Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 07 — LA INCURSIÓN EN LA CORTA DE BODOVALLE #3
30%

CAPÍTULO 07 — LA INCURSIÓN EN LA CORTA DE BODOVALLE #3

—La correlación espectroscópica es absoluta. Todas las pruebas apuntan al mismo laboratorio matriz.

A la una y media de la tarde, tras completar la descontaminación y el relevo pericial, Korta, Leire, el sargento Busturia y cuatro agentes de la Brigada Móvil se reunieron en la tradicional Cervecera de Gallarta , situada en una ladera boscosa con vistas a la cuenca minera.

En las largas mesas de madera de pino, la cuadrilla compartió un almuerzo reparador.

Bandejas de pollo asado a la leña de roble con patatas fritas caseras , ensaladas de tomate de huerta con cebolla morada de Zalla y jarras de sidra natural de Bizkaia servida en vaso ancho de txotx.

Busturia alzó su jarra de sidra.

—Por el cabo Cortázar, que subió por esa chimenea como un lince, y por la doctora Arregi, que cura a los heridos mientras caen las balas. ¡Por Miribilla y por Cruces!

Todos brindaron con un choque sonoro de vasos y risas sinceras, liberando la tensión de la batalla.

Bajo la mesa, Korta entrelazó sus dedos con los de Leire, sintiendo el calor suave y la complicidad eterna de su mano.

A las cuatro de la tarde, Korta y Leire se trasladaron al cercano Museo de la Minería del País Vasco , ubicado en el antiguo matadero minero de Gallarta.

Caminaron en silencio entre las exposiciones de vagonetas históricas, perforadoras de aire comprimido Ingersoll-Rand de principios de siglo y fotografías en blanco y negro de los barrenistas con los torsos desnudos y cubiertos de polvo rojo.

Korta se detuvo frente al gran plano topográfico de 1930 de los Hornos de Calcinación de Ortuella .

—Mira aquí, Leire —señaló Korta con el dedo sobre el mapa—. Los cinco hornos de cuba de Ortuella estaban conectados entre sí por una galería subterránea de tiro de humos que desemboca en el túnel de ferrocarril de La Mina Chica.

—Si los mercenarios tienen un segundo centro de mando, están refugiados en las cámaras inferiores de esos hornos. Allí almacenaban el carbón y tenían pozos de agua independientes.

Leire tomó fotografías digitales de las secciones transversales de los hornos.

—Esta noche la Ertzaintza y nosotros cerraremos el cerco sobre Ortuella.

A las seis de la tarde, en el laboratorio de ciberdelincuencia de la Ertzaintza en Erandio , los analistas informáticos forenses lograron descifrar el contenido de la tarjeta microSD del teléfono satelital incautado en Bodovalle.

En la pantalla mural aparecieron tres carpetas encriptadas.

La primera contenía los planos de arquitectura subterránea de los Hornos de Calcinación de Ortuella , marcando con cruces rojas la ubicación de un generador de radiofrecuencia y un segundo rack de bombas de alta presión.

La segunda carpeta archivaba el listado de pagos de nóminas mercenarias transferidas desde la sociedad instrumental Helvetia Alpine Trust radicada en Zug (Suiza), sumando más de cuatro millones de euros destinados a financiar operaciones de sabotaje en el norte de España.

La tercera carpeta contenía una fotografía reciente de un anciano en silla de ruedas con respirador de oxígeno portátil: Bernabé Zarraga , el último capataz jefe de los hornos de Ortuella en los años ochenta.

—El comando mercenario tiene secuestrado a Bernabé Zarraga en el sótano del Horno Número 3 —concluyó la inspectora Irati Mendiluze—. Lo obligaron a revelar los puntos débiles de la red de colectores para sabotear las conducciones sin ser detectados. Debemos rescatarlo con vida esta misma noche.

A las ocho de la noche, Korta y el sargento Busturia se personaron en el taller de equipos de Miribilla para realizar la revisión exhaustiva de los equipos autónomos.

Desmontaron las máscaras Panorama Nova , limpiando las membranas fónicas de acero inoxidable y esterilizando las válvulas de exhalación con solución bactericida Sekusept .

Sustituyeron los cartuchos de cal sodada DrägerSorb 400 y recargaron cuatro botellas de composite con oxígeno al cien por cien a trescientos bar mediante el compresor de alta presión Bauer Poseidon .

