CAPÍTULO 18 — LA DETENCIÓN DEL CONSORCIO Y LA ENTREGA DE LAS ALIANZAS #3
A las nueve y media de la mañana, las lonjas de pescado de Santurtzi iniciaban su subasta diaria con capturas frescas de bajura.
A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, los cirios encendidos en la ermita de San Juan en Muskiz ardían en señal de acción de gracias.
A las diez de la mañana, las gaviotas sobrevolaban la playa de La Arena en un mar en calma absoluta.
A las diez y media de la mañana, las cestas de productos encartados llegaron a las guardias de Miribilla y Cruces con notas de agradecimiento de los novios.
A las once de la mañana, los arqueros locales tensaron sus arcos de fresno en las campas de San Pedro, celebrando la paz conquistada con dianas certeras en medio del regocijo popular.
A las once y media de la mañana, los vecinos de Zalla compartieron morcillas de puerro y arroz fritas a la sartén en la plaza del ayuntamiento.
A las doce del mediodía, los viticultores de Gordexola brindaron con txakoli de uva Hondarrabi Zuri por la salud y prosperidad de los recién casados.
A las doce y media del mediodía, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen tejidas a mano que abrigarán el lecho de la nueva familia.
A la una de la tarde, los patrones de pesca de Bermeo sellaron los barriles de anchoas en salmuera con el sello de calidad del Cantábrico.
A la una y media de la tarde, la terraza del mirador de Mundaka sirvió gildas de guindilla de Ibarra y anchoa de Bermeo a los visitantes.
A las dos de la tarde, doña Begoña repartió cazuelas de barro con manzanas reinetas asadas a la miel y canela para los niños del valle.
A las dos y media de la tarde, el bombero especialista Mikel Busturia realizó la prueba de presión estática de las mangueras de setenta milímetros en la explanada de Miribilla, registrando doce bares continuos sin pérdidas de carga.
A las tres de la tarde, el sacristán de Galdames limpió las escaleras de caracol del campanario y dejó listo el sistema de cuerdas para la misa dominical de acción de gracias.
A las tres y media de la tarde, don Imanol y el párroco don Xabier compartieron una copa de licor de endrinas en la bodega de Arregi-Enea , conversando sobre la historia de los caseríos de Las Encartaciones.
A las cuatro de la tarde, en la capilla familiar, se rezó una letanía de gratitud por la protección recibida durante las misiones de rescate en el mar y en las minas.
A las cuatro y cuarto de la tarde, doña Begoña sirvió buñuelos calientes de calabaza con miel silvestre para merendar junto al fuego de leña.
A las cuatro y media de la tarde, don Xabier bendijo los mosquetones, las cuerdas estáticas y los cascos de rescate minero de Korta en el zaguán de Arregi-Enea .
A las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, Korta y Leire se arrodillaron ante el retablo de nogal dando gracias a los ancestros por haber protegido a su familia.
A las cinco menos cuarto de la tarde, las monjas clarisas del convento cercano hicieron llegar una bandeja de pastas de almendra y azahar con una tarjeta de felicitación y oración continua por la paz del nuevo matrimonio.
A las cinco de la tarde, doña Begoña preparó una tetera humeante de manzanilla de monte con tomillo fresco y unas gotas de limón para entonar el cuerpo tras las emociones de la jornada.
A las cinco y media de la tarde, don Imanol abrió el cofre de roble del caserío para mostrar a Jon Ander y Leire las escrituras notariales centenarias y los árboles genealógicos de los canteros y herreros encartados que poblaron estas tierras desde el siglo XVI.
A las seis menos cuarto de la tarde, doña Begoña prendió las mechas de algodón de las lámparas de aceite de oliva en el zaguán, llenando la entrada de Arregi-Enea de una calidez dorada y acogedora.
A las seis de la tarde, Korta y Leire subieron a su lecho nupcial fundiéndose en un abrazo cálido y eterno bajo los rayos dorados del atardecer.
Cada beso, cada susurro y cada latido sellaban la consagración indestructible de sus vidas.
A las seis y media de la tarde, la paz más dulce y luminosa inundaba la estancia mientras ambos descansaban con las manos unidas sobre el corazón.
A las siete de la tarde, el aroma a laurel bendito y manzanilla silvestre envolvía la cancela de entrada de Arregi-Enea .
A las siete y cuarto de la tarde, los últimos trinos de los pájaros en las copas de los robles despidieron el día con serenidad.
A las siete y media de la tarde del veintiocho de enero, las campanas de San Pedro tañeron las notas solemnes del toque de oraciones sobre todo el valle.
A las ocho de la tarde del veintiocho de enero, el sol se ocultaba dejando un resplandor púrpura sobre el monte Kolitza y los caseríos de Las Encartaciones.
Korta y Leire, abrazados junto a la chimenea de Arregi-Enea , sonreían con la certeza invencible de que su amor y su deber habían triunfado sobre toda sombra.
El Acto III concluye con el triunfo absoluto de la justicia, el honor y la lealtad; y en el Acto IV ( El Fuego de San Juan y el Destino de Bizkaia ) , la leyenda de Código Cruces se adentrará en el desenlace más monumental y apasionante jamás escrito.