CAPÍTULO 14 — LA REANIMACIÓN CON ECMO EN EL PUESTO MÓVIL Y EL NUEVO DESAFÍO EN LOS MONTES DE TRIANO #2
A las cuatro y media de la tarde, Leire y el equipo electromédico de Cruces realizaron la calibración y desinfección química de las líneas del Cardiohelp y la reposición de los transductores de presión en el VIR.
—Sistema de oxigenación extracorpórea móvil listo para cualquier nueva intervención crítica —certificó el ingeniero biomédico.
A las cinco y media de la tarde, en el Parque de Urioste, Korta y Beldarrain probaron las nuevas cizallas electrohidráulicas Weber Rescue E-Force 3 .
Cortaron con precisión quirúrgica perfiles de acero estructural de cincuenta milímetros en tres segundos.
—Herramientas de excarcelación pesada al cien por cien de potencia —anotó Egoitz con una sonrisa de satisfacción.
A las seis y media de la tarde, Leire y Miren Mendiluze evaluaron los parámetros hemodinámicos de los dos policías en la UCI.
Ante la excelente recuperación miocárdica, redujeron el soporte de flujo a dos litros por minuto, iniciando con éxito el protocolo de retirada progresiva ( weaning ) del ECMO.
—Ambos pacientes podrán ser extubados en las próximas veinticuatro horas —declaró Miren con una sonrisa de alivio.
A las siete y media de la tarde, Korta y Leire visitaron el taller del maestro ebanista de Artzentales.
Seleccionaron un tablón macizo de madera de castaño curado durante cuarenta años para fabricar la gran mesa del comedor de Arregi-Enea .
—Esta madera vivirá más de doscientos años en vuestra casa, muchachos —dijo el artesano acariciando la veta dorada.
A las ocho y media de la noche, subieron en el todoterreno a los altos de Ilso.
Desde los cortados calizos, contemplaron el vuelo majestuoso de dos buitres leonados recortándose contra el cielo estrellado del anochecer.
Korta tomó a Leire de la mano.
—Mira cómo vuelan libres, Leire... Como nuestras vidas en este valle hermoso.
A las nueve de la noche, se detuvieron en una sidrería tradicional de Gordexola.
Degustaron cuñas de queso Idiazábal ahumado con espino albar acompañado de una botella de sidra espumosa artesanal.
El aroma a manzana fermentada y el crujido del queso curado llenaron de calidez la velada encartada.
A las nueve y media de la noche, Leire y Korta mantuvieron una sesión informativa con la directiva del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos del País Vasco en Bilbao.
Presentaron el mapa de fallas y cavidades kársticas selladas de Peñas Negras y Bodovalle.
—La comunidad científica vasca avala sin reservas la seguridad estructural del subsuelo de Las Encartaciones —dictaminó el presidente colegial.
A las diez de la noche, hicieron una breve visita a la cooperativa textil artesanal de Zalla.
Comprobaron la confección de los manteles nupciales de hilo con bordados de hojas de roble y lauburus tradicionales.
—Las costureras de Zalla estamos poniendo el alma en cada puntada para vuestra boda, Leire —dijo la presidenta del taller.
A las diez y media de la noche, Leire y el equipo de trauma supervisaron la baliza de aproximación omnidireccional del helipuerto del Hospital de Cruces.
—Helipuerto operativo con visibilidad instrumental para aterrizajes nocturnos bajo cualquier condición meteorológica —notificó el jefe de torre.
A las once de la noche, Korta revisó los filtros de secado y purificación del compresor de alta presión Bauer Poseidon en el Parque Central de Miribilla.
El aire comprimido para las botellas de trescientos bar cumplió los estándares de pureza EN 12021.
—Cero trazas de aceite, monóxido de carbono o humedad en el aire de intervención de nuestros bomberos —registró Korta en el libro de mantenimiento.
A las once y media de la noche, Korta y Leire visitaron la Ferrería de El Pobal en Muskiz.
El maestro ferrón puso en marcha el martinete hidráulico sobre el yunque medieval.
Forjaron una aldaba de bronce con forma de cabeza de león para la entrada principal del caserío.
—El fuego y el agua crean la fuerza de nuestro hogar —dijo Leire sosteniendo la pieza tibia entre sus manos.
A las doce de la noche, los técnicos de telecomunicaciones verificaron el cable de fibra óptica sensora distribuida (DTS) en el túnel de Peñas Negras.
Registraron lecturas térmicas estables de doce grados en todo el trazado subterráneo.
—Cero fluctuaciones térmicas en las galerías selladas —anotó el ingeniero de control.
A las doce y media de la noche, Korta y Leire compartieron un termo de café de puchero con la dotación de relevo del Parque de Bomberos de Urioste.
Los bomberos de guardia les agradecieron su constante apoyo en las intervenciones químicas.
—Con vosotros en primera línea siempre sabemos que estamos en las mejores manos, cabo Cortázar.
A la una de la madrugada, montaron a caballo por los senderos nevados del hayedo de Peñas Blancas en Galdames.
La luz de la luna llena filtraba sombras plateadas a través de las ramas desnudas de las hayas centenarias.
Korta tomó la rienda del caballo de Leire, acercándola hacia él y besándola con ternura en los labios.
