CAPÍTULO 19 — LA ALERTA ROJA DE SAN JUAN Y EL VIENTO SUR EXTREMO
La tarde del veintitrés de junio, víspera de la noche de San Juan, Bizkaia se convirtió en un inmenso horno de aire recalentado.
Un frente de viento sur huracanado —el temido Hego Haizea — descendió desde la meseta castellana encajonándose a través de los desfiladeros de Las Encartaciones, elevando los termómetros por encima de los treinta y ocho grados centígrados a las ocho de la tarde, con una humedad relativa que se desplomó por debajo del quince por ciento.
En el Parque Central de Bomberos de Bilbao en Miribilla, el cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar y el sargento Gorka Beldarrain supervisaban la alineación de todos los vehículos de primera salida en la explanada de maniobras.
Los ocho camiones autobomba nodriza pesados ( BNP ), los cuatro vehículos de rescate técnico ligero ( brL ) y los furgones de intervención en riesgo químico ( FSQ ) estaban repostados con retardante espumógeno de baja expansión AFFF y agua a máxima capacidad.
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—Con estas rachas de noventa kilómetros por hora y este monte tan seco, una simple pavesa de las hogueras de San Juan puede desatar una tormenta de fuego de interfaz en menos de cinco minutos —advirtió Korta revisando la presión de los reguladores Dräger de los equipos de respiración autónoma.
A las nueve de la noche, en el Hospital Universitario de Cruces, la doctora Leire Arregi y el jefe de guardia de Traumatología y Quemados activaron la Fase II del Plan Hospitalario de Catástrofes.
Se despejaron las doce camas de la Unidad de Grandes Quemados, presurizando las salas estériles de flujo laminar con aire filtrado HEPA y disponiendo carros de soporte vital avanzado con cajas de apósitos hidrocelulares Mepilex Ag , mantas térmicas de rescate y sistemas de ventilación mecánica invasiva con monitorización continua de carboxihemoglobina ( COHb ).
—Las ambulancias de soporte vital avanzado de SOS Deiak 112 ya están en posición en los puntos calientes de Muskiz, Zierbena, Galdames y Balmaseda —informó Leire al equipo médico reunido en el control central de enfermería—.
El calor y el viento sur van a convertir esta noche en la más peligrosa del año.
A las nueve y media de la noche, en el centro de mando de la Ertzaintza en Erandio, el subcomisario Mikel Echeveste y la inspectora Irati Mendiluze analizaron las alertas emitidas por la Unidad Central de Inteligencia ( UCI ).
Las interceptaciones telefónicas judiciales a los intermediarios del cártel químico desarticulado revelaron la existencia de una última célula de sabotaje residual.
Tres mercenarios radicalizados, liderados por un exoficial químico prófugo, permanecían ocultos en una nave industrial abandonada en el polígono de El Campillo en Abanto-Zierbena.
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—No van a aceptar la derrota sin intentar quemar las minas y los valles para encubrir los depósitos clandestinos que aún no han sido vaciados —sentenció la inspectora Mendiluze cargando su pistola reglamentaria Walther P99 .
A las 22:00 horas, las consolas del Centro de Coordinación de Emergencias SOS Deiak 112 en Txurdinaga comenzaron a saturarse con más de doscientas llamadas por minuto.
Los primeros focos no autorizados ardían en las campas de Triano, impulsados por las llamaradas de viento seco que arrancaban ramas de eucaliptos y pinos insignes.
La operadora enlazó directamente con la base de Miribilla y el puesto médico de Cruces.
— «¡Atención todas las dotaciones! ¡Declarado Incendio de Interfaz de Nivel 2 en el macizo de Peñas Negras y ladera este de Galdames! Se ordena la salida inmediata del Grupo de Rescate Técnico y ambulancias medicalizadas» .
A las 22:15 horas, ocho autobombas pesadas y dos vehículos de mando salieron del Parque de Miribilla con las sirenas bitonales rasgando la noche calurosa.
Korta lideraba el convoy a bordo del vehículo de mando todoterreno brL-14 .
A través de la autovía del Kadagua, el cielo sobre Las Encartaciones no mostraba la oscuridad habitual de la noche, sino un resplandor anaranjado y siniestro que teñía las nubes bajas de un color brasa amenazador.
—¡Atención unidad! —ordenó Korta por la emisora de radio TETRA —. El frente principal avanza a doce metros por minuto hacia las primeras viviendas de San Pedro de Galdames. Nuestra prioridad absoluta es crear una línea de defensa con espuma y cortafuegos en torno a los caseríos habitados.
A las 22:45 horas, las dotaciones alcanzaron la cumbre de Peñas Negras.
El escenario era dantesco: lenguas de fuego de más de veinte metros de altura coronaban las copas de los pinares, alimentadas por rachas de viento de más de ochenta kilómetros por hora.
Las pavesas incandescentes volaban a más de trescientos metros de distancia, generando focos secundarios por delante de la línea de avance.
Korta y el equipo de bomberos desplegaron tendidos de manguera de setenta milímetros con lanzas de caudal variable Akron Brass , proyectando cortinas de agua y espuma para proteger la carretera de acceso.
