Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 19 — LA ALERTA ROJA DE SAN JUAN Y EL VIENTO SUR EXTREMO #2
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CAPÍTULO 19 — LA ALERTA ROJA DE SAN JUAN Y EL VIENTO SUR EXTREMO #2

Korta contemplaba las manos firmes y amorosas de su esposa, sintiendo cómo cada caricia borraba las huellas del dolor.

—Tienes las manos de un ángel, Leire.

—Y tú el corazón más valiente de toda Bizkaia, Jon Ander.

A las seis de la mañana del veinticuatro de junio, el sol radiante de San Juan se elevó sobre el monte Kolitza.

El viento sur había cesado por completo, sustituido por una brisa fresca del mar Cantábrico con aroma a tierra mojada y salitre.

Los vecinos de Galdames, los bomberos de Miribilla y los médicos de Cruces se reunieron en la plaza para celebrar la fiesta tradicional alrededor de una hoguera limpia, festiva y sagrada.

Don Imanol y doña Begoña brindaron con jarras de Txakoli con todos los rescatadores.

—¡Por la vida, por el amor y por nuestra tierra! —exclamó don Imanol alzando su copa.

A las siete de la mañana, los mecánicos de Miribilla revisaron la bomba centrífuga de alta presión y el depósito de espumógeno de la autobomba BNP-04 , certificando que el sistema había inyectado más de doce mil litros sin cavitación ni sobrecalentamiento de culata.

A las siete y media de la mañana, los sanitarios de la DYA distribuyeron sueros orales con sales de rehidratación y magnesio a los cuarenta bomberos forestales desplegados en las líneas de contención.

A las ocho de la mañana, la carpa de intendencia de Cruz Roja sirvió jarras de caldo hirviendo de gallina y verduras con garbanzos a los retenes de refresco.

A las ocho y media de la mañana, en el puesto de mando avanzado, el secretario judicial levantó acta de confesión de los tres mercenarios, quienes admitieron haber recibido órdenes de prender fuego a las galerías mineras para borrar las trazas de cianuro.

A las nueve de la mañana, los peritos de balística de la Ertzaintza cotejaron los números de serie de los fusiles CZ Scorpion incautados, confirmando su procedencia del tráfico ilegal báltico.

A las nueve y media de la mañana, los ingenieros de seguridad de Petronor inspeccionaron las válvulas de corte rápido del oleoducto de Muskiz, certificando presión constante y total estanqueidad.

A las diez de la mañana, la unidad de drones de la Ertzaintza sobrevoló las laderas de Peñas Blancas con cámaras termográficas, descartando puntos calientes subterráneos.

A las diez y media de la mañana, los bomberos fuera de servicio brindaron con sidra de kupela en una posada de Zalla, celebrando que ningún caserío había sufrido daños estructurales.

A las once de la mañana, los vecinos subieron a la ermita de San Roque portando ramas de boj bendito para orar por la protección del valle.

A las once y media de la mañana, los guardas de la Diputación Foral de Bizkaia cuantificaron en menos de cuatro hectáreas la afección forestal, destacando la rápida respuesta del Grupo de Rescate Técnico.

A las doce del mediodía, la corporación municipal de Galdames otorgó la Medalla de Oro del Valle al cabo Jon Ander Cortázar y a la doctora Leire Arregi por su heroísmo en defensa de la comarca.

A la una de la tarde, más de doscientos comensales compartieron una comida comunal de alubias con chorizo y tocino en el pórtico de la iglesia parroquial.

A las dos y media de la tarde, se asaron a la leña de encina costillares de buey de Galdames con pimientos verdes fritos en aceite de oliva virgen.

A las cuatro de la tarde, don Imanol templó en agua de manantial un hacha de bombero forjada a mano con filo de acero al carbono para regalársela a su yerno.

A las cinco de la tarde, en la bodega de Arregi-Enea , se cataron cuñas de queso Idiazábal curado con vino tinto crianza de Rioja Alavesa.

