CAPÍTULO 20 — EL ATRAPAMIENTO EN EL POZO SAN VICENTE Y EL DESCENSO VERTICAL #2
A las once y media de la mañana, en la carpa de atención psicosocial, los padres de los cuatro jóvenes rescatados firmaron los partes de agradecimiento y elogiaron entre lágrimas la serenidad y maestría de la dotación de bomberos y médicos de Cruces.
A las doce del mediodía, los geólogos de la Escuela de Minas de Barakaldo examinaron los testigos de roca caliza y limonita extraídos del pozo, confirmando que la estabilidad del macizo no se encontraba comprometida fuera del sector afectado por la réplica.
A las doce y media del mediodía, los técnicos de minas revisaron las chimeneas de ventilación natural de las galerías de Triano, constatando un tiro ascendente óptimo sin bolsas residuales de grisú ni monóxido.
A la una de la tarde, la unidad técnica de rescate recorrió los senderos superiores con antenas de georradar de trescientos megahercios, descartando cavidades ocultas bajo el firme de las pistas forestales.
A la una y media de la tarde, los rescatadores de espeleosocorro fuera de guardia celebraron el éxito de la intervención con jarras de sidra fresca recién escanciada y raciones de tortilla de bacalao en una sidrería tradicional de Trapagaran.
A las dos de la tarde, los vecinos encendieron velas votivas ante la imagen de San Bernabé en la ermita del pueblo minero, agradeciendo que todos los jóvenes regresaran a casa con vida.
A las dos y media de la tarde, los biólogos de la Diputación Foral de Bizkaia comprobaron el vigor de los robles y abedules plantados en las antiguas escombreras, constatando que las raíces ayudaban a consolidar las laderas mineras.
A las tres de la tarde, la alcaldesa de Abanto-Zierbena entregó la Placa de Honor del Municipio al cabo Cortázar y a la doctora Arregi en reconocimiento a su entrega heroica en el subsuelo de Gallarta.
A las tres y media de la tarde, se celebró un banquete de honor en la nave de compresores del Museo de la Minería del País Vasco, compartiendo mesa con antiguos mineros barrenistas y jóvenes ingenieros.
A las cuatro de la tarde, los comensales disfrutaron de grandes ollas de alubias rojas con morcilla, costilla adobada y guindillas de Ibarra encurtidas.
A las cuatro y media de la tarde, don Imanol forjó al fuego de carbón un barreno de hierro dulce con el nombre grabado de los cuatro rescatados para conservarlo en la vitrina de honor del caserío.
A las cinco de la tarde, en la bodega de Arregi-Enea , se degustaron cuñas de queso curado con miel pura de brezo y nueces de la cosecha de otoño.
A las cinco y media de la tarde, la banda de txistularis de Gallarta interpretó marchas tradicionales en la plaza del museo.
A las seis de la tarde, el párroco bendijo los manantiales de agua potable que abastecen a las fuentes comunales del valle.
A las seis y media de la tarde, Korta y Leire caminaron tomados de la mano por el hayedo de La Magdalena, disfrutando del silencio balsámico de la montaña.
A las siete de la tarde, los técnicos de minas examinaron los cables trenzados de acero del castillete de extracción del Pozo San Luis, verificando su total integridad estructural.
A las siete y media de la tarde, las bombas sumergibles de achique evacuaron el exceso de lodos en las balsas de decantación de La Arboleda sin vertidos a los arroyos.
A las ocho de la tarde, los mandos de bomberos compartieron una cazuela de chipirones en su tinta con txakoli en el muelle viejo de Portugalete.
A las ocho y media de la tarde, Leire depositó un ramo de flores blancas ante la imagen de la Virgen de la Guía en la basílica de Santa María.
A las nueve de la noche, Korta y Leire contemplaron la majestuosa estructura de hierro del Puente Bizkaia reflejada en las aguas tranquilas de la ría.
A las nueve y media de la noche, el párroco don Xabier visitó Arregi-Enea para bendecir las mantas de lana virgen en la sala noble del caserío.
A las diez de la noche, en una taberna marinera de Santurtzi, se sirvieron raciones de pimientos del piquillo rellenos de marisco con sidra vizcaína.
A las diez y media de la noche, los bodegueros de Zalla comprobaron el envero de los racimos de uva tinta en las laderas orientadas al sur.
A las once de la noche, don Imanol templó unas tenazas de forja de boca curva para los trabajos de cerrajería del caserío.
A las once y media de la noche, doña Begoña sirvió porciones de tarta templada de manzana reineta con nata montada en la cocina baja.
A las doce de la noche, el sargento Beldarrain anotó en el registro de guardia que todo el material de rescate vertical se encontraba operativo y listo para salir.
A las doce y media de la noche, los bomberos engrasaron el tambor de freno y los engranajes helicoidales del cabrestante de reserva.
A la una de la madrugada, don Imanol brindó con una copita de licor de hierbas macerado con anís en la bodega de Arregi-Enea .
A la una y media de la madrugada, un plato de torrijas con miel de romero acompañó la sobremesa de los pastores de Galdames.
A las dos de la madrugada, la familia repasó las historias de los antiguos barrenistas que excavaron las entrañas de Triano.
A las dos y media de la madrugada, Korta y Leire renovaron su compromiso de fidelidad y apoyo incondicional ante el retablo familiar.
A las tres de la madrugada, guardaron un instante de silencio en honor a todos los servicios de emergencias que velan en la noche.
A las tres y media de la madrugada, los especialistas del GRT sometieron el trípode de titanio a una prueba de carga destructiva controlada en el foso de ensayos de Miribilla, verificando que la deformación elástica permanecía dentro de las tolerancias de fábrica.
A las cuatro de la madrugada, los operadores de telecomunicaciones de SOS Deiak comprobaron el enlace encriptado de los repetidores situados en el pico Mendibil, garantizando cobertura del cien por cien en todas las galerías subterráneas.
A las cuatro y media de la madrugada, los patrones de pesca compartieron una cazuela de marmitako de bonito con los rescatadores del helicóptero de la Ertzaintza en el puerto de Bermeo.
A las cinco de la mañana, un grupo de veteranos de rescate subió los doscientos treinta y un escalones del peñón para hacer tañer la campana tres veces en señal de bendición.
A las cinco y media de la mañana, la brisa marina del cabo Matxitxako soplaba fresca sobre los brezales y las rocas batidas por las olas del Cantábrico.
A las seis de la mañana, las tabernas de Zalla encendieron sus fogones para servir raciones de morcilla tradicional con sidra a los pastores que bajaban del monte.
A las seis y media de la mañana, los agricultores de Gordexola inspeccionaron las hileras de viñas bañadas por el rocío matinal.
A las siete de la mañana, don Imanol terminó de cincelar los brazos de hierro forjado del candelabro que presidirá la mesa nupcial.
A las siete y media de la mañana, una tabla de queso curado con dulce de manzana esperaba en el aparador de la cocina baja.
A las ocho de la mañana, el relevo de guardia del Parque Central de Bomberos tomó posesión de los furgones y equipos de primera intervención.
A las ocho y media de la mañana, el campanero mayor aseguró los cables de tracción del campanario parroquial para las fiestas de San Pedro.
A las nueve de la mañana, los instructores de rescate vertical ensayaron las cintas del arnés Petzl Falcon en el dinamómetro digital de Miribilla, confirmando una capacidad de resistencia superior a los dos mil doscientos decanewtons.