CAPÍTULO 15 — EL INCENDIO DE INTERFAZ EN LOS MONTES DE TRIANO Y EL DESPLIEGUE DE LOS HIDROAVIONES CANADAIR #2
A las diez y media de la noche, hicieron una breve parada junto a las torres de hierro del Puente Bizkaia.
La estructura centenaria de Eiffel resplandecía iluminada en azul sobre las aguas tranquilas del Nervión.
—El hierro de nuestros abuelos sigue uniendo las dos orillas de nuestro pueblo —dijo Leire admirando la pasarela.
A las once de la noche, regresaron al caserío familiar de Galdames.
Don Imanol y doña Begoña les recibieron en el porche con una jarra de infusión de manzanilla silvestre y miel de monte.
Don Imanol abrazó a Korta con orgullo.
—He seguido las noticias por Radio Euskadi, Jon Ander. Lo que habéis hecho hoy en La Arboleda lo recordarán generaciones de vizcaínos.
A las once y media de la noche, la juventud de Galdames ensayaba los pasos solemnes del Aurresku de Honor en la plaza del pueblo.
El sonido limpio del txistu y el redoble del tamboril flotaban bajo la luz de la luna llena, envolviendo el valle en un ambiente de fiesta y hermandad.
A las doce de la noche, doña Begoña mostró a Leire la mantilla nupcial de encaje bordada con motivos de flores silvestres.
—Estarás radiante ante el altar, hija mía. La novia más hermosa que ha visto este valle —dijo la madre emocionada.
Leire besó las manos trabajadas de su madre con lágrimas de dicha.
A las doce y media de la noche, Korta e Imanol bajaron a la fragua.
Forjaron un par de herrajes decorativos con forma de trébol de cuatro hojas para la puerta de la buhardilla.
El repiqueteo del martillo en la noche encartada simbolizaba la unión del trabajo, la tradición y el amor duradero.
A la una de la madrugada, Korta y Leire salieron a caminar descalzos por la hierba fresca del prado.
El cielo estaba tapizado de estrellas sobre la mole oscura del monte Kolitza.
Korta tomó a Leire en sus brazos y la besó con una pasión honda y arrolladora.
—Te amo más que a mi propia vida, Leire. Eres mi hogar, mi paz y mi destino.
Leire hundió sus dedos en el cabello de Korta.
—Y tú eres mi roca y mi refugio, Jon Ander. Por siempre y para siempre.
A la una y media de la madrugada, bajaron a la bodega del caserío.
Degustaron una copa de txakoli fresco de la cosecha propia, con aromas a manzana verde y notas cítricas.
Brindaron por el amor, la salud de su familia y el futuro de su hogar en Las Encartaciones.
A las dos de la madrugada, en la buhardilla, repasaron la lista de invitados para la ceremonia del veintitrés de mayo.
Comprobaron la asistencia de todos los compañeros del GRT de Miribilla, de la Unidad de Quemados de Cruces y de los vecinos del valle.
—Será una fiesta inolvidable para todo nuestro pueblo —dijo Leire sonriendo con ilusión.
A las dos y media de la madrugada, el viento de la sierra soplaba suavemente entre las ramas de los robles del caserío.
El susurro de las hojas mecidas por la brisa infundía una profunda serenidad en el corazón del hogar.
A las tres de la madrugada, Korta y Leire se detuvieron en la taberna de Arenao.
Degustaron unos vasos de sidra dulce de manzana recién prensada acompañada de queso fresco de oveja latxa.
El frescor aromático del mosto reconfortó su espíritu tras la intensa jornada.
A las tres y media de la madrugada, la dotación de bomberos verificó la presión y el caudal estático de los doce hidrantes del polígono industrial de Trapagaran.
—Red de abastecimiento contra incendios a seis bares de presión constante —registró el cabo en la libreta.
A las cuatro de la madrugada, Korta y Busturia probaron la motobomba ligera Tohatsu VC82ASE en el cauce del río Mercadillo.
Alcanzaron una presión de diez bares con manguera de cuarenta y cinco milímetros en menos de quince segundos.
—Bomba portátil al cien por cien de rendimiento para accesos difíciles.
A las cuatro y media de la madrugada, montaron a caballo por los senderos nevados del hayedo de Galdames.
La luna llena iluminaba los troncos plateados de las hayas centenarias creando un pasillo de luz mágica.
Korta tomó la rienda de Leire y la besó con infinita ternura.
A las cinco de la mañana, de regreso al caserío, don Imanol relató a Korta y Leire las antiguas historias de las Juntas Generales de Avellaneda y la defensa de las libertades encartadas.
—Nuestra tierra siempre ha sido libre, honrada y solidaria —dijo el anciano conmovido.
A las cinco y media de la mañana, el vicario de Balmaseda visitó la fragua de Arregi-Enea .
Bendijo el fuelle de cuero, el carbón de brezo y el agua de templar.
—Que el trabajo de vuestras manos siga siendo fuente de vida y paz.
