Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 20 — EL ATRAPAMIENTO EN EL POZO SAN VICENTE Y EL DESCENSO VERTICAL
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CAPÍTULO 20 — EL ATRAPAMIENTO EN EL POZO SAN VICENTE Y EL DESCENSO VERTICAL

El temblor, originado por el reajuste de tensiones en las antiguas galerías de extracción de hierro de Gallarta tras la infiltración de miles de metros cúbicos de agua durante la extinción del incendio de San Juan, provocó el colapso repentino de la bóveda del Pozo San Vicente.

Un estruendo sordo y telúrico recorrió el subsuelo, seguido por una nube densa de polvo de limonita y vapor que emergió a presión por la caña vertical del pozo histórico.

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La alarma roja resonó en los dormitorios del Parque Central de Bomberos en Miribilla.

El cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar , el sargento Gorka Beldarrain y los especialistas del Grupo de Rescate Técnico ( GRT ) cargaron el furgón pesado de rescate vertical FSV-02 con el material específico de espeleosocorro.

Trípodes de anclaje Petzl Arizona , cabrestantes mecánicos de rescate Harken Riggers , bobinas de cuerda semiestática de once milímetros tipo A ( Petzl Axis ), camillas nido de titanio Petzl Nest , botellas de aire de fibra de carbono a trescientos bares y equipos de respiración en circuito cerrado Dräger PSS BG4 Plus con cuatro horas de autonomía.

Simultáneamente, la doctora Leire Arregi embarcó en la ambulancia de Soporte Vital Avanzado ( UVI Móvil ) de Cruces con mochilas de reanimación en espacios confinados, mantas térmicas de grafeno, bombas de infusión percutánea y kits de descompresión torácica.

—El Pozo San Vicente tiene más de cien años y la roca está saturada de agua —explicó Korta mientras ajustaba su arnés integral Petzl Falcon Mountain en el asiento del copiloto—.

Si la concentración de monóxido supera las cien partes por millón, tendremos menos de noventa minutos para extraerlos con vida.

A las 02:45 horas, los vehículos de emergencia llegaron a la explanada del Pozo San Vicente, rodeada por las escombreras rojizas de Gallarta.

Una lluvia fina y fría calaba el suelo arcilloso mientras el foco del helicóptero Airbus H135 de la Ertzaintza iluminaba la boca del pozo, donde una columna de vapor grisáceo revelaba la diferencia térmica entre el interior y la superficie.

Korta y el sargento Beldarrain instalaron el trípode de rescate de aluminio reforzado sobre el brocal de piedra del pozo, fijando dos anclajes químicos estructurales Spit en la roca madre para garantizar un factor de seguridad diez a uno.

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— «Sistema primario y línea de vida redundante verificados a seiscientos kilos de carga estática» —informó Korta tras accionar el dinamómetro digital de calibración.

A las 03:10 horas, equipado con su equipo de respiración autónoma, linterna frontal antideflagrante de dos mil lúmenes y detector multigás Dräger X-am 8000 fijado al pecho, Jon Ander inició el descenso en suspensión vertical.

El agua helada caía en cascada por las paredes de mampostería, golpeando su casco de rescate mientras descendía lentamente metro a metro.

A los cuarenta metros, el haz de luz cortó jirones de niebla densa y el detector emitió el primer pitido de advertencia.

— «Superficie, aquí Korta. Cota -40 metros. Nivel de oxígeno al 18.2 por ciento. Monóxido de carbono en sesenta partes por millón. La caña del pozo es estable pero hay filtraciones masivas de lodo» .

— «Recibido, cabo. Mantenga el descenso controlado. Leire está a pie de boca monitorizando sus constantes telemétricas» —respondió el sargento Beldarrain desde el puesto de control.

A las 03:35 horas, los pies de Korta tocaron la solera de la galería transversal en la cota -80 metros.

El escenario era desolador: el túnel de acarreo estaba bloqueado por un terraplén de bloques de caliza y vigas partidas.

Al otro lado del desprendimiento, a través de una oquedad de apenas sesenta centímetros entre la roca y el techo, Korta distinguió los cascos con luz de carburo de los cuatro espeleólogos.

—¡Rescate técnico de Bomberos de Bilbao! ¿Alguien me escucha? —gritó Jon Ander acercándose al hueco.

—¡Aquí! ¡Somos cuatro! —respondió una voz juvenil temblorosa—. ¡Iñigo tiene la pierna rota aplastada por una viga y Maitane no reacciona por el frío!

Korta deslizó por la oquedad dos mantas térmicas de rescate, una botella de oxígeno medicinal con mascarilla y el microauricular del sistema de comunicaciones Cave-Com .

Conectó a Leire directamente por voz con el espeleólogo ileso para realizar el triaje médico de emergencia.

— «Habla la doctora Arregi desde superficie» —dijo Leire con voz serena y tranquilizadora—. «Colocad la mascarilla de oxígeno a Maitane a quince litros por minuto y abrigadla con la manta plateada pegada al cuerpo. Voy a descender de inmediato para inmovilizar a Iñigo y preparar la extracción» .

A las 03:55 horas, Leire Arregi, enfundada en su mono estanco de espeleología, arnés de rescate y casco con iluminación LED, fue descolgada por el sistema de cabrestante hacia la profundidad del pozo.