—Todo el material de respiración y corte térmico está al ciento por ciento de operatividad —confirmó Busturia ajustando los manómetros digitales—.

Para Ortuella llevamos además dos equipos de rescate ligero con arneses de evacuación rápida por si tenemos que extraer al capataz Zarraga por pozos estrechos.

A las nueve y media de la noche, el oficial Unai Etxebarria , jefe de los buzos tácticos de la Ertzaintza, contactó por videoconferencia encriptada con Korta y Leire.

—Korta, Leire... Mis buzos han posicionado la patrullera y dos lanchas semirrígidas frente a la desembocadura de los colectores de Ortuella en la dársena de Galindo —informó Unai—. Hemos tendido una red de intercepción subacuática con sensores piezoeléctricos de movimiento.

—Si los mercenarios intentan escapar por las galerías inundadas hacia la ría cuando iniciéis el asalto a los hornos, quedarán atrapados en el agua. El cerco sobre Ortuella es impenetrable.

Korta asintió con determinación.

—Excelente trabajo, Unai. Entraremos a medianoche por la rampa de La Mina Chica.

A las diez y media de la noche, Korta y Leire compartieron una cena íntima en la cocina de leña de Arregi-Enea con los padres de Leire.

Don Imanol y doña Begoña les ofrecieron un plato humeante de alubias de Tolosa con berza y morcilla , bendiciendo la mesa con una plegaria campesina.

Don Imanol contempló a su hija y al bombero con ojos rebosantes de orgullo.

—Id con el corazón en paz, hijos míos. Vuestro amor y vuestra justicia son el escudo más fuerte contra los que quieren destruir esta tierra.

Tras la cena, Korta y Leire subieron a la buhardilla.

Frente al fuego de leña que crepitaba suavemente, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión honda, sagrada y reconfortante.

Korta besó cada poro de la piel de Leire con infinita devoción, mientras Leire abrazaba su torso fuerte sintiendo que en sus brazos había encontrado la paz absoluta.

Unidos en cuerpo y alma en la noche invernal, aguardaban con serenidad invencible la batalla final en los hornos de Ortuella.

A las once de la noche, antes de partir hacia el punto de reunión táctico, Korta bajó al taller del caserío y tomó en sus manos la antigua barrena de acero forjado de cuatro kilos que su padre utilizó durante treinta años en las galerías de Gallarta.

Acarició el metal frío y pulido por las manos obreras, sintiendo la fuerza viva de tres generaciones de mineros que entregaron su sudor a la roca.

Leire bajó a su lado y colocó su mano sobre la de Korta, compartiendo el peso del acero.

—Tu padre estaría inmensamente orgulloso de ti esta noche, Jon Ander —dijo Leire con voz dulce y firme—. Tú eres el guardián de su memoria y el escudo de esta tierra.

Korta alzó la barrena y besó el pomo de acero.

—Por ellos y por el futuro de nuestros hijos, Leire. En Ortuella cerraremos el ciclo del fuego y de la traición.

A las once y media de la noche, bajo un cielo despejado iluminado por una luna de plata invernal, el convoy táctico de la Ertzaintza y los Bomberos de Bilbao encendió sus motores en Peñucas.

Korta y Leire ocuparon la cabina delantera del todoterreno de rescate, mirando hacia las laderas oscuras de Ortuella donde se alzaban las siluetas fantasmagóricas de los cinco hornos de calcinación.

Leire acarició la pirita de su cuello y apretó la mano de Korta con una complicidad absoluta.

El convoy aceleró por la carretera comarcal, dispuesto a liberar a Bernabé Zarraga y neutralizar el nido de los mercenarios.

La noche del treinta de diciembre cayó sobre Las Encartaciones con un cielo estrellado y gélido.

La incursión en la Corta de Bodovalle había marcado un punto de no retorno en la guerra contra la trama corporativa de Helvetia Petrochemical .

Las macroinstalaciones de vertido clandestino estaban desmanteladas, las muestras de veneno en manos de la ciencia forense y los mercenarios extranjeros acorralados por la ley.

Jon Ander Cortázar y Leire Arregi descansaban con la certeza invencible de que la justicia prevalecería sobre la codicia y el fuego.

En las sombras de los antiguos hornos de Ortuella, el destino final de la conspiración aguardaba el amanecer de los héroes de Bizkaia.