CAPÍTULO 18 — LA DETENCIÓN DEL CONSORCIO Y LA ENTREGA DE LAS ALIANZAS
A las seis de la madrugada del veintiséis de enero, el Juzgado de Instrucción número cuatro de Barakaldo y la Fiscalía de la Audiencia Nacional coordinaron con Europol la ejecución simultánea de once órdenes europeas de detención y registro.
En Bilbao, unidades de la Policía Judicial de la Ertzaintza y de la Unidad Central de Inteligencia ( UCI ) irrumpieron en la sede corporativa de Nordic Environmental Logistics en la Gran Vía.
El subcomisario Mikel Echeveste y la inspectora Irati Mendiluze , acompañados por secretarios judiciales y peritos informáticos, procedieron al arresto de los tres directores generales de la compañía.
—Quedan detenidos por presuntos delitos de terrorismo medioambiental, pertenencia a organización criminal transnacional, tenencia y tráfico de precursores químicos de guerra y homicidio en grado de tentativa múltiple —notificó la inspectora mientras los técnicos clonaban los servidores centrales y sellaban las cajas fuertes con los libros contables b.
En Madrid y Rotterdam, intervenciones coordinadas de la Guardia Civil y la Policía Nacional holandesa procedieron al embargo cautelar de cuentas bancarias y a la incautación de terminales marítimas asociadas al carguero Nordic Sentinel .
A las 08:30 horas, en la sede central del Instituto Vasco de Medicina Legal en Bilbao, la doctora Leire Arregi y el equipo de peritos economistas forenses analizaron las transferencias bancarias encriptadas a través de redes blockchain.
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—Los documentos contables demuestran que el objetivo final era inutilizar las explotaciones mineras y turísticas de Las Encartaciones para forzar una devaluación masiva del suelo y adquirir las concesiones mineras a precio de saldo —explicó Leire en el informe pericial conjunto.
A las diez de la mañana, en el Palacio de Justicia de Bilbao, la magistrada Elena Orue presidió la vista de ratificación de medidas cautelares ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.
Con la asistencia del cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar y la doctora Leire Arregi en calidad de peritos técnicos de intervención y forense, la jueza decretó el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza de todos los imputados.
—Las pruebas aportadas por los cuerpos de bomberos, el Instituto de Medicina Legal y la Ertzaintza son de una solidez científica y probatoria intachable. La sociedad vasca queda protegida ante cualquier nueva amenaza —sentenció la magistrada.
A las doce del mediodía, Korta llegó al Parque Central de Bomberos de Bilbao en Miribilla.
Todo el retén de guardia, los mandos del servicio de extinción de incendios y los compañeros del Grupo de Rescate Técnico ( GRT ) formaron un pasillo de honor en la nave principal.
El sargento Gorka Beldarrain y el bombero especialista Mikel Busturia le hicieron entrega del casco de intervención de honor con el escudo de Bizkaia grabado en bronce.
—¡Eres el orgullo de este parque, cabo Cortázar! —exclamó Beldarrain estrechando su mano entre los aplausos y vítores de todos los turnos.
Korta alzó el casco emocionado.
—Este triunfo pertenece a cada uno de los bomberos que entran en el fuego sin dudar y a los sanitarios que nos cuidan en cada segundo.
A la una y media de la tarde, compartieron una comida de hermandad en el comedor del parque.
Degustaron una monumental cazuela de marmitako de bonito del norte con patatas de Álava y pimientos choriceros , acompañada de hogazas de pan de leña y vino de Rioja Alavesa.
Las anécdotas, las risas y la alegría por el deber cumplido llenaron el recinto de una camaradería imborrable.
A las tres y media de la tarde, Leire y Korta se desplazaron al Hospital Universitario de Cruces.
Visitaron la planta de hospitalización de la Unidad de Quemados y Cuidados Intensivos.
Los dos agentes de la Ertzaintza que habían sufrido la intoxicación aguda en la cantera de Peñas Blancas recibieron el alta médica definitiva.
—¡Doctora Arregi, cabo Cortázar, gracias a ustedes bailaremos en su boda este fin de semana! —dijeron los policías estrechando sus manos con lágrimas en los ojos.
A las cinco de la tarde, Korta y Leire pasearon por los soportales de la Plaza Nueva de Bilbao.
Disfrutaron de la atmósfera serena de la tarde invernal, degustando unos pintxos de bacalao al pil-pil y croquetas de jamón ibérico en la taberna tradicional.
Korta tomó la mano de Leire.
—Ha llegado nuestro momento, Leire. Todo el dolor ha quedado atrás.
A las seis de la tarde, el vehículo de Korta y Leire cruzó el puente viejo de San Pedro de Galdames.
Las campanas de la iglesia tañían alegremente y los vecinos de todos los barrios del valle aguardaban en la plaza ondeando ramos de flores y aplaudiendo.
El alcalde y los txistularis locales les recibieron con un aurresku de bienvenida popular en el frontón municipal.
Los aplausos de toda la comunidad encartada resonaron contra las laderas del monte Kolitza.
A las siete de la tarde, Korta y Leire llegaron a las puertas de Arregi-Enea .
