CAPÍTULO 07 — LA INCURSIÓN EN LA CORTA DE BODOVALLE
A las siete y cuarto de la mañana del treinta de diciembre, una densa niebla invernal, teñida por el frío polar del Cantábrico y el olor ferroso de la tierra removida, cubría el mirador de Peñucas, en el municipio minero de Gallarta .
Inmediatamente tras ellos avanzaba el equipo del Grupo de Rescate Técnico (GRT) de Bomberos de Bilbao , liderado por el cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar y el sargento Asier 'Busturia' Uriarte .
En el centro del convoy, protegida en todo momento por el cuerpo imponente de Korta, caminaba la doctora Leire Arregi .
Alrededor de su cuello, bajo el cuello hermético del mono químico, reposaba el pequeño colgante de pirita de hierro dorada y plata que Korta le había entregado minutos antes en Peñucas.
Korta desenrolló el primer tambor de cable telefónico de campaña militar TA-312/PT , conectando el microteléfono estanco al terminal de superficie.
—Puesto de mando, aquí Cortázar —transmitió Korta por la línea física de cobre bifilar—. Línea telefónica operativa y probada con cinco tonos claros. Iniciamos la penetración por la galería San José hacia la cota menos ochenta de Bodovalle. Hora de entrada: 07:22.
El comandante de la Brigada Móvil alzó el puño derecho enguantado.
—¡Columna, en marcha! —ordenó con voz amortiguada por la máscara balística.
La verja de acero crujió sobre sus goznes oxidados y el equipo se adentró en las entrañas de la tierra.
La galería San José descendía con una pendiente constante del catorce por ciento, excavada a través de estratos alternos de calizas urgonianas, areniscas ferruginosas y potentes filones de siderita espática y oligisto .
Las paredes del túnel, apuntaladas cada dos metros por marcos de madera de roble centenario fosilizados por la humedad y las sales de hierro, brillaban con un resplandor rojizo oscuro bajo los haces concentrados de las linternas tácticas Streamlight Survivor .
En el suelo de roca, semienterrados bajo una capa de fango ferroso de cinco centímetros, aún podían verse los raíles de acero de sesenta centímetros de ancho por donde circulaban las vagonetas de mineral tiradas por mulas a principios del siglo XX.
Korta guiaba la marcha con paso firme y pausado, conociendo cada recodo de la galería gracias a la memoria viva transmitida por su abuelo y su padre.
—Atentos al techo en la cota menos cuarenta —advirtió Korta a través del interfono de la máscara—. Hay una zona de falla kárstica con desprendimientos de esquistos arcillosos. Mantened tres metros de distancia de seguridad entre operativos y no toquéis los pies derechos de madera.
Leire caminaba pegada a la espalda de Korta, sintiendo el calor reconfortante de su presencia y la firmeza de sus pasos.
A medida que descendían, la temperatura ambiental se elevaba progresivamente debido al gradiente geotérmico y a la falta de ventilación natural, pasando de los cuatro grados del exterior a veinticuatro grados centígrados con una humedad relativa del noventa y ocho por ciento.
El aire se volvía cada vez más denso, cargado de un olor penetrante y metálico que evocaba el sudor, la dinamita y el esfuerzo secular de miles de barrenistas.
A las 07:45 horas, tras recorrer ochocientos cincuenta metros de galería subterránea, la columna alcanzó la intersección con la Corta de Bodovalle .
Una inmensa tronera de ventilación natural de doce metros de anchura se abría sobre el vacío, permitiendo contemplar la majestuosidad sobrecogedora de la mayor mina a cielo abierto de Europa.
Un gigantesco anfiteatro elíptico de setecientos metros de longitud y ciento cuarenta metros de profundidad vertical se extendía bajo sus pies, escalonado en quince bermas concéntricas de roca roja y ocre.
La niebla invernal flotaba sobre el fondo de la corta como un mar de nubes blancas, ocultando las cotas inferiores donde se concentraban los secretos de la trama petroquímica.
Korta extrajo del bolsillo pectoral de su arnés el detector multigas portátil Dräger X-am 8000 , equipado con bomba de aspiración interna y sensor de Fotoionización (PID) con lámpara ultravioleta de 10.6 electronvoltios para detección de compuestos orgánicos volátiles (COVs).
Al extender la sonda telescópica de teflón de dos metros hacia el interior del ramal ciego denominado Galería 4B , el display digital del instrumento comenzó a iluminarse en color rojo intermitente.
Un pitido agudo y continuo rompió el silencio de la caverna.
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Korta alzó la mano izquierda, ordenando el alto inmediato de la columna.
—Tenemos concentraciones de trescientos ochenta partes por millón de vapores orgánicos volátiles y un catorce por ciento del LEL dentro de la Galería 4B —informó Korta con tono severo—. Hay una fuga masiva de solventes aromáticos y derivados fluorados al otro lado del sellado.
Leire se acercó a la pantalla del analizador.
