Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 08 — LA EMBOSCADA EN LOS HORNOS DE CALCINACIÓN DE ORTUELLA #3
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CAPÍTULO 08 — LA EMBOSCADA EN LOS HORNOS DE CALCINACIÓN DE ORTUELLA #3

—La ingeniería de nuestros antepasados era grandiosa. Y ahora sus túneles servirán para atrapar a los que quisieron prostituir su historia.

A las dos de la madrugada del dos de enero, Korta, Busturia y dos especialistas de la Policía Judicial regresaron a la galería de tiro de humos de La Mina Chica para proceder al aseguramiento físico de las compuertas de marea.

Provistos de llaves maestras de fundición de un metro de longitud y gatos mecánicos de tornillo sin fin de diez toneladas, Korta y Busturia alcanzaron la compuerta de clapeta de hierro dulce que comunicaba el túnel minero con el colector general.

El mecanismo, cubierto por una costra de óxido de hierro y grasa de grafito, crujió cuando los dos bomberos aplicaron un par de apriete de cuatrocientos newtons por metro.

Hicieron descender la compuerta de doscientos kilogramos hasta encajarla en su asiento de plomo, sellando la junta perimetral con resina epoxi de fraguado rápido bajo agua.

—Compuerta de La Mina Chica completamente cerrada y sellada —anunció Korta comprobando que el manómetro de presión hidrostática marcaba cero—. La red subterránea de Ortuella queda físicamente aislada del estuario.

A las cuatro de la mañana, tras concluir el sellado hidráulico, la dotación de bomberos y la Policía Judicial hicieron una parada en la histórica Taberna Minera El Barrenista de Ortuella.

El tabernero, un veterano minero jubilado de setenta y seis años que conocía a Bernabé Zarraga desde la juventud, les recibió con lágrimas en los ojos.

Sirvió sobre la barra tazas humeantes de café con gotas de orujo de hierbas y una gran bandeja de picatostes dorados con canela y azúcar .

—Todo el pueblo sabe lo que habéis hecho por Bernabé esta noche, muchachos —dijo el tabernero con voz emocionada—. Habéis honrado la memoria de los hombres que dejaron los pulmones en estos hornos. Esta casa no os cobrará un solo céntimo mientras estéis vivos.

Korta alzó su taza en señal de respeto.

—Eskerrik asko, Patxi. Los bomberos de Miribilla siempre estaremos al servicio de nuestro pueblo.

A las seis de la mañana, Leire y los peritos de la Policía Científica montaron en la cámara del Horno 3 el escáner láser tridimensional Faro Focus Premium .

El haz láser de alta frecuencia barrió los trescientos sesenta grados de la estancia, generando una nube de más de cincuenta millones de puntos con resolución milimétrica.

En la pantalla del terminal forense, las trayectorias balísticas de los dieciocho impactos de bala se representaron en líneas vectoriales de color rojo brillante.

—Los tiradores mercenarios dispararon directamente contra la posición de la silla de Bernabé Zarraga con ángulos descendentes de quince grados —dictaminó Leire registrando las mediciones trigonométricas—.

El blindaje corporal y el escudo del cabo Cortázar evitaron que cuatro proyectiles perforantes impactaran en el tórax del rehén.

Irati anexó el modelado tridimensional al sumario de la jueza Orue.

—Esto destruye cualquier argumento de legítima defensa. Fue una tentativa deliberada de ejecución sumaria para eliminar a un testigo clave.

A las diez de la mañana del dos de enero, el alcalde de Ortuella y la corporación municipal convocaron un pleno extraordinario urgente en el salón consistorial.

En un salón abarrotado de vecinos, mineros jubilados y familiares de Bernabé Zarraga, el alcalde impuso a Jon Ander Cortázar y a Leire Arregi la Medalla de Plata de la Noble Villa de Ortuella .

—Por haber defendido el honor de nuestra historia minera y haber devuelto la vida a nuestro capataz más querido frente al terrorismo internacional —proclamó el regidor entre una ovación atronadora.

Korta y Leire agradecieron la condecoración con humildad y respeto hacia el pueblo.

A la una del mediodía, Korta y Leire se reunieron en el muelle de Portugalete con el patrón mayor de la embarcación de salvamento marítimo Itsas-Kotxea II .

Sobre la carta náutica hidrográfica del Abra, el patrón expuso el régimen de corrientes y mareas en la confluencia del río Cadagua con el Nervión.

—En la bajamar escorada de las mareas vivas, la corriente de vaciante bajo el puente de Rontegi alcanza los cuatro nudos y medio de velocidad hacia el mar exterior —explicó el patrón señalando los vectores de deriva—.