La fachada de piedra arenisca estaba adornada con arcos de hiedra silvestre, ramas de laurel bendito y candiles de hierro iluminando el camino de entrada.
Don Imanol Arregi y doña Begoña les recibieron en el zaguán con un abrazo emocionado que fundió a toda la familia en una sola lágrima de felicidad.
A las ocho de la noche, don Imanol condujo a Korta y Leire a la fragua del caserío.
Sobre el yunque de acero pulido reposaban las dos alianzas matrimoniales forjadas artesanalmente.
Una aleación perfecta de oro puro de veinticuatro quilates y hierro noble extraído de las antiguas minas de Triano, con la inscripción grabada en el interior: «Beti elkarrekin — Siempre juntos — 26.01» .
—Hijos míos, estas alianzas son el símbolo de vuestra fuerza indestructible. Que la nobleza del hierro y la pureza del oro guíen vuestros pasos para siempre —dijo don Imanol bendiciendo los anillos con su voz quebrada por el afecto.
A las ocho y media de la noche, el párroco don Xabier asperjó con agua bendita las alianzas y el ajuar nupcial en el oratorio familiar.
—Dios bendiga esta unión sagrada forjada en el valor, la lealtad y el sacrificio por el prójimo.
A las nueve de la noche, la familia disfrutó de una cena inolvidable frente a los leños encendidos de la chimenea.
Doña Begoña sirvió unos lomos de merluza del Cantábrico a la cazuela con almejas finas, kokotxas y espárragos de la huerta , seguidos de una tarta de manzana reineta con nueces y crema de vainilla.
Don Imanol descorchó una botella de Txakoli de Galdames de edición especial reservada para las grandes ocasiones.
A las diez de la noche, los músicos y danzaris de Las Encartaciones ensayaban bajo la luna llena en los prados de Arregi-Enea .
Las melodías ancestrales de la alboka y las gaitas llenaban la noche de un misticismo alegre y festivo.
A las once de la noche, Korta y Leire salieron a caminar por el sendero que bordea el bosque de hayas centenarias.
El aire era puro y fresco, con el susurro suave del arroyo Mercadillo deslizándose entre las rocas musgosas.
Korta tomó a Leire en sus brazos y la estrechó contra su pecho con una fuerza tierna y protectora.
—Te amo más que a nada en este mundo, Leire.
—Y yo a ti, Jon Ander. Mi corazón y mi alma te pertenecen por toda la eternidad.
A las doce de la noche, bajaron a la bodega del caserío.
Degustaron una cuña de queso Idiazábal ahumado con dulce de membrillo casero y un culín de sidra natural vizcaína.
Brindaron por el honor, la justicia y la dicha eterna de su hogar.
A la una de la madrugada, Korta y Leire subieron a la buhardilla de Arregi-Enea .
Frente al resplandor cálido de los leños de roble que chisporroteaban en la chimenea, se despojaron de sus ropas lentamente, contemplándose con devoción y un amor infinito.
Korta acarició la piel suave y tibia de Leire con una delicadeza sagrada, besando cada centímetro de su cuerpo con la veneración de quien ha encontrado el sentido supremo de su existencia.
Leire envolvió el cuerpo fuerte y protector de Korta con sus brazos y sus piernas, sintiendo el latido poderoso y compasado de su pecho de bombero.
Se entregaron el uno al otro sobre el lecho de sábanas de lino fresco con una pasión volcánica, tierna y sublime.
Cada caricia, cada beso y cada gemido sellaron la unión eterna de dos almas que habían atravesado el fuego, el veneno y la tormenta para fundirse en un solo ser.
Hicieron el amor al ritmo de las brasas doradas, colmándose de dicha hasta que la noche se llenó de susurros de amor incondicional.
—Te amo con toda mi alma, Jon Ander —susurró Leire besando sus labios con devoción infinita.
—Y yo a ti, Leire... hasta el último aliento de mi vida —respondió Korta estrechándola contra su pecho con una ternura indestructible.
A las tres de la madrugada, abrazados bajo el edredón de lana virgen, Korta velaba el sueño dulce y tranquilo de Leire.
La paz que inundaba la buhardilla era el fruto de la justicia conquistada y del amor más puro y leal.
A las cuatro de la madrugada, los vecinos de Galdames terminaron de engalanar los cuatro carros tirados por bueyes y caballos pottokas con flores de lavanda, ramas de boj y cintas blancas.
A las cinco de la mañana, doña Begoña sirvió jarras de chocolate espeso a la taza con picatostes fritos en aceite virgen para los preparativos matinales.
A las cinco y media de la mañana, Leire y doña Begoña revisaron el vestido blanco de novia con bordados de encaje en seda fina, mientras don Imanol ayudaba a Korta con su chaleco y txapela negra tradicional.
A las seis y media de la mañana del veintisiete de enero, las campanas de bronce de la parroquia de San Pedro de Galdames rompieron en un repique solemne y festivo.
El sol dorado de la mañana disipó la bruma invernal, iluminando los caseríos de piedra y los prados esmeralda de Las Encartaciones.
A las siete de la mañana, el subcomisario Echeveste confirmó que el dispositivo perimetral de la Ertzaintza garantizaba la tranquilidad absoluta de los festejos en todo el valle.