— «¡Pulsos cortos de agua nebulizada para enfriar el colchón térmico!» —gritó Korta con la voz amortiguada por la máscara de rescate—. «¡Nadie se adentra en el pinar sin línea de repliegue presurizada!» .
A las 23:15 horas, la doctora Leire Arregi llegó a la plaza de San Pedro de Galdames al frente de dos ambulancias de soporte vital avanzado ( UVI Móvil ) de Osakidetza.
Montaron la carpa de triaje rápido con iluminación LED estanca sobre el frontón municipal.
Leire organizó la recepción de pacientes: vecinos mayores evacuados con crisis de broncoespasmo por inhalación de humo y bomberos con fatiga térmica severa.
Con fonendoscopio en mano y administrando aerosolterapia con broncodilatadores y sueros isotónicos fríos, Leire coordinó la estabilización de los primeros doce afectados.
—Todo paciente con carboxihemoglobina superior al diez por ciento recibe oxígeno al cien por cien con mascarilla de alta concentración con reservorio —instruyó la forense con temple militar.
A las 23:45 horas, mientras Korta abría una faja cortafuegos con motosierras y batefuegos en la vaguada del arroyo Mercadillo, localizó los restos de un artefacto incendiario adherido a un pino centenario.
Una carcasa metálica cilíndrica de aluminio con restos de cápsula detonadora pirotécnica y un temporizador electrónico con el logotipo del cártel químico báltico.
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— «¡Mikel, Irati! ¡No es un fuego fortuito!» —transmitió Korta por el canal encriptado de la Ertzaintza—. «¡Están sembrando dispositivos de fósforo blanco para cercar el valle por la espalda!» .
A las doce de la noche, patrullas todoterreno de Berrozi y helicópteros Airbus H135 equipados con cámaras térmicas FLIR localizaron a los tres mercenarios a bordo de un todoterreno negro huyendo por las pistas de grava hacia la ladera del caserío Arregi-Enea .
Los fugitivos abrieron fuego con fusiles de asalto contra los agentes de la Ertzaintza para abrirse paso hacia la carretera comarcal.
Los comandos de Berrozi respondieron con disparos de precisión a los neumáticos del vehículo, provocando que volcara en la cuneta junto al robledal viejo.
Dos de los mercenarios fueron reducidos y desarmados en el acto, mientras el cabecilla químico escapó a pie internándose en el hayedo en dirección a la fragua del caserío.
A las 00:30 horas del veinticuatro de junio, el fuego forestal y el pirómano fugitivo convergieron sobre las campas de Arregi-Enea .
Don Imanol Arregi y doña Begoña , provistos de mangueras de riego y bombas sumergibles de los pozos de piedra, regaban los tejados y las paredes del caserío para repeler las pavesas.
Korta llegó en el vehículo brL-14 derrapando en la explanada.
Saltó del camión con su equipo completo de bombero y su hacha de intervención, posicionándose entre la casa familiar y el frente de llamas que descendía vorazmente por la ladera.
—¡Don Imanol, doña Begoña, al interior del zaguán blindado! ¡Yo me encargo de esta línea! —gritó Korta conectando una línea de manguera de alta presión a la motobomba de la finca.
A las 00:50 horas, en medio del humo denso y las chispas que caían como lluvia dorada, el mercenario prófugo surgió de entre los árboles empuñando un machete táctico y un artefacto de fósforo encendido.
— «¡Todo va a arder con vosotros dentro!» —gritó el criminal abalanzándose sobre Jon Ander.
Korta esquivó la estocada con la destreza y los reflejos forjados en miles de horas de rescate minero.
Bloqueó el brazo del atacante con el mango reforzado de fibra de vidrio de su hacha de bombero y le propinó un golpe certero con el codo en el plexo solar, derribándole sobre la hierba húmeda.
Le inmovilizó el brazo con una llave de palanca y lanzó el artefacto incendiario hacia un charco de agua de la acequia, extinguiendo la mecha antes de la ignición.
Los agentes de Berrozi llegaron a la carrera esposando al terrorista y asegurando la zona.
A la una de la madrugada, Leire llegó a Arregi-Enea en la ambulancia medicalizada.
Corrió a través del humo hacia Jon Ander, abrazándole con una fuerza desbordante mientras las lágrimas limpiaban el hollín de sus mejillas.
—¡Estás vivo, mi amor! ¡Estás a salvo! —sollozó Leire besándole en los labios con una pasión y un alivio infinitos.
Korta la apretó contra su pecho acorazado por el chaquetón ignífugo.
—Nuestra casa está en pie, Leire. Y nuestra familia a salvo para siempre.
A las dos de la madrugada, cuatro hidroaviones Canadair CL-415 del Ministerio de Transición Ecológica y tres helicópteros bombarderos de la Diputación Foral de Bizkaia realizaron descargas masivas de agua con retardante sobre la cresta de Peñas Negras.
Las cortinas de agua sofocaron los focos principales en menos de una hora.
A las tres y media de la madrugada, el subcomisario Echeveste declaró el incendio oficialmente controlado en todos sus perímetros.
A las cuatro de la madrugada, en la gran mesa de nogal de la cocina baja, Leire limpió y desinfectó con suero fisiológico estéril y apósitos hidrocoloides las quemaduras de primer grado que Korta había sufrido en los antebrazos durante el combate.