—Esos niveles de hidrocarburos aromáticos son letales por inhalación aguda en menos de quince minutos sin equipo de circuito cerrado —ratificó la doctora—. Además, la presencia de sulfuro de hidrógeno indica procesos anaeróbicos de degradación química profunda en el agua estancada.
Busturia desenfundó el ventilador hidráulico de presión positiva con certificación ATEX Zona 0 alimentado por la línea de agua presurizada del furgón de superficie.
—Vamos a montar una cortina de ventilación forzada en la boca del túnel para barrer los gases hacia la corta exterior antes de cortar el portón blindado.
La entrada a la Galería 4B estaba bloqueada por un portón acorazado de acero naval de veinte milímetros de espesor , reforzado con perfiles en doble T y anclado a la roca mediante ocho pernos pasantes de titanio sellados con hormigón polimérico.
Sobre la chapa metálica destacaban dos candados de alta seguridad blindados de grado militar Abloy Protec2 y una placa de advertencia con pintura reflectante: «Acceso Restringido — Propiedad Privada Helvetia Petrochemical — Peligro Alta Presión» .
Korta y el sargento Busturia conectaron la lanza térmica de oxígeno ( Thermic Lance ) a los reguladores de alta presión de las botellas de oxígeno de trescientos bar.
La lanza, consistente en un tubo de acero al carbono relleno de varillas de aleación de magnesio y aluminio, se cebó mediante un electrodo de ignición eléctrica.
Al abrir la válvula de paso de oxígeno a quince bar, la punta de la lanza estalló en una llama cegadora de color blanco azulado que alcanzó una temperatura de cuatro mil doscientos grados centígrados .
Korta, protegido por una pantalla facial reflectante de oro y guantes pesados de cuero aluminizado, apoyó la punta incandescente contra la plancha de acero.
El metal blindado se fundió instantáneamente en una cascada de chispas doradas y escoria líquida que caía sobre el suelo de roca.
El cabo avanzó con un corte continuo y milimétrico, seccionando los cuatro cerrojos de anclaje perimetrales y los dos candados en menos de cuatro minutos.
Busturia introdujo la barra de uña hidráulica Holmatro en la ranura abierta.
Con una presión de trabajo de setecientos bar, el émbolo hidráulico empujó la hoja de acero hacia el interior del túnel con un crujido sordo que resonó en toda la galería.
El portón cayó hacia delante sobre el pavimento, liberando una densa vaharada de vapor químico amarillento que fue absorbida de inmediato por el torbellino de aire del ventilador ATEX .
La columna táctica penetró en el interior de la Galería 4B con los subfusiles en posición de guardia baja y los detectores químicos barriendo el ambiente.
Lo que apareció ante sus ojos era una macroinstalación logística clandestina de dimensiones colosales, excavada ilegalmente en las antiguas cámaras de explotación de hierro.
Una caverna abovedada de setenta metros de longitud, diez metros de anchura y ocho metros de altura albergaba tres hileras de racks metálicos industriales de cuatro niveles .
En ellos reposaban apilados más de mil seiscientos bidones de polietileno de alta densidad ( HDPE ) de doscientos litros de capacidad cada uno , pintados en color azul marino y sellados con precintos herméticos de seguridad.
Cada bidón lucía serigrafiado el logotipo de Helvetia Petrochemical S.A. , junto a números de lote internacionales y los pictogramas de riesgo de las Naciones Unidas.
«UN 1993 — Líquido Inflamable Tóxico» , «UN 2810 — Sustancia Tóxica Orgánica» y «UN 3082 — Peligro para el Medio Ambiente Acuático» .
En el fondo de la caverna, instalada sobre una bancada de hormigón armado, rugía una estación de bombeo de pistón triplex de alta presión marca Wepuko Pahnke, accionada por un motor eléctrico blindado antideflagrante de doscientos cincuenta kilovatios.
La bomba succionaba el contenido líquido de los bidones a través de un colector múltiple de acero inoxidable y lo inyectaba a doscientos bar de presión en una tubería de polietileno reticulado ( PEX ) de trescientos milímetros de diámetro.
La tubería se introducía verticalmente en un pozo de sondeo de doscientos metros de profundidad que comunicaba directamente con el acuífero kárstico profundo de la cuenca minera y las galerías inundadas que desembocaban en la ría de Bilbao.
La doctora Leire Arregi desplegó su maletín de toma de muestras forenses estériles sobre una mesa auxiliar de aluminio.
Con guantes estériles dobles de nitrilo reforzado con butilo, Leire conectó una bomba peristáltica de muestreo con tubos de PTFE (teflón puro) a la válvula de purga del colector de inyección de la bomba Wepuko .
Accionó la bomba a baja velocidad para evitar la volatilización de los compuestos orgánicos más ligeros.
Un líquido viscoso, de color ámbar oscuro con reflejos irisados y olor acre extremadamente irritante, comenzó a fluir hacia el interior de tres frascos de vidrio de borosilicato ámbar de quinientos mililitros con tapón de rosca y septo de PTFE/silicona .
Leire realizó las pruebas químicas presuntivas in situ.