Si el colector vierte los tóxicos en ese intervalo, la pluma de contaminación cubriría las playas de Las Arenas y Ereaga en menos de cuarenta y cinco minutos.

Korta tomó nota de los tiempos de inversión de marea.

—Descenderemos durante el repunte de pleamar a las siete de la mañana, cuando la velocidad de corriente en el fondo es casi nula. Así aseguraremos el taponamiento neumático de la tobera submarina.

A las tres de la tarde, sobre la cubierta de la lancha de rescate amarrada frente al muelle de Portugalete, Korta encendió su histórica lámpara de carburo minera.

El brillo blanco del acetileno iluminó los tirantes de hierro del Puente Colgante y los rostros serenos de Korta y Leire.

— «Lurraren bihotzean, sua eta leialtasuna» —pronunció Korta mirando hacia las aguas de la ría.

Leire entrelazó su mano con la del bombero, con los ojos brillando de amor indomable.

—Fuego y lealtad, Jon Ander. Hasta la victoria final.

A las cinco de la tarde, los especialistas de electrónica naval de la Ertzaintza instalaron en el casco de la patrullera el sonar de barrido lateral de alta frecuencia Klein 4900 .

El sistema emitía pulsos acústicos a novecientos kilohercios capaces de penetrar dos metros en el lodo del lecho fluvial, cartografiando las tuberías submarinas de Rontegi con nitidez fotográfica.

—Cualquier estructura metálica o anomalía de flujo en el colector quedará registrada en tiempo real en la consola de mando —confirmó el técnico naval a Korta y Leire.

A las siete de la tarde, Korta y Leire regresaron a la calidez de Arregi-Enea .

En la buhardilla de madera de roble, el fuego de leña de encina crepitaba suavemente, llenando la estancia de un calor dulce y envolvente.

Despojados de las armas, de los uniformes y de la tensión del deber, se entregaron al amor con una devoción pura, apasionada e infinita.

Las manos firmes y tiernas de Korta acariciaron el cuerpo de Leire, besando cada centímetro de su piel con una delicadeza sagrada que borraba el miedo y la violencia del mundo.

Leire abrazó a Korta, sintiendo el latido poderoso y noble de su corazón contra su pecho, entregándose a él con una plenitud absoluta.

Hicieron el amor al compás sosegado de las brasas, sabiendo que su unión era el pilar invencible sobre el que descansaba la esperanza de su tierra.

A las once de la noche, Korta y Leire se asomaron al ventanal de la buhardilla.

La luna creciente brillaba sobre los robledales silenciosos de Galdames, con el aire puro de la montaña acariciando sus rostros serenos.

Korta abrazó a Leire por la espalda, apoyando su barbilla en su hombro.

—Mañana en el laboratorio del IVML descifraremos la fórmula del veneno, Leire. Y cerraremos este caso para siempre.

Leire se recostó contra su pecho con una sonrisa dulce.

—Juntos, Jon Ander. Siempre juntos.

A las cinco y media de la mañana del tres de enero, Korta y Leire llegaron al Parque Central de Bomberos de Miribilla.

En el office del parque, Korta y el sargento Busturia prepararon dos termos de café solo recién molido.

Conversaron sobre las antiguas dotaciones de bomberos de Bilbao que en 1983 lucharon contra las inundaciones de la ría, recordando su valor legendario y su sacrificio por la ciudadanía.

Korta sirvió una taza a Leire y la miró a los ojos con admiración profunda.

—Aquellos hombres dieron su vida en el agua para salvar a Bilbao. Nosotros haremos lo mismo bajo el puente de Rontegi.

Antes de partir hacia el IVML, Korta y Leire se cuadraron con respeto solemne frente a la bandera histórica de los Bomberos de Bilbao custodiada en la vitrina de honor del hall central del parque, renovando su juramento de honor y servicio incondicional a la verdad y a la justicia de Bizkaia.

La noche del dos de enero cayó sobre Bizkaia con un manto de serenidad y gloria.

La batalla de los Hornos de Calcinación de Ortuella había concluido con una victoria rotunda.

Bernabé Zarraga respiraba a salvo en Cruces, los comandos mercenarios estaban entre rejas y el cuaderno de Peñas Negras revelaba el mapa completo de las cloacas de la corporación.

En el laboratorio del IVML, el análisis químico por espectrometría de masas UHPLC-QTOF aguardaba a la doctora Leire Arregi para descifrar la fórmula molecular exacta del veneno en el Capítulo 09 .

Con su amor consagrado bajo el sol de Año Nuevo y la certeza invencible de la victoria, el cabo de bomberos y la médica forense se preparaban para asestar el golpe de gracia a la trama petroquímica.