—Este valle guarda la memoria de nuestros antepasados y la promesa de nuestro porvenir, Leire.
A la una y media de la madrugada, conversaron por radio con el puesto de rescate en montaña de la Cruz Roja en el Valle de Karrantza.
Revisaron los protocolos de intervención con trineos de nieve y camillas nido para la cordillera.
—Todos los puestos de montaña de Bizkaia enlazados y en alerta preventiva —notificó el coordinador.
A las dos de la madrugada, hicieron una parada en un mesón rural de Sopuerta.
Degustaron una fuente de morcillas artesanas de arroz con costillas de cerdo adobadas a la brasa de sarmiento y un vaso de vino de la tierra.
El sabor rústico y profundo de la gastronomía encartada alimentó su espíritu tras la intensa jornada.
A las dos y media de la madrugada, en una breve parada en la iglesia parroquial de San Pedro de Galdames, don Xabier leyó las amonestaciones matrimoniales canónicas.
—Todo está en regla ante Dios y ante nuestro pueblo para el veintitrés de mayo —anunció el sacerdote con una sonrisa paternal.
A las tres de la madrugada, Korta y Busturia realizaron una prueba de aspiración con mangueras semirrígidas de ciento diez milímetros en el cauce limpio del río Kadagua.
El camión nodriza llenó su cisterna de catorce mil litros en dos minutos y medio.
—El sistema de abastecimiento de emergencia en ríos naturales responde con máxima eficacia —anotó el sargento.
A las tres y media de la madrugada, doña Begoña y Leire extendieron en la mesa baja del caserío las sábanas de lino bordadas a mano y los pañuelos de seda de la abuela.
—Este ajuar lleva la bendición de cuatro generaciones de mujeres fuertes y leales de Galdames, Leire —dijo doña Begoña acariciando la tela conmovida.
A las cuatro de la madrugada, don Xabier acudió a las cuadras del caserío para bendecir a los dos caballos pottokas y al ganado vacuno.
Trazó la señal de la cruz con agua bendita sobre el dintel de piedra.
—Que estos nobles animales sigan trabajando la tierra con salud y fortaleza bajo vuestra custodia.
A las cuatro y media de la madrugada, la patrulla de guardas forestales de la Diputación se detuvo frente al caserío para saludar a Korta y Leire con un café caliente.
—Todo tranquilo en las cumbres de Peñas Negras y Triano, cabo. La sierra duerme en paz.
A las cinco de la mañana, Korta e Imanol bajaron a la fragua.
Con martillo y tenazas, templaron en agua de manantial la hoja de una azada de acero forjado para la huerta.
El sonido acompasado del metal al rojo vivo resonó en la colina como un himno de trabajo honrado y sereno.
A las cinco y media de la mañana, en la buhardilla de Arregi-Enea , Leire y Korta conversaron acurrucados al calor de la chimenea sobre su futuro hogar.
—Quiero que nuestros hijos crezcan corriendo por estas campas, aprendiendo el respeto a la tierra y el valor del deber —susurró Leire apoyando la cabeza en el pecho de Korta.
Korta la abrazó con toda su ternura protectora.
—Tendrán la madre más sabia y amorosa del mundo, Leire.
A las seis de la mañana, visitaron las colmenas tradicionales de Artziniega.
Degustaron miel pura de brezo y bosque recolectada en paneles de roble.
—La pureza de nuestra miel es el testimonio vivo de la salud de nuestros montes —dijo el maestro apicultor regalándoles un tarro para el caserío.
A las seis y media de la mañana, Leire analizó al microscopio óptico de polarización las muestras de los techos del antiguo taller minero de Gallarta.
Certificó la ausencia de fibras respirables de crisotilo o crocidolita en el aire ambiente.
—Pabellón industrial seguro para su reconversión en museo cultural —anotó Leire.
A las siete de la mañana, se acercaron al taller de cantería de Balmaseda.
Encargaron una placa de piedra arenisca labrada con el escudo de Bizkaia y la barrena minera para el Parque Central de Bomberos.
—Quedará esculpida para la eternidad en memoria de los bomberos caídos —dijo el maestro cantero.
A las siete y cuarto de la mañana, contemplaron desde la ermita de San Roque la desembocadura de la ría del Nervión.
Las aguas limpias reflejaban el cielo rosáceo del alba cantábrica.
Korta abrazó a Leire con devoción infinita.
—Esta ría vuelve a latir limpia y llena de vida, Leire.
A las siete y media de la mañana, hicieron una parada en una tasca marinera de Barakaldo.
Degustaron unos medallones de merluza frita en sartén de hierro con pimientos verdes asados.
El sabor tradicional marinero completó una noche de rondas y vigilias.
A las ocho de la mañana, Korta y Beldarrain revisaron el sistema de despliegue de la autoescala de treinta y dos metros Magirus M32L-AS .
Alcanzaron la cota máxima en cuarenta segundos con la cesta de rescate estabilizada contra vientos de sesenta kilómetros por hora.
—La escala pesada de Urioste lista para intervenciones en altura —registró el cabo en la ficha técnica.
A las ocho y media de la mañana, Leire y el equipo de electromedicina verificaron las sondas lineales de doce megahercios de los ecógrafos de urgencias.
—Resolución vascular óptima para canulaciones arteriales y venosas de emergencia —anotó la facultativa.