A las seis de la mañana, Korta e Imanol forjaron doce clavos de cabeza de diamante para la nueva alacena de roble de la cocina.
El brillo incandescente del hierro al rojo vivo iluminó la fragua con chispas de optimismo y trabajo bien hecho.
A las seis y media de la mañana, doña Begoña asó unas txuletillas de cordero lechal sobre las brasas de sarmiento en la cocina baja.
El aroma a brasa y el sabor tierno de la carne deleitaron a toda la familia reunida.
A las siete de la mañana, Korta y Leire subieron a la buhardilla del caserío Arregi-Enea .
Frente al resplandor dorado de las brasas de roble que chisporroteaban suavemente en la chimenea, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión honda, sagrada y reconfortante.
Korta acarició la piel suave y tibia de Leire con una devoción infinita, besando cada centímetro de su cuerpo con la ternura de quien sabe que ha encontrado el hogar eterno y el sentido supremo de su destino.
Leire envolvió el cuerpo fuerte y protector de Korta con sus brazos y sus piernas, suspirando de felicidad mientras se fundían en un abrazo íntimo e indestructible.
Hicieron el amor al compás sosegado de las brasas, sabiendo que su unión era invencible y que habían sellado para siempre su destino de amor y lealtad.
—Te amo con toda mi alma, Jon Ander —susurró Leire besando sus labios con devoción infinita y serena.
—Y yo a ti, Leire... hasta el último latido de mi vida —respondió Korta estrechándola contra su pecho con una ternura indestructible y eterna.
A las siete y media de la mañana del veinte de enero, las campanas de bronce de San Pedro de Galdames saludaron el nuevo día con su repique solemne.
Los primeros rayos del sol invernal atravesaron la bruma disipándola sobre los prados verdes y los tejados de piedra de los caseríos encartados.
A las ocho de la mañana, doña Begoña sirvió en la mesa de roble un desayuno caliente de huevos fritos de corral con jamón curado, tostadas de pan de leña con aceite virgen y café con leche recién hervida.
Toda la familia compartió la mesa con una alegría desbordante y una sensación de paz profunda.
A las ocho y media de la mañana, don Imanol mostró a Korta los comederos de madera recién barnizados.
—Los animales están tranquilos y bien alimentados, Jon Ander. La cuadra respira salud.
A las nueve de la mañana, caminaron por las campas de hierba tierna contemplando las vacas pastando bajo la niebla matutina.
El aire puro y frío llenaba sus pulmones de vitalidad y energía.
A las nueve y media de la mañana, se acercaron a la quesería familiar de Sopuerta.
Degustaron una tabla de quesos de pasta blanda curados en corteza natural con hierbas silvestres.
Compraron dos piezas para el banquete nupcial.
A las diez de la mañana, los técnicos de telecomunicaciones revisaron las antenas de repetición de la red TETRA.
—Señal de radiofrecuencia al cien por cien de potencia en todo el corredor minero.
A las diez y media de la mañana, los guardas forestales pasaron por el caserío para agradecer la intervención de Korta.
—Sin vuestro contrafuego técnico hoy estaríamos lamentando la pérdida de cientos de hectáreas de bosque autóctono.
A las once de la mañana, doña Begoña sirvió una torta de anís recién sacada del horno con un vaso de leche con miel.
El aroma a anís estrellado perfumó toda la cocina.
A las once y media de la mañana, don Xabier bendijo las simientes de tomate, calabacín y alubias que se plantarán en primavera.
—Que la tierra fecunda de este valle dé cosechas abundantes para vuestro hogar.
A las doce del mediodía, Leire y Korta almorzaron en un restaurante cercano al hospital.
Degustaron una cazuela de merluza en salsa verde con almejas finas y espárragos de Tudela.
Brindaron por el éxito de las intervenciones conjuntas.
A la una de la tarde, Korta verificó los niveles de aceite sintético del compresor de aire respirable.
—Compresor listo para abastecer los equipos de intervención pesada.
A la una y media de la tarde, Leire revisó los electrodos de desfibrilación pediátrica y de adulto en el VIR.
—Monitor electromédico calibrado y al cien por cien de carga de batería.
A las dos de la tarde, Korta y Leire practicaron los pasos del vals nupcial al son de una música suave en el tocadiscos.
Korta la guiaba con elegancia y paso firme entre risas y miradas cómplices.
—Bailas como un ángel, Leire.
—Porque tú me haces flotar, Jon Ander.
A las dos y media de la tarde, don Imanol tomó una fotografía de la pareja abrazada junto al roble del caserío.
El sol poniente proyectaba una luz dorada sobre sus rostros sonrientes y enamorados.
A las tres de la tarde, visitaron la base de salvamento marítimo de la Cruz Roja en el puerto pesquero de Santurtzi.
Revisaron las embarcaciones de rescate semirrígidas Zodiac Hurricane equipadas con desfibriladores y camillas de inmovilización espinal.