CAPÍTULO 08 — LA EMBOSCADA EN LOS HORNOS DE CALCINACIÓN DE ORTUELLA #2
Ambos mercenarios fueron alcanzados en las extremidades inferiores y reducidos de inmediato por el equipo de asalto.
A las 00:48 horas del uno de enero, el comandante de la Brigada Móvil declaró la zona completamente asegurada.
Seis mercenarios extranjeros detenidos, cinco fusiles automáticos B&T MP9 incautados, cuarenta kilogramos de explosivo plástico militar recuperados y el rehén liberado con vida sin bajas entre las fuerzas de seguridad.
A la una y media de la madrugada, los especialistas del equipo TEDAX de la Ertzaintza ingresaron en los Hornos 1 y 2 para la inspección y desactivación de artefactos.
Adheridas magnéticamente a las vigas de hierro que sostenían las tolvas de calcinación, los técnicos descubrieron tres cargas de demolición de cuatro kilogramos de Semtex-H cada una , conectadas en serie mediante cordón detonante de pentrita ( PETN ) de diez gramos por metro.
El suboficial TEDAX procedió a la neutralización quirúrgica del sistema.
Cortó el circuito de iniciación con tijeras antimagnéticas de berilio-cobre y desconectó el receptor de radiofrecuencia programable acoplado a un temporizador digital.
—Las tres cargas estaban preparadas para ser detonadas por control remoto desde el superpuerto —dictaminó el especialista mientras embalaba los bloques de explosivo en cofres blindados antiexplosión—.
Querían derrumbar los cinco hornos sobre el túnel de ferrocarril para colapsar la línea de cercanías y cortar el acceso de los bomberos a Peñas Negras.
Korta observó los bloques de Semtex.
—El plan era una demolición total en cadena. Cada paso estaba calculado para maximizar el daño humano y el colapso de las infraestructuras de Bizkaia.
A las dos y media de la madrugada, en la sala de interrogatorios de la comisaría de la Ertzaintza en Muskiz , la jueza Elena Orue y la inspectora Irati Mendiluze tomaron declaración al líder del comando capturado, el exmilitar suizo Hans-Peter Vogel .
Sentado frente a la mesa con el brazo inmovilizado y bajo custodia de dos agentes armados, Vogel mantenía un silencio hermético.
La jueza Orue colocó sobre la mesa el teléfono satelital Iridium y los extractos de transferencias bancarias de la entidad Banque Cantonale de Genève .
—Señor Vogel, tenemos el descifrado completo de sus comunicaciones con el director de operaciones de Helvetia Petrochemical en Basilea, señor Jean-Luc Moreau —declaró la magistrada con frialdad implacable—.
Tenemos las grabaciones donde se le ordena expresamente asesinar a Mikel Ormaetxea, al buzo Aitor Zaldibar y dinamitar las conducciones de gas licuado en Zierbena.
La jueza se inclinó hacia delante.
—Usted se enfrenta a penas que suman más de sesenta años de prisión por terrorismo ambiental, estragos y tres delitos de asesinato en grado de tentativa y consumado. Si colabora identificando la red de intermediarios en el puerto de Bilbao, el tribunal valorará su declaración.
Vogel bajó la cabeza, derrotado por el peso abrumador de las pruebas forenses y documentales.
—Moreau planificó el vertido masivo para la noche de San Juan... Los depósitos principales están en la ría de Rontegi... —confesó con voz quebrada—. La corporación transfirió diez millones de euros a empresas pantalla en Panamá para sobornar a inspectores portuarios.
Irati tomó nota de cada nombre y sociedad mercantil revelada.
A las cuatro de la madrugada, en la Sección de Balística Forense de la Ertzaintza en Erandio, los peritos procesaron las vainas y proyectiles 9x19 mm disparados en los hornos de Ortuella.
Bajo el microscopio de comparación balística motorizado Leica FSC, las microestrías del cañón poligonal coincidían con una correlación del noventa y nueve coma seis por ciento con las vainas recuperadas en la galería criogénica de Punta Ceballos.
—Los seis subfusiles B&T MP9 incautados pertenecen a la misma partida militar de origen suizo exportada ilegalmente a través del puerto de Amberes —dictaminó el perito balístico—. Queda probado que el mismo comando ejecutó el sabotaje de Muskiz y el secuestro en Ortuella.
A las seis de la mañana, Korta y Leire acudieron a la Unidad de Grandes Quemados de Cruces para supervisar la evolución de Egoitz Beldarrain .
El doctor Mikel Mendiluze les recibió en la antesala del Box 1.
—Egoitz ha superado las primeras setenta y dos horas críticas —informó Mendiluze con una sonrisa cansada—. La reexpansión pulmonar es completa, los injertos dérmicos no muestran signos de infección y la perfusión distal del brazo izquierdo está perfectamente preservada.
La esposa de Beldarrain se acercó a Leire y a Korta, abrazándolos con lágrimas en los ojos.
—Egoitz ha podido hablar esta mañana... Me ha dicho que gracias a vosotros volverá a jugar con nuestros hijos. No hay palabras en el mundo para agradeceros lo que habéis hecho.
Leire apretó sus manos conmovida.
—Egoitz es un valiente. Todos somos una familia.
A las siete y media de la mañana, Korta y Leire se reunieron con la dotación de bomberos de Miribilla.
