Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 05 — EL SEGUNDO FOCO EN LOS PABELLONES DE ZIERBENA #3
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CAPÍTULO 05 — EL SEGUNDO FOCO EN LOS PABELLONES DE ZIERBENA #3

Korta soportó el procedimiento con una entereza admirable, sin emitir una sola queja mientras las dos médicas aseguraban el apósito.

—En siete días la reepitelización estará completa y podrás volver al servicio activo —concluyó Miren retirándose los guantes estériles—. Pero esta noche te quedas bajo observación médica estricta, y Leire se encargará de que no muevas un solo dedo.

Korta miró a Leire con una sonrisa tierna.

—Cumpliré las órdenes de mi doctora al pie de la letra.

A las tres y media de la madrugada, en la sala de observación de Cruces, la inspectora Irati Mendiluze tomó declaración al segundo operario rescatado por Korta, el técnico Gorka Elorriaga .

El joven, aún con oxígeno por cánula nasal pero plenamente lúcido, relató los momentos previos a la explosión.

—Estábamos en la oficina revisando los albaranes de descarga cuando escuchamos ruidos metálicos en la base de la esfera de propano —explicó Elorriaga con la voz entrecortada—.

Nos asomamos a la ventana del altillo y vimos a dos hombres vestidos con monos oscuros de mantenimiento y pasamontañas.

Llevaban mochilas rígidas y hablaban entre ellos en alemán o dialecto suizo.

—Uno de ellos manipulaba el cuadro de válvulas mientras el otro colocaba la caja magnética en la tubería de purga —continuó el testigo—.

Cuando intentamos bajar para dar la alarma, activaron una granada incendiaria en el Pabellón B y huyeron hacia el muelle en una lancha semirrígida negra que los esperaba en el pantalán norte.

Irati guardó la grabación en la tableta judicial.

—Coincide con los movimientos del comando de mercenarios suizos identificados en Punta Ceballos. Ya tenemos la orden internacional de busca y captura cursada a través de Europol e Interpol.

A las cuatro de la madrugada, mientras Korta reposaba, Leire se trasladó brevemente al laboratorio de química forense del IVML para procesar los residuos del explosivo con el doctor Gorka Zabaleta.

El análisis mediante Cromatografía de Gases con Detector de Emisión Atómica (GC-AED) y espectrometría de masas confirmó la composición del explosivo.

—Muestra positiva para una mezcla de ciclotrimetilentrinitramina ( RDX ) al cuarenta y cinco por ciento, tetranitrato de pentaeritritol ( PETN ) al cuarenta y cinco por ciento y un plastificante de polibutadieno hidroxilado.

—La presencia de un trazador químico volátil de DMDNB (Dimetildinitrobutano) en concentración del cero coma cinco por ciento identifica el lote militar como procedente de una partida fabricada en Suiza en 2023 para empresas de demolición técnica submarina.

Leire anexó el dictamen al sumario judicial.

—Las piezas del rompecabezas encajan a la perfección. La misma corporación que vertía los tóxicos en Peñas Negras contrató a los mercenarios para sabotear las plantas y eliminar a los testigos con armamento militar suizo.

A las cinco y cuarto de la madrugada, tras recibir el alta médica ambulatoria con la prescripción de reposo absoluto, Leire condujo su vehículo trasladando a Korta hasta su caserío familiar en Galdames .

El valle dormía bajo un manto de silencio invernal, con el viento de la galerna silbando suavemente entre los robles centenarios.

Entraron en la calidez de Arregi-Enea , donde las brasas de encina en la gran chimenea aún desprendían un calor suave y reconfortante.

Leire ayudó a Korta a despojarse de la chaqueta y de las botas con delicadeza infinita, acomodándolo en el sofá de madera frente al fuego con una manta de lana pura sobre los hombros.

Le preparó un vaso de leche caliente con miel de brezo de los montes de Triano.

Korta tomó el vaso con su mano derecha, contemplando el rostro cansado y hermoso de Leire iluminado por el resplandor de las brasas.

—Leire... ven aquí conmigo —pidió Korta con voz suave y profunda.

Leire se sentó a su lado, acurrucándose suavemente contra su costado sano y apoyando la cabeza en su hombro.

Korta rodeó su cintura con su brazo derecho, atrayéndola con una ternura infinita.

Sintió el latido acompasado del corazón de Leire y la suavidad de su respiración contra su cuello.

—Esta noche me di cuenta de algo muy importante, Jon Ander —susurró Leire conmovida—. Llevaba años encerrada en mis autopsias y en mis informes, creyendo que mi vida estaba completa sin nadie. Pero desde que entraste en mi guardia, no puedo imaginar un solo día sin ti.

Korta acarició su cabello, besando su frente con una devoción sagrada.

—Yo llevaba tres años viviendo entre el humo y la culpa, Leire. Tú me has devuelto las ganas de vivir y de soñar con un futuro en esta tierra. Te amo con toda mi alma.

Leire alzó su rostro hacia él, uniendo sus labios a los de Korta en un beso largo, dulce y apasionado que selló su amor en el corazón de la noche vasca.

