Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 18 — LA DETENCIÓN DEL CONSORCIO Y LA ENTREGA DE LAS ALIANZAS #2
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CAPÍTULO 18 — LA DETENCIÓN DEL CONSORCIO Y LA ENTREGA DE LAS ALIANZAS #2

A las siete y media de la mañana, en la plaza mayor, se repartieron talos calientes con chistorra a la brasa para todos los asistentes y músicos.

A las ocho de la mañana, don Xabier recibió a los testigos oficiales: el sargento Beldarrain por parte de Korta y la inspectora Mendiluze por parte de Leire, quienes firmaron las actas canónicas y civiles.

A las ocho y media de la mañana, el cortejo nupcial avanzó al son de los txistus y tamboriles desde Arregi-Enea hasta la iglesia parroquial entre vítores y lluvia de pétalos de rosa.

A las nueve de la mañana, bajo los arcos góticos de la iglesia de San Pedro, Korta y Leire intercambiaron las alianzas de oro y hierro forjado ante todo su pueblo.

— «Jon Ander, recibe esta alianza como testimonio de mi amor y de mi fidelidad eterna» —pronunció Leire con voz clara y emocionada.

— «Leire, recibe esta alianza como prenda de mi amor, de mi protección y de mi entrega para siempre» —respondió Korta colocándole el anillo con mano firme y ojos brillantes.

El sacerdote don Xabier unió sus manos con la estola.

—Lo que Dios y el amor de esta tierra han unido, que no lo separe jamás ningún poder humano.

A las diez de la mañana, los dantzaris bailaron el solemne Aurresku de Honor ante los recién casados en la plaza de la iglesia.

Korta y Leire contemplaban la danza con la mano entrelazada, sintiendo el respeto y el cariño sincero de toda Bizkaia.

A las once de la mañana, más de trescientos invitados se reunieron en el gran banquete comunal.

Mesas repletas de jamón de bellota, quesos curados, alubias rojas de Tolosa con todos sus sacramentos, besugos asados al carbón y chuletas de buey a la brasa.

Los brindis con Txakoli y sidra se sucedieron entre risas, canciones populares y abrazos fraternos.

A las dos de la tarde, los compañeros de Miribilla y Cruces entregaron a los novios una escultura de bronce representando a un bombero y a una médica salvando una vida bajo el puente de Bizkaia.

—Por vuestro coraje y por vuestro amor, siempre seréis nuestros guías.

A las tres y media de la tarde, Korta y Leire subieron al mirador de Peñas Negras.

El fotógrafo capturó los abrazos de los novios con los valles mineros de Triano y el golfo de Bizkaia de fondo, iluminados por la luz dorada del atardecer.

A las cinco de la tarde, en el zaguán de Arregi-Enea , se sirvieron hojaldres crujientes con crema pastelera y copas de txakoli dulce para los familiares más cercanos.

A las seis y media de la tarde, los vecinos y compañeros despidieron a los novios con aplausos y cánticos tradicionales mientras la noche caía sobre el valle.

A las siete y media de la tarde, las puertas de roble del caserío se cerraron, dejando fuera el bullicio y la fiesta.

Korta tomó a Leire en sus brazos y la cruzó en volandas a través del dintel de piedra iluminado por los candiles.

—Bienvenida a nuestro hogar para siempre, esposa mía.

—Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo, esposo mío.

A las ocho y media de la tarde, Korta y Leire subieron a su habitación nupcial.

Frente a la chimenea encendida, se despojaron de sus trajes de gala y se entregaron al amor con una ternura infinita, una pasión sagrada y la plenitud absoluta de saberse unidos para siempre.

Hicieron el amor con devoción y dulzura bajo las estrellas de Las Encartaciones, sellando para siempre el triunfo de la vida, de la justicia y del amor sobre las cenizas del pasado.

A las nueve y media de la noche, los inspectores navales de Capitanía Marítima concluyeron la prueba de estanqueidad y descontaminación de las bodegas del Nordic Sentinel en el puerto exterior de Zierbena, certificando la total inocuidad de las aguas confinadas.

A las diez de la noche, la base de la Ertzaintza en Erandio registró la reposición completa de los trajes de protección química y los filtros de carbón activado utilizados durante el operativo.

