CAPÍTULO 13 — EL ASALTO A LOS ALMACENES FRANCOS DE SANTURTZI #2
A las 11:45 horas, un convoy especial escoltado por blindados de la Brigada Móvil y vehículos de bomberos de Miribilla trasladó las cargas explosivas y los detonadores hasta los búnkeres subterráneos de máxima seguridad del Polvorín Central de Iurreta .
Allí, en cámaras acorazadas a prueba de explosión termobárica, los técnicos de la UDE procedieron a la desmilitarización segura de los artefactos y a la neutralización del compuesto termítico con baños de sales inertes.
—Todo el material queda bajo custodia judicial y sin ningún riesgo para la población civil —notificó el jefe de la unidad de explosivos.
A las 12:30 horas, Korta y los inspectores de seguridad del Puerto de Bilbao supervisaron la prueba de caudal del sistema automático de diluvio por espuma de la nave.
Las bombas diésel de aspiración marina inyectaron doce mil litros por minuto a diez bar de presión en los rociadores de techo.
—Sistemas de protección portuaria verificados y plenamente operativos —anotó el director de seguridad del puerto.
A la una y media del mediodía, las dotaciones de Bomberos de Miribilla y Urioste, junto a Leire y el equipo médico del IVML, se reunieron en el comedor de guardia del Parque de Bomberos de Urioste .
El cabo cocinero del parque había preparado una descomunal cazuela de marmitako de bonito del norte con patatas de Álava, pimientos verdes de Gernika y pimentón de la Vera .
Sentados alrededor de la larga mesa de madera de roble, compartieron el almuerzo entre risas, anécdotas del asalto y un ambiente de camaradería profunda.
Egoitz Beldarrain sirvió los platos con una sonrisa radiante.
—¡Qué bien sienta este marmitako después de desactivar una nave entera de explosivos en el puerto! —exclamó Egoitz levantando su vaso de agua.
Busturia brindó con Korta y Leire.
—Por el mejor binomio de Bizkaia. La ciencia de la doctora Arregi y la sangre fría del cabo Cortázar.
A las tres de la tarde, Korta y Leire se acercaron a la cantina de estibadores del muelle de Santurtzi.
Los trabajadores portuarios, curtidos por años de carga y descarga en los muelles del Abra, les recibieron con aplausos y vítores.
—Gracias por asegurar nuestras vidas y nuestros puestos de trabajo, muchachos —dijo el presidente del comité de empresa estrechando la mano de Korta.
A las cuatro de la tarde, Korta y su equipo regresaron al Parque Central de Miribilla para realizar la limpieza, descontaminación y puesta a punto de los trajes Trellchem y los equipos de respiración autónoma.
Comprobaron la presión de las botellas de composite a trescientos bar y el calibrado de los sensores PID con gas patrón de isobutileno.
—Todos los equipos de Miribilla al cien por cien operativos para la siguiente intervención —anotó Korta en el libro oficial de guardia.
A las cinco de la tarde, Leire se desplazó al laboratorio de microscopía del IVML en Olabeaga.
Bajo el microscopio electrónico de barrido JEOL JSM-IT800 , analizó la microestructura cristalina del revestimiento cónico de cobre de las cargas huecas incautadas.
El análisis por dispersión de energía de rayos X (EDX) reveló una pureza del cobre del noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento con microinclusiones de tantalio, diseñado para generar un chorro de plasma a ocho mil metros por segundo capaz de perforar veinte centímetros de blindaje naval.
—La pericia balística confirma la intención de sabotaje estructural en tuberías submarinas —anotó Leire en el dictamen pericial.
A las seis de la tarde, en el Juzgado de Barakaldo, la jueza Elena Orue tomó declaración a los patrones de los remolcadores Ibaizabal Once y Galdames .
Los marinos aportaron las grabaciones del radar AIS que demostraron cómo los mercenarios intentaron fondear balizas de señalización clandestinas en el canal de Deusto.
—El testimonio de los prácticos y patrones cierra la pinza sobre las rutas marítimas ilegales —destacó la fiscalía.
A las seis y media de la tarde, el buque oceanográfico del Instituto Español de Oceanografía (IEO) completó el escaneo batimétrico multihaz del lecho marino del muelle Nemesio Sobrevila.
Descartaron la presencia de artefactos explosivos o cilindros fondeados en los fondos lodosos del puerto.
—Dársena portuaria limpia y segura para la navegación mercante —certificó el capitán del buque hidrográfico.
A las siete de la tarde, en el Parque Central de Miribilla, el jefe del servicio de bomberos entregó a la doctora Leire Arregi un Casco Gallet F1 XF con pantalla dorada y los distintivos de Médico de Trauma de Rescate .
El casco llevaba grabadas las firmas de todos los bomberos de las dotaciones de Bilbao.
—Por su valor y entrega en cada intervención en primera línea junto a nosotros —proclamó el jefe de parque entre los aplausos de la guardia.
A las siete y media de la tarde, tras concluir todas las diligencias judiciales y técnicas, Korta y Leire se desplazaron hasta el pintoresco Puerto Viejo de Algorta en Getxo .
Caminaron por las callejuelas empedradas entre casas de pescadores encaladas de blanco con contraventanas rojas y verdes.