A las siete y media de la mañana, la primera luz dorada del sol de invierno iluminó los prados y los bosques de castaños del valle de Las Encartaciones.

Korta y Leire salieron a la balconada de madera de roble del caserío para contemplar cómo la niebla se elevaba lentamente sobre el monte Ganeran.

Korta sostenía una taza de café en su mano sana, mientras rodeaba la cintura de Leire con su brazo.

—¿Sabes cuál es mi sueño, Leire? —preguntó Korta con voz sosegada—.

Cuando termine todo esto y las minas estén limpias, quiero crear una escuela de rescate y oficios tradicionales en Gallarta para los jóvenes de la cuenca minera.

Para que aprendan a cuidar la tierra y a salvar vidas en lugar de caer en el abandono.

Leire apoyó su mejilla en el pecho de Korta, mirándole con una admiración luminosa.

—Lo construiremos juntos, Jon Ander. Yo seré la médica de esa escuela y tú el maestro de bomberos. Te lo prometo.

Se abrazaron frente a la inmensidad de las montañas vizcaínas, sintiendo que sus almas estaban unidas para siempre por un amor indomable.

A las nueve de la mañana, el oficial Unai Etxebarria , jefe de la Unidad de Buceo Táctico de la Ertzaintza, llamó al teléfono encriptado de Korta.

—Jon Ander... La patrullera de la Ertzaintza ha localizado hace media hora la lancha semirrígida de los mercenarios varada en una cala oculta de la ría de Plentzia —informó Unai con voz grave—.

En su interior hemos encontrado dos cajas vacías de detonadores electrónicos, un fusil silenciado B&T MP9 y trajes secos de buceo militar.

—Los buzos de mi unidad están rastreando el lecho marino de la ría por si fondearon cargas adicionales —continuó Unai—. Hemos blindado los accesos costeros desde Bermeo hasta Castro Urdiales. Esos criminales están acorralados en tierra firme y no van a poder salir de Euskadi por mar.

Korta agradeció la información.

—Gracias, Unai. Leire y yo tenemos las pruebas periciales completas. La jueza Orue va a dictar las órdenes de detención internacional en una hora.

A las doce del mediodía, Korta y Leire se personaron en el Parque Central de Miribilla para el relevo de guardia.

En la nave de vehículos, frente a las dos Bombas Urbanas Pesadas que presentaban aún las huellas del hollín y el calor de Zierbena, el sargento Busturia y los diez bomberos de la dotación formaron en un semicírculo respetuoso.

Busturia se adelantó, sosteniendo una placa de bronce pulido.

—Compañeros... Esta noche hemos vuelto a mirar a la muerte a los ojos en el muelle de Zierbena. El cabo Cortázar arriesgó su vida para salvar a dos trabajadores y la doctora Arregi protegió a nuestros heridos en primera línea de fuego.

Busturia colocó la placa conmemorativa en el panel de honor del parque.

— «Miribillako suhiltzaileak: Bizkaiaren alde, suaren gainetik» — «Bomberos de Miribilla: por Bizkaia, por encima del fuego» .

Los bomberos rompieron en un aplauso cerrado y emotivo, abrazando a Korta y a Leire con una hermandad indestructible.

A las dos de la tarde, Korta y Leire se reunieron en la gran cocina del caserío Arregi-Enea con los padres de Leire, don Imanol y doña Begoña.

Sobre la mesa de roble humeaba una cazuela de barro con alubias rojas de Enkarterri acompañadas con sacramentos (morcilla de puerro, chorizo casero y tocino entreverado) y un plato de txangurro a la donostiarra horneado con pan rallado y brandy.

Don Imanol, un hombre de setenta años con manos curtidas por la azada y el hacha, observó a Korta con un respeto hondo y sincero.

Tomó un antiguo rosario de madera de boj tallado a mano en 1910 por su propio padre en las minas de Peñas Negras y se lo entregó a Korta.

—Jon Ander, en este valle sabemos reconocer a un hombre de verdad por la mirada y por el valor con el que cuida de los suyos. Has salvado la vida de nuestra hija y de nuestra gente. Esta casa y esta tierra son tuyas para siempre.

Korta tomó el rosario con emoción contenida, apretando la mano del anciano con reverencia.

—Eskerrik asko, Imanol. Cuidaré de Leire y de este caserío con mi propia vida.

Leire sonrió entre lágrimas de alegría, abrazando a su madre y entrelazando su mano con la de Korta bajo la mesa.

El sol del mediodía brillaba sobre los robledales de Galdames y sobre las aguas lejanas del Abra, disipando las sombras del atentado en Zierbena.

En el puerto exterior, la amenaza de la BLEVE había sido derrotada gracias al coraje supremo de los bomberos y sanitarios de Euskadi, dejando tras de sí las pruebas irrefutables que condenarían a la trama criminal.

Jon Ander Cortázar y Leire Arregi descansaban con la certeza de que su causa era justa y que su fuerza residía en la verdad y en el amor indestructible que los unía.

La batalla contra las sombras continuaba, pero el amor y la justicia habían encendido una llama eterna en el corazón de Bizkaia.