A las seis de la tarde, los músicos locales ensayaron las marchas tradicionales de San Juan en la plaza mayor.

A las seis y media de la tarde, don Xabier bendijo el cauce del arroyo Mercadillo pidiendo aguas limpias y cosechas fértiles para todo el valle.

A las siete de la tarde, Korta y Leire pasearon bajo los robles centenarios de La Magdalena, disfrutando del aire puro y fresco de la sierra.

A las siete y media de la tarde, los bomberos de Miribilla limpiaron y engrasaron los motores de cuatro tiempos de las motobombas portátiles de achique y extinción.

A las ocho de la tarde, el parque de bomberos de Zierbena completó la carga de tres mil litros de concentrado espumógeno fluorosintético AFFF-AR .

A las ocho y media de la tarde, los mandos de bomberos compartieron unas sardinas asadas al carbón con txakoli fresco en el puerto pesquero de Santurtzi.

A las nueve de la noche, las familias de los rescatadores encendieron cirios ante el altar mayor de San Juan en Muskiz.

A las nueve y media de la noche, el aire salino del Cantábrico soplaba suavemente sobre los acantilados de Kobaron y los pinares de Pobeña.

A las diez de la noche, el párroco don Xabier visitó Arregi-Enea para bendecir el ajuar nupcial y las mantas tejidas por las hilanderas encartadas.

A las diez y media de la noche, las tabernas de Zalla celebraron el fin de la alerta roja sirviendo raciones de morcilla tradicional con sidra vizcaína.

A las once de la noche, los viticultores de Gordexola confirmaron que la brisa marina había refrescado las cepas de uva Hondarrabi Zuri.

A las once y media de la noche, don Imanol terminó de pulir el candelabro de siete brazos para la cena de acción de gracias.

A las doce de la noche, una bandeja de queso Idiazábal con dulce de manzana reineta esperaba en el aparador de nogal de Arregi-Enea .

A las doce y media de la noche, el sargento Beldarrain anotó en el parte oficial de Miribilla la normalización del servicio tras la extinción total del fuego.

A la una de la madrugada, el maestro campanero de Galdames dejó asegurados los badajos de la torre parroquial para las misas dominicales.

A la una y media de la madrugada, don Imanol y doña Begoña brindaron con una copita de licor de endrinas en la bodega del caserío.

A las dos de la madrugada, doña Begoña sirvió buñuelos templados de calabaza con miel silvestre en la cocina baja.

A las dos y media de la madrugada, la familia compartió confidencias y proyectos de futuro junto a las brasas de la chimenea.

A las tres de la madrugada, Korta y Leire renovaron sus votos matrimoniales ante el retablo familiar en un silencio sagrado.

A las tres y media de la madrugada, guardaron un minuto de recogimiento en memoria de todos los servidores públicos caídos en cumplimiento del deber.

A las cuatro de la madrugada, la unidad de drones de la Ertzaintza sobrevoló las balsas mineras de La Arboleda, confirmando que los niveles hidrológicos y de oxígeno disuelto permanecían estables.

A las cuatro y media de la madrugada, los bioquímicos forenses emitieron el dictamen toxicológico final, confirmando que las trazas de fósforo blanco quedaron totalmente neutralizadas.

A las cinco de la mañana, los hosteleros de Bakio preparaban la apertura de sus terrazas frente a las olas tranquilas del Cantábrico.

A las cinco y media de la mañana, el estuario de Urdaibai amaneció envuelto en una suave neblina marina bajo los primeros rayos del sol.

A las seis de la mañana, los guardas de montes recorrieron las sendas de Galdames constatando la brotación de los primeros brotes verdes entre la corteza centenaria.

A las seis y media de la mañana, las mujeres de Balmaseda admiraron los mantos de lino bordados con motivos florales de San Juan.

A las siete de la mañana, los arqueros de Galdames afinaron su puntería lanzando flechas certeras sobre las dianas de paja en medio del júbilo popular.