El mar Cantábrico batía con fuerza contra el rompeolas, levantando columnas de espuma blanca que se disolvían en la brisa salina del anochecer.
Se detuvieron en una pequeña taberna marinera frente a la dársena, pidiendo dos copas de vino blanco y unas rabas de calamar crujientes recién fritas.
Korta contempló a Leire con una mirada llena de admiración y ternura.
—Leire... hoy has vuelto a demostrar que no hay amenaza que pueda contra tu inteligencia y tu valor.
Leire sonrió, apoyando su mano sobre la de Korta.
—Y tú has vuelto a demostrar por qué eres el hombre más valiente y leal de esta tierra, Jon Ander.
A las ocho de la noche, subieron por la escalinata de piedra hasta la colina de la Ermita de San Telmo , patrón de los mareantes y navegantes.
Desde el mirador, contemplaron la panorámica iluminada de todo el Abra, los faros de Punta Galea y el muelle de Santurtzi en calma.
Korta envolvió a Leire en su chaquetón de abrigo, resguardándola del viento del norte.
—Mira el puerto, Leire... Todo está en paz. Los barcos navegan seguros y las familias duermen tranquilas.
Leire apoyó su cabeza en el pecho firme de Korta.
—Navegan seguros porque hombres como tú cuidan de ellos, Jon Ander.
A las ocho y media de la noche, caminaron por el muelle de Las Arenas bajo la silueta iluminada del Puente Colgante de Bizkaia .
La barquilla transbordadora cruzaba suavemente sobre las aguas oscuras del Nervión.
Korta y Leire contemplaron el monumento de hierro y remaches, símbolo eterno del ingenio y la fuerza industrial de su pueblo.
A las nueve de la noche, hicieron una parada en un mesón tradicional del puerto de Zierbena.
Degustaron anchoas del Cantábrico en salazón artesanal sobre tostas de pan de leña con pimientos asados al carbón y aceite virgen extra.
El sabor intenso y salino del mar se combinaba con la calidez del hogar en una velada perfecta.
A las nueve y media de la noche, caminaron por el espigón de Punta Lucero .
El faro verde destellaba en la oscuridad de la noche marina y el murmullo de las olas mecía el casco de los buques mercantes fondeados.
Korta tomó la cintura de Leire, besándola apasionadamente bajo la luz del faro.
—Este mar y esta tierra son nuestros guardianes, Leire.
A las diez de la noche, de regreso al caserío Arregi-Enea en Galdames, don Imanol y doña Begoña les recibieron con un caldo caliente de verduras de la huerta, cuñas de queso Idiazábal curado y pan de nueces recién tostado en las brasas.
Don Imanol escuchó con orgullo el relato del éxito del operativo en Santurtzi.
—Habéis librado a nuestra ría y a nuestro puerto de una tragedia terrible, muchachos. Que la bendición de San Antolín os acompañe siempre.
A las diez y media de la noche, Korta y Leire acudieron a la iglesia parroquial de San Pedro para presenciar el ensayo del coro tradicional de Las Encartaciones.
Las voces armoniosas entonaron el himno tradicional vasco «Oi Lur, Oi Lur» y la marcha nupcial bajo las bóvedas góticas de piedra.
La emoción inundó el templo y las lágrimas asomaron a los ojos de Leire al escuchar los cantos dedicados a su futuro matrimonio.
A las once de la noche, Korta e Imanol bajaron a la forja del caserío.
Revisaron los ensambles de roble de la nueva puerta para la cuadra y aceitaron las herramientas de trabajo.
—Un hombre que sabe templar el acero y mantener la calma en el peligro es el hombre que mi hija merece —dijo don Imanol palmeándole la espalda.
A las once y media de la noche, Korta y Leire pasearon por el encinar cantábrico que rodea la cueva de Arenaza acompañados por los dos pastores vascos ( euskal artzain txakurra ) del caserío.
La nieve crujía bajo sus pisadas y el aliento cálido de los perros formaba nubecillas blancas en la noche helada.
Korta tomó la mano de Leire, sintiendo la paz inmensa de los montes vizcaínos.
—Aquí en Galdames la vida tiene una verdad que ninguna ciudad puede darte, Leire.
A las doce de la noche, en la buhardilla del caserío, al abrigo del fuego de roble, conversaron sobre sus sueños familiares.
—Si es niño se llamará Aitor, como los viejos robles de Triano —dijo Korta con una sonrisa templada—. Y si es niña, Nahia, como la primavera limpia de nuestras fuentes.
Leire acarició su pecho, con los ojos llenos de emoción y ternura infinita.
—Serán los hijos más felices del mundo en este valle, Jon Ander.
A las doce y media de la noche, se acercaron al taller de forja de Valdivielso en Sopuerta.
Encargaron los tiradores y bisagras de hierro forjado a mano para los armarios de madera de castaño de la buhardilla.
El maestro herrero trazó sobre el yunque los lauburus protectores que adornarán las piezas nupciales.
A la una de la madrugada, visitaron las bodegas del marqués de Legarda en Zalla.
Degustaron una copa de txakoli espumoso elaborado por el método tradicional champenoise.
Brindaron con los viticultores por la salud de las viñas encartadas y por la felicidad de los novios.