Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 15 — EL INCENDIO DE INTERFAZ EN LOS MONTES DE TRIANO Y EL DESPLIEGUE DE LOS HIDROAVIONES CANADAIR #3
59%

CAPÍTULO 15 — EL INCENDIO DE INTERFAZ EN LOS MONTES DE TRIANO Y EL DESPLIEGUE DE LOS HIDROAVIONES CANADAIR #3

—Coordinación perfecta entre los equipos de costa y los de montaña —anotó el jefe de base.

A las tres y media de la tarde, en las campas de Arregi-Enea , don Imanol enseñó a Korta la técnica del tiro con arco de fresno tradicional.

Las flechas silbaron en el aire diáfano clavándose en el centro de la diana de paja prensada.

—Buena puntería y pulso de acero, Jon Ander —alabó el anciano.

A las cuatro de la tarde, hicieron una parada en una posada centenaria de Güeñes.

Degustaron una cazuela de morros de ternera guisados con pimiento choricero, cebolla pochada y jamón ibérico.

El sabor untuoso y profundo de la salsa vizcaína colmó el paladar con la excelencia gastronómica de la tierra.

A las cuatro y media de la tarde, Leire recogió los pañuelos de hilo bordados a mano en Balmaseda.

—Cada dobladillo está cosido con devoción y primor para el gran día —dijo la maestra costurera.

A las cinco de la tarde, los mecánicos del parque móvil revisaron las pastillas de freno cerámicas y los amortiguadores del VIR.

—Vehículo de emergencias al cien por cien de seguridad activa y pasiva.

A las cinco y media de la tarde, contemplaron las murallas de piedra caliza del castillo de Muñatones en Muskiz.

El reflejo del torreón medieval sobre el río Barbadun creaba una estampa solemne de historia y nobleza.

Korta tomó la mano de Leire.

—Nuestra historia también quedará escrita en piedra para siempre, Leire.

A las seis de la tarde, en la ermita de San Antolín de Galdames, el sacerdote don Xabier bendijo las alianzas matrimoniales.

—Que la bendición divina guarde vuestro amor en la salud, en el peligro y en la paz.

A las seis y media de la tarde, Korta y Leire subieron a la capilla de San Roque portando un ramo de brezo silvestre y ramas de olivo bendito.

Depositaron la ofrenda ante la imagen del santo protector de las epidemias y las tempestades.

—Por la salud de todos los que arriesgan su vida por Bizkaia —rezó Leire en silencio.

A las siete de la tarde, la Diputada General de Bizkaia y el Director de Protección Civil acudieron a Galdames para felicitar en persona a la pareja.

—Vuestra entrega en el frente de Triano ha salvado vidas y un patrimonio forestal de valor incalculable —manifestaron entregándoles una placa conmemorativa con el árbol de Gernika en relieve de plata.

A las siete y media de la tarde, Korta y Leire subieron a la buhardilla de Arregi-Enea .

Frente al resplandor dorado de las brasas de roble que chisporroteaban suavemente en la chimenea, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión honda, sagrada y reconfortante.

Korta acarició la piel suave y tibia de Leire con una devoción infinita, besando cada centímetro de su cuerpo con la ternura de quien sabe que ha encontrado el hogar eterno y el sentido supremo de su destino.

Leire envolvió el cuerpo fuerte y protector de Korta con sus brazos y sus piernas, suspirando de felicidad mientras se fundían en un abrazo íntimo e indestructible.

Hicieron el amor al compás sosegado de las brasas, sabiendo que su unión era invencible y que habían sellado para siempre su destino de amor y lealtad.

—Te amo con toda mi alma, Jon Ander —susurró Leire besando sus labios con devoción infinita y serena.

—Y yo a ti, Leire... hasta el último latido de mi vida —respondió Korta estrechándola contra su pecho con una ternura indestructible y eterna.

A las ocho de la tarde, las campanas de bronce de la iglesia parroquial de San Pedro de Galdames saludaron el nuevo día con su repique solemne.

Los primeros rayos del sol invernal atravesaron la bruma disipándola sobre los prados verdes y los tejados de piedra de los caseríos encartados.

A las ocho y cuarto de la tarde del veintiuno de enero, don Xabier acudió a la sala principal de Arregi-Enea para bendecir las gruesas mantas de pura lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el valle para el lecho de los futuros esposos.

El sacerdote roció las mantas con hisopo de plata y pronunció las tradicionales palabras de bendición.

—Que este abrigo noble y puro proteja vuestro lecho de bodas, recordando siempre que el verdadero calor del hogar no proviene solo del fuego de la chimenea, sino de la fidelidad inquebrantable y del amor generoso que os profesáis mutuamente ante Dios y ante vuestro pueblo.

Leire y Korta agradecieron la bendición con profunda reverencia, sintiendo la paz inmensa que reinaba en cada rincón del caserío ancestral.

A las ocho y media de la tarde del veintiuno de enero, los rayos dorados del sol iluminaron las cumbres nevadas del monte Kolitza y el valle de Galdames.

Korta y Leire contemplaban el paisaje abrazados desde el ventanal de la buhardilla, con las manos entrelazadas y los corazones latiendo al unísono.

Toda Bizkaia respiraba en paz, sabiendo que sus guardianes velaban por ella con una entrega incondicional, un coraje invencible y un amor inquebrantable.

En el Capítulo 16 ( El Informe Pericial del Sabotaje en la Cantera y el Hallazgo de las Cargas Residuales ) , una nueva investigación técnico-forense desvelará los secretos más oscuros de la trama criminal.