A las diez y media de la noche, los subcomisarios Echeveste y Mendiluze compartieron una copa de txakoli en el Puerto Viejo de Algorta, celebrando el éxito absoluto de la operación judicial.

A las once de la noche, los agentes de Berrozi depositaron una corona de laurel en la ermita de San Juan de Gaztelugatxe en homenaje a los héroes anónimos de los servicios de rescate.

A las once y media de la noche, la calma reinaba en los acantilados de Kobaron y en los pinares de Pobeña, donde las olas del Cantábrico rompían en paz bajo la luz de la luna.

A las doce de la noche, el párroco don Xabier dejó su bendición escrita en el libro familiar de Arregi-Enea antes de retirarse a la rectoría.

A las doce y media de la noche, los taberneros de Zalla cerraron sus fogones tras despachar raciones de morcilla tradicional a los rezagados de la fiesta.

A la una de la madrugada, el sereno de Gordexola confirmó que la helada nocturna no afectaría a las viñas de uva Hondarrabi Zuri.

A la una y media de la madrugada, don Imanol apagó las brasas de la fragua tras contemplar el candelabro de siete brazos presidiendo el zaguán del caserío.

A las dos de la madrugada, una bandeja de queso Idiazábal curado con dulce de membrillo reposaba en la despensa de Arregi-Enea .

A las dos y media de la madrugada, el sargento Beldarrain anotó en el libro de incidencias del Parque de Bomberos de Miribilla: «Guardia sin novedades. Cabo Cortázar en permiso oficial por matrimonio» .

A las tres de la madrugada, el maestro campanero de Galdames aseguró las cuerdas y badajos de la torre parroquial tras la jornada festiva.

A las tres y media de la madrugada, don Imanol y doña Begoña brindaron con una copita de patxarán casero antes de descansar, agradeciendo a Dios la dicha de sus hijos.

A las cuatro de la madrugada, el aroma a canela y azúcar de los buñuelos de viento aún perfumaba la cocina de leña de Arregi-Enea .

A las cuatro y media de la madrugada, los últimos rescoldos de los leños de roble calentaban la estancia principal del caserío en un silencio sagrado.

A las cinco de la mañana, las llamas de los cirios en el oratorio familiar reflejaban la paz indestructible que reinaba en el hogar.

A las cinco y media de la mañana, un toque de silencio mental honraba a quienes entregaron su vida en el servicio público de Bizkaia.

A las seis de la mañana, los operadores del dron térmico de la Ertzaintza sobrevolaron los lagos de La Arboleda, confirmando parámetros físico-químicos en rango normal y total ausencia de hidrocarburos.

A las seis y media de la mañana, los toxicólogos del laboratorio central cerraron las series analíticas de cromatografía de gases, archivando los resultados de prueba judicial.

A las siete de la mañana, los bodegueros de Bakio preparaban las primeras botellas de la nueva añada en sus viñedos costeros.

A las siete y cuarto de la mañana, la cumbre de Ereñozar ofrecía una estampa deslumbrante de la desembocadura de la ría de Gernika bajo la primera luz solar.

A las siete y media de la mañana, los robles de Galdames filtraban los rayos dorados del sol entre sus ramas cubiertas de musgo.

A las siete y cuarenta y cinco de la mañana, las maestras hilanderas de Balmaseda guardaban los bastidores de bordado con el orgullo del deber cumplido.

A las ocho de la mañana, la herradura forjada por don Imanol lucía clavada sobre la puerta de entrada de Arregi-Enea como símbolo de protección eterna.

A las ocho y cuarto de la mañana, el cuenco de castañas asadas a la brasa con sidra dulce de manzana recibía a los primeros madrugadores.

A las ocho y media de la mañana, los instructores de Berrozi en Arkaute archivaban las dianas de entrenamiento tras registrar puntuaciones perfectas.

A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, los perros de rescate de la Ertzaintza descansaban en sus perreras climatizadas tras las jornadas de rastreo.

A las nueve de la mañana, el buque María de Maeztu atracó en su base de Santurtzi con todos sus sistemas de salvamento a punto.

A las nueve y cuarto de la mañana, los amarradores del puerto de Bilbao confirmaron que el Nordic Sentinel permanecía bajo precinto judicial estricto.