CAPÍTULO 11 — LA DESARTICULACIÓN DE LA RED CORPORATIVA #3
—Mañana será una fiesta que nuestro valle no olvidará jamás.
A las dos y media de la madrugada, antes de llegar al caserío, se detuvieron junto a la Ermita de San Antolín en Galdames .
En el interior en penumbra, iluminado únicamente por las lámparas de aceite, encendieron una vela votiva de cera virgen de abejas frente al retablo de madera.
Guardaron un minuto de silencio en memoria de los bomberos caídos en Muskiz y de los viejos mineros que dejaron su vida en las galerías.
Korta abrazó a Leire por los hombros, sintiendo la paz sagrada del santuario.
—Su memoria vivirá en cada árbol que plantemos en Bodovalle.
A las tres de la madrugada, en la cocina rústica de Arregi-Enea , doña Begoña y Leire hornearon el Roscón de Reyes tradicional .
Harina de fuerza, mantequilla de caserío, agua de azahar, ralladura de naranja y limón, masa madre fermentada despacio y cubierta de almendras tostadas y frutas escarchadas.
En el interior de la masa, don Imanol introdujo la tradicional haba seca y una pequeña figura de plata que representaba a un minero con su barrena .
El aroma a azahar y horno de leña llenó toda la planta baja del caserío con una calidez mágica y festiva.
A las tres y media de la madrugada, Korta e Imanol conversaron en el taller del caserío mientras revisaban los tablones de roble curado para la nueva mesa del comedor.
—La boda se celebrará en mayo en la ermita de San Antolín —dijo Imanol con una sonrisa emocionada—. Toda la comarca de Las Encartaciones y todos los bomberos de Bizkaia estarán invitados.
Korta asintió con orgullo y respeto.
—Cuidaré de Leire y de esta casa con mi propia vida, Imanol. Tienes mi palabra de hombre y de barrenista.
A las cuatro de la madrugada, en el patio empedrado del caserío, Korta encendió la histórica lámpara de carburo de su padre Pedro.
La llama blanca y brillante iluminó el escudo de armas grabado en el dintel de piedra de Arregi-Enea .
Korta miró al cielo estrellado con los ojos humedecidos.
—Padre... la mina está en paz. Tu hijo ha guardado tu nombre y tu tierra.
Leire se acercó por detrás, abrazando la cintura de Korta y apoyando su cabeza en su espalda.
—Él te está mirando desde las estrellas, Jon Ander. Y sabe que su legado es inmortal.
A las cuatro y media de la madrugada, el anciano párroco de San Pedro de Galdames, don Xabier, acudió al caserío para bendecir las alianzas de oro y plata de los novios.
En el zaguán iluminado por las velas, trazó la señal de la cruz sobre los anillos grabados con la fecha de su compromiso.
—Que vuestro amor sea tan fuerte como el hierro de estas montañas y tan puro como el agua de sus fuentes —proclamó el sacerdote con voz temblorosa de emoción.
A las cinco de la mañana, Korta y Leire se acercaron a la taberna de piedra de la plaza de Zalla para compartir un café de puchero con los viticultores de txakoli.
Los campesinos brindaron con ellos con copas de vino blanco espumoso.
—Habéis salvado nuestras viñas y nuestros manantiales, muchachos. Este año la cosecha llevará vuestros nombres en la etiqueta de honor —dijo el presidente de la denominación de origen.
A las cinco y media de la mañana, Korta y Leire revisaron los equipos de respiración autónoma y los maletines de triaje médico colocados en el todoterreno.
Comprobaron las presiones de las botellas a trescientos bar y el estado de las vendas estériles.
—Siempre preparados para servir, estemos donde estemos —dijo Korta con una sonrisa templada.
A las cinco y cuarenta y cinco de la mañana, Korta y don Imanol bajaron a la cuadra para alimentar a los caballos pottokas y las vacas betizus autóctonas.
Acariciaron el lomo de los animales mientras rellenaban los pesebres con heno fresco y maíz molido.
—La vida sigue su curso limpio y fecundo en este valle —dijo don Imanol contemplando a su futuro yerno con orgullo de padre.
A las seis de la mañana, en el zaguán iluminado por la lumbre, los cuatro miembros de la familia brindaron con copas de txakoli espumoso mientras doña Begoña cortaba el primer pedazo del roscón de Reyes.
La figura de plata del minero apareció en la porción de Korta, desatando las risas y los aplausos emocionados de todos los comensales.
A las seis y diez de la mañana, la emisora de radio del todoterreno emitió un tono prioritario desde la central de SOS Deiak 112 en Txurdinaga .
— «A todas las unidades de guardia de Bizkaia: la Dirección de Emergencias traslada su más calurosa felicitación de Reyes a las dotaciones de Bomberos, Ertzaintza y personal sanitario de Cruces.
Especial reconocimiento a la doctora Arregi y al cabo Cortázar.
Guardia tranquila y feliz día a todos» —transmitió el jefe de sala con voz cálida.
Korta tomó el micro de mano, sonriendo a Leire con una devoción inmensa.
— «Central, aquí Cortázar. Mensaje recibido con orgullo y gratitud. Feliz día de Reyes para todos los compañeros que velan por nuestro pueblo» .
A las seis y cuarto de la mañana, Korta y Leire subieron a la buhardilla del caserío.
Frente al resplandor dorado de las brasas de roble, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión honda, sagrada y reconfortante.
Korta acarició la piel suave de Leire con una devoción infinita, besando cada centímetro de su cuerpo con la ternura de quien sabe que ha encontrado el hogar eterno y el sentido supremo de su destino.
Leire envolvió el cuerpo fuerte y protector de Korta con sus brazos y sus piernas, suspirando de placer mientras se fundían en un abrazo íntimo e indestructible que borraba todo rastro de peligro o cansancio.
Hicieron el amor al compás sosegado de las brasas, sabiendo que su unión era invencible y que habían ganado para siempre el derecho a la felicidad y a la paz.
A las seis y media de la mañana del seis de enero, los primeros rayos del sol invernal doraron las cumbres nevadas del pico Kolitza y las campas verdes de Galdames mientras las campanas de la iglesia de San Pedro comenzaban a repicar con júbilo sobre el valle.
La red criminal internacional estaba desarticulada, los culpables entre rejas, los acuíferos protegidos y el honor de la comarca minera restaurado para siempre.
Jon Ander Cortázar y Leire Arregi dormían abrazados en la buhardilla, con las manos entrelazadas y los corazones latiendo al unísono.
En el Capítulo 12 , el gran cierre monumental del Acto II con la fiesta de Reyes en Galdames y la consagración pública del amor de los protagonistas abrirán el camino hacia el desenlace supremo de la saga.