Jon Ander la recibió en la base de la cota -80 metros, asegurándola a la línea de vida horizontal de la galería.

Al cruzar sus miradas a través de las viseras de los cascos en medio de la oscuridad subterránea, un destello de confianza absoluta y amor indestructible iluminó el rostro de ambos.

—Trabajamos juntos, Leire. Como siempre —susurró Jon Ander apretando suavemente su hombro enguantado.

—Hasta sacarlos a todos, Jon Ander.

Para ampliar el paso hacia los heridos, Korta y su compañero de dotación introdujeron dos cojines neumáticos de alta presión Vetter de veinticuatro toneladas bajo el bloque principal de caliza.

Conectaron las mangueras de aire comprimido a la consola de control y comenzaron a inflar los cojines milímetro a milímetro.

La mole de piedra se elevó lentamente seis pulgadas, permitiendo a Korta colocar calzos de madera de pino tratada para asegurar la bóveda contra nuevos colapsos.

Con pico y palas ligeras de titanio, abrieron una trinchera de acceso de un metro de diámetro en menos de veinte minutos.

A las 04:30 horas, Leire se arrastró por el conducto hasta alcanzar a los cuatro espeleólogos.

Maitane presentaba un cuadro de hipotermia moderada con estupor (temperatura timpánica de 33.2 °C), a quien Leire administró sueros glucosalinos precalentados a 41 °C y calor activo en torso.

Iñigo sufría una fractura cerrada desplazada de tibia y peroné en la pierna izquierda con compromiso vascular distal (pulso pedio débil).

Leire administró analgesia intravenosa con fentanilo y ketamina para reducir la fractura con tracción axial suave y fijó la pierna con una férula de vacío radiotransparente.

— «Pulso pedio recuperado y extremidad caliente» —comunicó Leire por radio a superficie—. «Iniciamos empaquetamiento en camilla de rescate» .

A las 05:00 horas, Iñigo fue inmovilizado en la camilla nido Petzl Nest con arnés araña acolchado y protectores cervicales rígidos.

Korta conectó el sistema de suspensión basculante que permitía colocar la camilla en posición totalmente vertical para izarla a través del estrecho brocal del pozo.

Jon Ander se ancló como guía acompañante a un metro por encima de la camilla para proteger al herido de salientes de roca durante la subida.

— «¡Superficie, preparados para tracción continua a velocidad constante!» —ordenó Korta por la línea blindada.

El cabrestante mecánico comenzó a recuperar cuerda a una velocidad suave de diez metros por minuto.

Korta, suspendido en el vacío, utilizaba sus pies para amortiguar y desviar la camilla de los arcos de piedra y las vigas rotas.

A las 05:25 horas, la camilla asomó por el brocal del pozo en superficie, donde los bomberos y sanitarios de Cruces la recibieron entre aplausos contenidos, transfiriendo al joven directamente a la UVI Móvil.

Diez minutos después, Maitane y los otros dos espeleólogos fueron izados sin complicaciones bajo la supervisión directa de Leire.

A las 05:45 horas, el helicóptero medicalizado de Osakidetza despegó desde la campa de Gallarta con destino al helipuerto del Hospital de Cruces.

Los cuatro jóvenes se encontraban estables, hemodinámicamente compensados y fuera de todo peligro vital gracias a la rapidez y precisión quirúrgica del rescate subterráneo.

A las 06:15 horas, Korta y Leire terminaron de izar los trípodes, cuerdas y equipos de respiración al furgón de salvamento.

Los ingenieros del Departamento de Minas del Gobierno Vasco clausuraron provisionalmente el acceso al Pozo San Vicente mediante un enrejado de acero galvanizado hasta la consolidación definitiva del terreno.

A las siete de la mañana, de regreso en la cocina del Parque Central de Miribilla, Korta y Leire compartieron café caliente recién tostado y tostadas de pan rústico con aceite y tomate con toda la dotación del GRT.

El sargento Beldarrain brindó con su taza de peltre.

—No hay sima ni pozo en todo Euskadi que pueda resistir al cabo Cortázar y a la doctora Arregi.

A las nueve de la mañana, de vuelta en Arregi-Enea , Jon Ander y Leire se sumergieron en un baño caliente con sales de lavanda en la buhardilla.

El agua tibia lavó el barro rojizo de sus cuerpos y el cansancio acumulado de la noche.

Se abrazaron bajo el edredón de lino blanco, fundiéndose en un beso dulce, apasionado y lleno de gratitud por la vida y el deber cumplido.

A las diez de la mañana, en el taller de mantenimiento del Parque Central de Bomberos, los técnicos del GRT lavaron y desinfectaron las camillas de titanio, mosquetones de cierre automático y cuerdas de poliamida con soluciones jabonosas de pH neutro, verificando que ninguna hebra de la camisa de las cuerdas presentaba rozaduras por aristas de caliza.

A las diez y media de la mañana, los detectores multigás X-am 8000 fueron colocados en la base de carga y calibración automática con gas patrón de monóxido de carbono, ácido sulfhídrico y metano, certificando una precisión analítica del cien por cien.

A las once de la mañana, las voluntarias de Cruz Roja en Gallarta sirvieron tazones de caldo humeante de carne y garbanzos a los vecinos que habían colaborado en las labores auxiliares de superficie.