CAPÍTULO 12 — EL RELLENO DE LAS GALERÍAS Y LA MISA DEL GALLO MINERA #2
Probaron directamente de las barricas de roble la cosecha de Txakoli Arregi-Enea 2025 .
Un caldo limpio, brillante, con aromas a manzana verde, hierba fresca y notas cítricas de pomelo.
—Este txakoli será el que sirvamos a los trescientos invitados en el banquete de bodas —proclamó don Imanol alzando su copa de cata.
A las seis de la tarde, don Imanol acompañó a Korta y Leire a la fortaleza medieval de Torre Loizaga en Galdames.
Pasearon entre las almenas de piedra y admiraron la célebre colección de sesenta y cinco automóviles clásicos Rolls-Royce .
—El dueño de la torre ha ofrecido un Phantom III de 1937 para trasladaros desde el caserío hasta la ermita de San Antolín el día de vuestra boda —anunció don Imanol con una sonrisa de orgullo.
A las seis y media de la tarde, durante el regreso por la pista forestal, Korta divisó una cría de corzo hembra atrapada en una vieja alambrada de espino junto al río Mercadillo.
Korta detuvo el todoterreno y se acercó despacio, cubriendo la cabeza del animal con su chaquetón para calmarlo.
Utilizando las cizallas de intervención, cortó el alambre con cuidado milimétrico.
Leire examinó la pata trasera del corzo.
—Solo tiene una erosión dérmica superficial sin rotura de ligamentos —dictaminó Leire aplicando spray antiséptico cicatrizante.
Al soltarlo en la espesura del robledal, el corzo dio dos saltos ágiles y desapareció entre los árboles, volviéndose un instante a mirarlos con sus grandes ojos oscuros.
Korta y Leire se miraron emocionados, sintiendo la recompensa de salvar la vida en todas sus formas.
A las siete y media de la tarde, en el viejo horno de piedra del patio de Arregi-Enea , doña Begoña e Imanol hornearon ocho grandes hogazas de pan de masa madre de centeno y maíz con nueces .
La corteza crujiente y dorada desprendía un aroma a cereal tostado y leña de encina que envolvía toda la colina.
Korta cortó una rebanada caliente, untándola con miel oscura de brezo recolectada en las colmenas del caserío.
—Este es el sabor de la vida de verdad, Leire —dijo Korta ofreciéndole un bocado.
Leire saboreó el pan crujiente, apoyando su cabeza en el hombro de Korta.
A las ocho y media de la tarde, Korta y Leire subieron al alto de La Herrera en Zalla.
Frente al monolito erigido en memoria de los bomberos y brigadistas forestales caídos en las grandes intervenciones del norte, depositaron una corona de ramas de roble y laurel silvestre.
Guardaron dos minutos de silencio mientras el viento frío soplaba sobre las cumbres de Las Encartaciones.
Korta se cuadró solemnemente ante el monumento.
—Vuestro sacrificio no fue en vano, compañeros. Guardamos la guardia por vosotros.
A las nueve de la noche, el pleno municipal del Ayuntamiento de Abanto-Zierbena celebró un acto institucional en el salón de sesiones de Gallarta.
La alcaldesa entregó a Leire y Korta la Medalla de Oro de la Minería de Gallarta .
—Por defender las raíces de nuestro pueblo contra la impunidad y la codicia —proclamó la alcaldesa ante una asamblea abarrotada de vecinos.
A las nueve y media de la noche, Korta y Leire visitaron la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Galindo.
En la sala de control hidrodinámico, comprobaron que los analizadores en línea marcaban cero en contaminantes perfluorados en los tres emisarios submarinos.
—La ría y el mar Cantábrico están completamente a salvo —certificó el ingeniero jefe de Galindo.
A las diez de la noche, hicieron una parada en el Jardín Botánico de Barakaldo.
Caminaron por las pasarelas de madera sobre los estanques helados, cubiertos por una fina capa de escarcha blanca.
Las coníferas y los sauces llorones brillaban bajo las farolas de hierro fundido.
Korta tomó la mano enguantada de Leire, besándola con devoción.
—Cada rincón de esta tierra guarda la huella de lo que hemos luchado juntos, Leire.
A las diez y media de la noche, Leire y Korta acudieron a la guardia de Urgencias del Hospital Universitario de Cruces.
Entregaron las cestas de dulces y miel artesanal al equipo médico de la Unidad de Quemados y al doctor Mikel Mendiluze.
Los médicos y enfermeros les recibieron con un aplauso unánime.
—Gracias, doctora Arregi, cabo Cortázar. Vosotros sois el alma de este hospital y de esta ciudad.
A las once de la noche, Korta visitó el Parque Central de Bomberos de Miribilla.
En el vestíbulo de guardia, contempló las fotografías históricas de los cuatro bomberos que fundaron el Grupo de Rescate Técnico en 1985.
Sus compañeros de guardia le abrazaron con afecto fraternal.
—Korta, hoy el nombre de Miribilla ha quedado grabado en lo más alto —dijo el bombero conductor sirviéndole un café de guardia.
A las once y media de la noche, subieron a la colina de San Roque en Portugalete.
Contemplaron la panorámica de toda la desembocadura de la ría del Nervión, el Puente Colgante iluminado y el mar Cantábrico en calma.
Korta abrazó a Leire por la espalda, resguardándola del viento marino.
—Desde aquí se ve toda nuestra historia, Leire. Y nuestro futuro.