En el hangar principal, los bomberos compartieron el brindis de Año Nuevo.
El sargento Busturia alzó su copa de cava.
—¡Por el cabo Cortázar, por la doctora Arregi y por la hermandad inquebrantable de los servicios de emergencia de Bizkaia! ¡Urte Berri On!
— «¡Urte Berri On!» —rugieron los bomberos entre aplausos y abrazos fraternos.
A las nueve de la mañana, Korta y Leire condujeron hasta el mirador de Artxanda .
El sol de Año Nuevo iluminaba las aguas limpias de la ría y los tejados de Bilbao.
Korta sirvió dos copas sobre el capó del vehículo, envolviendo a Leire entre sus brazos.
—Por nosotros, Jon Ander. Por haber vencido al fuego y a las balas. Y por el futuro que vamos a construir juntos.
Korta besó su mejilla con devoción.
—Te amo, Leire. Con toda mi alma.
Se besaron frente a la inmensidad de Bilbao bajo el cielo azul de Año Nuevo.
A las dos de la tarde, la familia Arregi se reunió en la gran cocina de Arregi-Enea para el almuerzo festivo de Año Nuevo.
Don Imanol asó en la chimenea una chuleta de buey de caserío a la brasa de sarmiento acompañada de pimientos del piquillo confitados en cazuela de barro y ensalada de escarola con granada.
De postre, doña Begoña sirvió una tarta de queso Idiazábal horneada con miel de brezo .
Don Imanol brindó con sidra casera.
—Por la paz de este valle y por la unión sagrada de nuestros dos héroes. Que esta tierra bendiga siempre vuestro camino.
A las cuatro y media de la tarde, Korta y Leire caminaron hacia la Ermita de San Antolín .
Bajo las copas centenarias de los robles trasmochados, Korta tomó las manos de Leire frente al pórtico de piedra del siglo XVI.
—Leire... cuando todo esto termine, quiero casarme contigo aquí, frente a estas montañas.
Leire sonrió entre lágrimas de alegría.
—Sí, Jon Ander... mil veces sí. Mi vida entera es tuya.
Se abrazaron en el santuario de piedra, sintiendo que su amor estaba sellado para siempre.
A las siete de la tarde, Korta y Leire se trasladaron a la base de la Unidad de Buceo de la Ertzaintza en Berrozi .
Junto al oficial Unai Etxebarria , revisaron los tres equipos de respiración de circuito cerrado Inspiration EVO .
Calibraron los tres sensores galvánicos de oxígeno ( pO2 constante a 1.
3 bar), cargaron los absorbentes de cal sodada Sofnolime 797 y verificaron las botellas de mezcla ternaria Trimix 18/45 (dieciocho por ciento de oxígeno, cuarenta y cinco por ciento de helio y balance de nitrógeno) para la inmersión en el colector profundo de Rontegi.
—Mañana a las siete descenderemos a treinta metros en la ría bajo el puente de Rontegi —confirmó Unai—. Si hay trampas mecánicas o válvulas selladas, llevamos cizallas hidráulicas submarinas y cámaras de barrido acústico.
A las nueve de la noche, en el laboratorio de toxicología forense del IVML, Leire y el doctor Gorka Zabaleta procesaron las muestras de sangre arterial de Bernabé Zarraga.
Mediante análisis por Inmunoensayo Polarizado de Fluorescencia (FPIA) y cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS).
—Descartamos intoxicación por inhibidores de la colinesterasa o gas sarín —dictó Leire—. Detectamos concentraciones terapéuticas de midazolam y fentanilo en sangre periférica, administradas forzosamente por los secuestradores para mantener al anciano sedado durante el traslado desde Ortuella.
—El daño orgánico no es irreversible gracias a la rápida administración del antagonista flumazenilo en el box de Cruces. Don Bernabé podrá declarar como testigo principal ante el tribunal.
A las diez y media de la noche, Korta, Leire y la inspectora Irati Mendiluze se reunieron en la sede de la Autoridad Portuaria de Bilbao en Santurtzi con el director de operaciones marítimas.
Sobre la pantalla de control del tráfico de buques ( VTS ), superpusieron los planos del cuaderno de 1978.
—El colector de desagüe de Rontegi discurre a quince metros bajo el lecho sedimentario de la ría —explicó Korta—. Si los mercenarios accionan la válvula remota, verterán cincuenta mil metros cúbicos de lodos tóxicos directamente sobre la marea viva del Abra.
El director portuario firmó la orden de emergencia.
—A partir de las doce de la noche cerramos el tráfico de buques de gran calado entre el puente de Deusto y la dársena de Santurtzi. La Ertzaintza tiene el control naval total del estuario.
A las doce de la noche, de regreso al caserío, Korta extendió sobre la mesa de madera los diagramas técnicos de los hornos de calcinación.
Leire escuchaba fascinada las explicaciones del bombero.
—Los hornos de cuba cilíndricos de Ortuella funcionaban mediante un sistema de tiro natural invertido pionero en el siglo XIX —detalló Korta—.
El mineral entraba por la coronación mediante vagonetas aéreas del sistema Bleichert y se quemaba con carbón vegetal a ochocientos cincuenta grados.
De aquí salían trescientas toneladas diarias de mineral descarbonatado que abastecían a la siderurgia vizcaína.
Leire acarició el plano con admiración.