CAPÍTULO 19 — LA ALERTA ROJA DE SAN JUAN Y EL VIENTO SUR EXTREMO #3
A las siete y cuarto de la mañana, los vecinos compartieron raciones de morcilla frita y sidra de castaño en la taberna consistorial.
A las siete y media de la mañana, los bodegueros revisaron los racimos de uva en las laderas soleadas de Gordexola.
A las ocho menos cuarto de la mañana, don Xabier bendijo las mantas de lana que abrigarán a los hijos del caserío.
A las ocho de la mañana, los patrones de pesca verificaron los barriles de anchoa en salazón en la cofradía de San Pedro de Bermeo.
A las ocho y cuarto de la mañana, los turistas disfrutaron de gildas artesanas y txakoli en el mirador de la ría.
A las ocho y media de la mañana, doña Begoña sirvió manzanas reinetas asadas al sarmiento con canela para toda la cuadrilla.
A las nueve de la mañana, el cabo Beldarrain verificó la bomba centrífuga nodriza de cuatro mil litros por minuto, registrando valores nominales óptimos en el banco de pruebas.
A las nueve y cuarto de la mañana, el campanero de Galdames ajustó la abrazadera de hierro del badajo de la campana mayor para el volteo de mediodía.
A las nueve y media de la mañana, don Imanol compartió unas nueces tiernas con una copita de licor de endrinas con los operarios de la fragua.
A las diez menos cuarto de la mañana, don Xabier bendijo solemnemente las alianzas matrimoniales de oro y hierro forjado en el altar de Arregi-Enea .
A las diez de la mañana, los mayordomos de la cofradía limpiaron las andas de madera tallada de San Juan Bautista para la procesión mayor.
A las diez y media de la mañana, las cocineras de Galdames asaron talos de maíz con panceta ibérica curada sobre planchas de hierro en la plaza.
A las once de la mañana, se descorcharon las primeras botellas de vino blanco fermentado en barrica de roble francés.
A las once y media de la mañana, doña Begoña planchó las camisas de lino blanco y los refajos bordados para la misa mayor.
A las doce del mediodía, doña Begoña sacó una gran fuente de buñuelos de viento recién fritos y bañados en miel de flores silvestres para endulzar el mediodía de fiesta.
A las doce y media del mediodía, el párroco don Xabier asperjó con agua bendita las guadañas, azadas y yunques de la comarca en el atrio parroquial.
A la una de la tarde, Korta y Leire montaron a caballo por las campas verdes de San Pedro, respirando la brisa pura y contemplando el valle en paz.
A la una y media de la tarde, sentados en los bancos de roble, la familia compartió relatos sobre las antiguas leyendas mineras de Las Encartaciones.
A las dos de la tarde, el arquitecto municipal certificó la solidez de los sillares de piedra del puente de San Pedro tras las avenidas de agua.
A las dos y media de la tarde, se degustaron tarrinas de cuajada fresca de oveja latxa con miel pura de brezo en una casona de Gordexola.
A las tres de la tarde, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen y las sábanas de hilo en la sala principal de Arregi-Enea .
A las tres y media de la tarde, don Imanol compartió una tabla de queso curado de oveja con dulce de membrillo casero elaborado en el otoño anterior, brindando por la abundancia y la paz que reinaban en su caserío.
A las cuatro de la tarde, Korta y Leire renovaron su juramento de amor eterno contemplando la cumbre sagrada del monte Kolitza bañada por el sol.
Tomados de la mano, sintieron cómo el aire limpio de la montaña llenaba sus pechos de una felicidad serena y duradera.
A las cuatro y media de la tarde, Korta y Leire descansaban abrazados en su lecho nupcial en la buhardilla de Arregi-Enea .
Frente al resplandor cálido de la chimenea encendida, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión volcánica, tierna y sublime.
Hicieron el amor sin prisa, fundiéndose en un abrazo eterno que borraba todo el cansancio de la batalla y sellaba la victoria definitiva de la vida sobre el fuego destructor.
A las cinco y media de la tarde, abrazados bajo el edredón de lino, Korta velaba el sueño tranquilo de Leire, acariciando suavemente su espalda y sus cabellos oscuros.
—Te amo más que a mi vida, Leire.
—Y yo a ti, Jon Ander. Mi corazón late solo por ti.
A las seis de la tarde, doña Begoña renovó los ramos de flores de San Juan, laurel e hipérico sobre la cancela de Arregi-Enea .
A las seis y media de la tarde del veinticinco de junio, los trinos jubilosos de los petirrojos llenaban el robledal milenario de Galdames.
A las siete de la tarde, las campanas de San Pedro de Galdames repicaron a gloria con un volteo solemne celebrando la fiesta patronal.
A las siete y media de la tarde del veinticinco de junio, los rayos del sol dorado iluminaban la cumbre del monte Kolitza y las campas verdes de Arregi-Enea .
Korta y Leire, abrazados ante el ventanal, contemplaban el valle en calma con la certeza invencible de que su amor y su deber habían triunfado sobre todas las sombras del mundo.
En el Capítulo 20 ( El Clímax de San Juan y el Veredicto de la Tierra ) , la saga de Cenizas en la noche de San Juan avanzará con paso firme hacia su resolución definitiva.