A las doce de la noche, Leire mantuvo una reunión telemática con los hidrólogos de la Agencia Vasca del Agua (URA) .
Establecieron el protocolo de alerta hidrogeológica 24/7 con quince estaciones de análisis espectrofotométrico en continuo a lo largo de los ríos Kadagua, Barbadun y Castaños.
—Bizkaia cuenta ahora con la red de blindaje hídrico más avanzada del sur de Europa —dictaminó el director de URA.
A las doce y media de la noche, en el jardín de la ermita de San Antolín, los niños de la escuela de Galdames junto a Korta y Leire plantaron un retoño del Árbol de Gernika .
Cubrieron las raíces con tierra fértil de la comarca y regaron el arbolillo con agua del manantial puro.
—Este roble crecerá como testigo vivo de la dignidad de nuestro pueblo —dijo el maestro de escuela.
A la una de la madrugada, Korta y Leire se desplazaron a la histórica Ferrería de El Pobal en Muskiz.
El maestro ferrón abrió la compuerta del canal de agua, haciendo girar la gigantesca rueda de madera de roble que movía los fuelles y el pesado martinete de forja.
Bajo los golpes rítmicos del martillo sobre el hierro candente, las chispas doradas iluminaron la penumbra de la sala de fundición.
Korta tomó las tenazas junto al ferrón, ayudando a forjar una cruz de hierro dulce conmemorativa.
—El hierro de nuestros antepasados sigue latiendo con la misma fuerza que hace quinientos años —dijo Korta conmovido.
A la una y media de la madrugada, hicieron una parada en el obrador artesanal de Sopuerta.
Degustaron morcillas recién hervidas de arroz, cebolla pochada y manteca con un vaso de vino tinto joven de Rioja Alavesa.
—Este es el sabor de la matanza tradicional de nuestro valle —dijo el carnicero mayor regalándoles dos sartas para el caserío.
A las dos de la madrugada, Korta, Leire e Imanol visitaron el Museo Etnográfico de Artziniega .
Pasearon entre las salas dedicadas a los antiguos telares de lino, los talleres de cestería de castaño y las prensas de sidra del siglo XVIII.
Don Imanol les mostró un antiguo yugo de bueyes tallado en madera de fresno.
—El trabajo de la tierra une a los hombres con el alma de los montes —dijo Imanol con una sonrisa pausada.
A las dos y media de la madrugada, se detuvieron en la plaza de Gordexola para compartir un café de puchero con los pastores de ovejas lachas y ganaderos de vacas monchinas.
Los ganaderos agradecieron a Korta y Leire la protección de los pastos comunales.
—Gracias a vosotros nuestros rebaños beberán agua pura en todos los manantiales de la sierra —dijo el mayoral de pastos.
A las tres de la madrugada, Korta y Egoitz Beldarrain acudieron al Parque de Bomberos de Urioste para revisar las bombas de alta presión y las mangueras de cuatrocientos bar.
Beldarrain acopló las conexiones con fuerza y agilidad.
—Mis brazos están al cien por cien, Korta. Listos para la siguiente guardia juntos.
Korta le dio un fuerte abrazo.
—Es el mejor regalo de Reyes que podíamos tener, hermano.
A las tres y media de la madrugada, en el despacho rústico de Arregi-Enea , Leire extendió los planos topográficos de las minas de Triano de 1920.
Marcó con tinta verde todas las galerías clausuradas y los acuíferos protegidos.
—El mapa de nuestro valle vuelve a estar completo y limpio —dijo Leire firmando el documento.
A las cuatro de la madrugada, don Xabier acudió a Arregi-Enea para bendecir las cuadras, el robledal y el zaguán de la casa.
Roció con agua bendita los pesebres y el dintel de piedra.
—Que la paz de Dios habite en este hogar por los siglos de los siglos —proclamó el sacerdote.
A las cuatro y media de la madrugada, la familia degustó cuñas de queso Idiazábal ahumado con espino albar de Karrantza acompañado de nueces y membrillo.
El sabor intenso y mantecoso del queso se fundía con el frescor del txakoli en un brindis inolvidable.
A las cinco de la mañana, Korta y Leire mantuvieron contacto con la base de helicópteros de la Ertzaintza en Iurreta.
El piloto comandante confirmó la operatividad de los dos helicópteros de rescate y evacuación médica equipados con grúa de rescate de doscientos cincuenta metros.
—El espacio aéreo y las cumbres de Bizkaia están bajo vigilancia continua —notificó el comandante de vuelo.
A las cinco y cuarto de la mañana, Korta y Leire hicieron entrega a la cofradía de la Basílica de Nuestra Señora de Begoña en Bilbao de una réplica en plata de la lámpara de mina.
La lámpara quedó colocada en el camarín de la Amatxu de Begoña como agradecimiento por la protección de los bomberos y sanitarios.
A las cinco y media de la mañana, visitaron la cooperativa apícola de Trucíos.
Degustaron miel pura de brezo y bosque recolectada en las colmenas del Parque Natural de Armañón.
—La pureza de nuestra miel es el reflejo de la salud de nuestros montes —dijo el maestro apicultor.
A las cinco y cuarenta y cinco de la mañana, Korta conversó con el equipo de espeleosocorro de la Cueva de Pozalagua en Karrantza.
Revisaron los protocolos de rescate con tirolinas pesadas y camillas nido Kong 911 .