CAPÍTULO 07 — LA INCURSIÓN EN LA CORTA DE BODOVALLE #2
Introdujo una tira reactiva para detección de iones cianuro ( Cyantesmo ): el papel viró de forma fulminante a un color azul de Prusia intenso, confirmando una concentración de cianuro libre superior a cincuenta miligramos por litro.
A continuación, conectó un electrodo de pH y conductividad digital portátil.
—pH de dos coma cuatro, extremadamente ácido, con una conductividad eléctrica de catorce mil microsiemens por centímetro —dictó Leire en la grabadora forense estanco—. La muestra presenta una fase densa no acuosa ( DNAPL ) con alta viscosidad.
Leire selló los tres frascos con precintos judiciales inviolables numerados con código de barras y los introdujo en un contenedor isotérmico con acumuladores de frío a cuatro grados centígrados.
—Tenemos la prueba material directa del vertido clandestino continuo. Este cóctel contiene concentraciones masivas de PFOS, ácido fluorhídrico, cianuro sódico y grafeno fluorado en suspensión coloidal .
Korta observó los bidones con la mandíbula apretada.
—Estaban envenenando el subsuelo de Bizkaia a razón de diez mil litros al día para ahorrarse los costes de incineración a alta temperatura en plantas autorizadas de Alemania y Suiza.
A las 08:15 horas, mientras Leire completaba el etiquetado del último frasco de muestras, un estampido seco y metálico resonó en la boca de la Galería 4B.
Un proyectil perforante de 9x19 mm impactó contra el marco de acero del portón cortado, proyectando esquirlas incandescentes que silbaron en el aire.
Inmediatamente después, una ráfaga continua de disparos automáticos con supresor sónico barrió el acceso al túnel.
— «¡Contacto! ¡Tiradores hostiles en la berma superior cota menos sesenta!» —gritó el comandante de la Brigada Móvil por la radio táctica—. «¡Fuego de cobertura! ¡Todos a cubierto!»
Dos agentes de la Ertzaintza desplegaron los escudos balísticos pesados en el umbral de la galería, respondiendo al fuego con ráfagas controladas de subfusil MP5 hacia las plataformas metálicas de la corta exterior.
Korta reaccionó con la velocidad de un felino.
Rodeó a Leire con ambos brazos, levantándola en peso del suelo y arrojándose tras la bancada de hormigón de la bomba Wepuko , cubriéndola completamente con su propio cuerpo blindado.
Varios impactos de bala golpearon los bidones de polietileno situados a tres metros, perforando el plástico y derramando chorros de solvente químico sobre el suelo de roca.
Leire sintió el peso protector y cálido de Korta sobre su espalda, escuchando su respiración firme y pausada junto a su oído.
—Tranquila, Leire. Estás a salvo conmigo. No dejaré que te toquen un solo pelo —susurró Korta con voz templada y decidida.
Leire apretó la mano de Korta, mirándole a los ojos a través de los visores de las máscaras.
—Confío en ti, Jon Ander. Con mi vida.
El tiroteo en la entrada de la galería era intenso: cuatro mercenarios fuertemente armados, parapetados tras una excavadora minera oruga en la berma exterior, mantenían inmovilizados a los agentes de la Ertzaintza con fuego cruzado de fusiles B dos de sus hombres suben tras de mí y los neutralizamos por la retaguardia.
El comandante asintió sin dudar.
—Adelante, cabo. Proceda.
Korta miró a Leire, apretando su hombro con suavidad.
—Quédate aquí detrás de la bancada de hormigón, Leire. Busturia te cubre con el extintor y el arma. Vuelvo en cinco minutos.
Leire acarició la mano de Korta.
—Vuelve a mí, Jon Ander.
Korta corrió hacia el fondo de la galería, enganchó su cabo de anclaje de doble ramal a las grapas metálicas del pozo vertical e inició el ascenso a pulso con una agilidad y una potencia física extraordinarias.
Korta trepó los diez metros de la chimenea vertical en menos de cuarenta segundos, emergiendo por una arqueta de ventilación camuflada entre matorrales en la berma cota menos sesenta.
Tendido cuerpo a tierra sobre la roca roja de la corta, observó a los cuatro mercenarios.
Vestían uniformes tácticos de camuflaje urbano gris sin divisas, chalecos portacargadores y cascos con visores nocturnos; dos de ellos disparaban ráfagas cortas contra el portón de la Galería 4B mientras los otros dos preparaban cargas de demolición para volar el acceso al túnel.
Korta fijó la cuerda estática de doce milímetros a un cáncamo de acero de la pared rocosa.
Dos especialistas de la Brigada Móvil ascendieron por la cuerda mediante bloqueadores Petzl Ascension en diez segundos, posicionándose a ambos lados de Korta.
—¡Ertzaintza! ¡Armas al suelo! —bramó el comandante a través del megáfono táctico.
Los dos mercenarios que manipulaban las cargas se giraron apuntando sus subfusiles hacia la arqueta.
