre el pecho.

A las seis de la tarde, al despertar con la luz dorada filtrándose por los postigos de madera, Korta besó la frente de su esposa.

—Eres la mujer más increíble del mundo, Leire.

—Y tú el hombre que me da la fuerza para no rendirme jamás, Jon Ander.

A las siete de la tarde, las enfermeras de quirófano procesaron las cajas de instrumental en el autoclave de vapor a ciento treinta y cuatro grados, dejando las sierras de Gigli y pinzas hemostáticas listas para la siguiente guardia de trauma.

A las siete y media de la tarde, el Centro Vasco de Transfusión y Tejidos Humanos repuso las unidades de concentrados de hematíes del grupo O negativo en la nevera de la UVI Móvil de Cruces.

A las ocho de la tarde, los vecinos compartieron jarras de caldo de puchero con fideos y hierbabuena en la plaza de San Pedro.