Los tiradores de la Ertzaintza abrieron fuego de precisión con munición subsónica.
Tres impactos alcanzaron el chaleco y las piernas del primer tirador, neutralizándolo en el acto; el segundo mercenario fue alcanzado en el hombro derecho, dejando caer el arma y rindiéndose con los brazos en alto.
Los otros dos atacantes intentaron huir hacia la rampa de salida de la corta a bordo de un vehículo todoterreno Toyota Hilux blindado.
Pero en la curva de la berma cota menos cuarenta, la segunda dotación de la Brigada Móvil bloqueó el paso con un vehículo blindado URO VAMTAC , interceptando el todoterreno y deteniendo a los dos ocupantes a punta de fusil.
A las 08:32 horas, el tiroteo cesó por completo en la Corta de Bodovalle.
Korta descendió de inmediato por la chimenea de ventilación para reunirse con Leire, escoltándola hacia la berma exterior donde yacía el mercenario herido.
El atacante, un hombre de unos cuarenta años con acento germánico y tatuajes de unidades de operaciones especiales privadas suizas en los antebrazos, sangraba profusamente por una herida de bala en el tercio medio del muslo derecho con afectación de la rama muscular de la arteria femoral.
Leire se arrodilló junto al herido sin dudar un instante, guiada por el juramento hipocrático de salvar cualquier vida humana.
Extrajo de su botiquín de combate un torniquete táctico CAT Gen 7.
Colocó la banda de nailon cinco centímetros por encima de la herida, giró el molinete de aluminio tres vueltas completas hasta colapsar el pulso distal y aseguró el cierre en la pestaña de bloqueo.
A continuación, empaquetó la cavidad de la herida con gasas hemostáticas impregnadas en caolín QuikClot Combat Gauze , aplicando presión directa firme durante tres minutos hasta lograr la hemostasia completa.
—Torniquete colocado a las 08:36 horas —anunció Leire al enfermero de la ambulancia—. La hemorragia está controlada; no presenta shock hipovolémico severo. Traslado en calidad de detenido a Cruces.
Mientras cortaba la pernera del pantalón táctico del mercenario, Leire palpó un bolsillo oculto cosido en el interior del cinturón.
Extrajo un dispositivo electrónico plano de titanio: un teléfono satelital encriptado Iridium Extreme 9575 conectado a una tarjeta microSD de seguridad militar blindada con clave de cifrado AES-256.
Leire entregó el dispositivo a la inspectora Irati Mendiluze.
—Aquí están las órdenes de ataque, las coordenadas de los siguientes objetivos y la lista de transferencias bancarias desde las cuentas de Ginebra y Luxemburgo.
A las nueve de la mañana, la magistrada Elena Orue , acompañada por el secretario judicial y una comisión del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), descendió a la corta de Bodovalle en el todoterreno judicial.
Tras examinar las instalaciones clandestinas de la Galería 4B y verificar los precintos de las muestras tomadas por la doctora Arregi, la jueza dictó la providencia judicial de aseguramiento.
—Se decreta la clausura cautelar absoluta, precinto judicial e intervención militar de la Corta de Bodovalle y de todas las instalaciones vinculadas a la mercantil Helvetia Petrochemical en el territorio histórico de Bizkaia —declaró la magistrada con voz solemne—.
Las muestras químicas quedan bajo custodia directa del Instituto Vasco de Medicina Legal para su análisis por cromatografía de alta resolución.
La magistrada se acercó a Korta y a Leire, estrechando sus manos con profunda admiración.
—Han arriesgado sus vidas para destapar la mayor trama criminal que ha amenazado a este país. Bizkaia entera tiene una deuda impagable con ustedes dos.
Korta cuadró los hombros con dignidad minera.
—Solo hemos cumplido con nuestro deber, señoría. Esta tierra no se vende ni se envenena.
A las diez de la mañana, en la explanada de Peñucas, el equipo de bomberos desplegó la carpa inflable de descontaminación NBQ de tres líneas .
Korta, Leire y los agentes de la Ertzaintza pasaron por la ducha en cascada con solución de descontaminación de hipoclorito sódico al cero coma cinco por ciento y agua templada a doce bar, neutralizando cualquier resto de solvente fluorado adherido a los monos Tychem .
En la línea seca de salida, el doctor Gorka Zabaleta esperaba con el espectrómetro Raman portátil Rigaku ResQ Pro con láser de 1064 nanómetros.
Apuntó el haz láser a través del vidrio ámbar de uno de los frascos sellados por Leire.
En cinco segundos, la pantalla táctil mostró la gráfica espectral con picos moleculares característicos.
—Señal inequívoca de enlaces carbono-flúor en banda de mil doscientos números de onda ( C-F stretching ) y vibración de anillo aromático con grupo ciano en dos mil doscientos números de onda —anunció Zabaleta—.
Coincide al cien por cien con la firma química de los vertidos de Punta Ceballos y la sima de La Barga.
Leire asintió satisfecha.