Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 05 — EL SEGUNDO FOCO EN LOS PABELLONES DE ZIERBENA
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CAPÍTULO 05 — EL SEGUNDO FOCO EN LOS PABELLONES DE ZIERBENA

A las diez y media de la noche del veintiocho de diciembre, una violenta galerna cantábrica azotaba las dársenas del puerto exterior de Bilbao, en el término municipal de Zierbena .

El viento del noroeste, encajonado entre el monte Serantes y los espigones del dique de Punta Lucero, alcanzaba rachas huracanadas de más de cien kilómetros por hora, levantando olas de seis metros que rompían con estruendo contra los bloques de hormigón del muelle.

En el Muelle Reina Sofía , una inmensa explanada logística de cincuenta mil metros cuadrados dedicada al almacenamiento y trasvase de productos químicos, resinas sintéticas y disolventes pesados, la lluvia caía en cortinas casi horizontales que reducían la visibilidad a menos de veinte metros.

En el centro del complejo se alzaban los cuatro pabellones industriales de la empresa química Bizkaia Chemical Logistics y, a escasos cincuenta metros, dos esferas presurizadas de almacenamiento de gas licuado de petróleo (GLP) de dos mil quinientos metros cúbicos de capacidad cada una, sostenidas sobre ocho pilares tubulares de acero rellenos de hormigón.

A las 22:42 horas, el vigilante de seguridad de la caseta sur observó a través de los monitores de circuito cerrado una luz amarillenta y pulsátil que surgía del interior del Pabellón B, donde se almacenaban más de ochocientos bidones de doscientos litros de metiletilcetona y tolueno.

Antes de que pudiera pulsar el botón de alarma general, una ensordecedora detonación sacudió los cimientos del muelle.

La cubierta de chapa grecada del Pabellón B voló por los aires en fragmentos incandescentes, mientras una bola de fuego de cuarenta metros de diámetro se elevaba hacia el cielo nocturno, iluminando las aguas embravecidas del Abra con un resplandor rojizo y aterrador.

El fuego se propagó en cuestión de segundos al rack exterior de tuberías de trasvase que alimentaba la Esfera Norte de Gas Licuado , amenazando con provocar la mayor catástrofe industrial en la historia reciente de Bizkaia: una explosión por expansión de líquido en ebullición ( BLEVE ).

En el Parque Central de Bomberos de Bilbao , en Miribilla, el timbre de alarma por Emergencia Industrial Nivel 3 estalló por segunda vez en menos de setenta y dos horas.

Por los altavoces de la nave retumbó la orden de salida con prioridad absoluta.

— «¡Atención todas las dotaciones! ¡Alarma general por incendio industrial masivo con riesgo inminente de BLEVE en el Muelle Reina Sofía de Zierbena!

Fuego confinado y de interfaz en pabellones químicos con afectación directa a esferas de gas licuado.

Salen BUP-1, BUP-2, Brazo Articulado de 54 metros, Furgón de Gran Caudal y Furgón de Espuma.

Salen asimismo dotaciones de apoyo de los Parques Forales de Urioste y Derio. ¡Salida inmediata!»

El cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar se deslizó por la barra de descenso, calzándose el pantalón de intervención de Nomex Tough en diez segundos.

Ajustó los tirantes ignífugos, encajó las botas estructurales de piel hidrófuga con suela de nitrilo resistente a hidrocarburos a trescientos grados y se colocó el chaquetón de intervención tricapa con membrana impermeable y transpirable Gore-Tex CROSSTECH .

El sargento Asier 'Busturia' Uriarte ocupó el asiento de mando de la Bomba Urbana Pesada 1 , mientras Korta se situaba en la cabina delantera revisando los diagramas de flujo y las distancias de seguridad en la pantalla del terminal de mando.

—Korta, la Esfera Norte tiene dos mil metros cúbicos de propano líquido a diez bar de presión —informó Busturia con el rostro crispado por la tensión—.

Si la radiación térmica del pabellón en llamas calienta la chapa superior de la esfera por encima de los cuatrocientos cincuenta grados, el acero perderá el cincuenta por ciento de su límite elástico y la presión interna hará estallar el tanque en una BLEVE masiva.

—El radio de letalidad absoluta por sobrepresión y radiación térmica de esa esfera es de mil doscientos metros —respondió Korta con frialdad matemática—.

Si estalla, arrasa la terminal de Zierbena y la onda de choque rompe cristales en Santurtzi y Portugalete.

Nuestra única misión al llegar es levantar una cortina de agua ininterrumpida de cuatro mil litros por minuto sobre la cúpula de la esfera y entrar al pabellón para cortar la válvula de alimentación manual.

A las 22:48 horas, seis vehículos pesados de bomberos salieron de Miribilla a toda velocidad, enfilando la autovía A-8 bajo el temporal de lluvia y viento.

Simultáneamente, en la base de ambulancias de emergencias de Osakidetza en Cruces, la unidad de Soporte Vital Avanzado (SVA) medicalizada número 1 recibía la orden de despliegue en zona caliente.

La doctora Leire Arregi , que se encontraba de guardia especial en la Unidad de Grandes Quemados de Cruces coordinando el protocolo de contingencia toxicológica, subió a la ambulancia como médico jefe del convoy sanitario.

Acompañada por dos enfermeros intensivistas y dos técnicos de emergencias, Leire supervisó la carga del material para atención masiva a quemados.

Mochilas de reanimación hidroelectrolítica con sueros de Ringer Lactato templados a treinta y siete grados para reposición precoz según la fórmula de Parkland modificada, mantas estériles impregnadas en hidrogel refrescante WaterJel para detención inmediata del daño térmico dérmico, apósitos de sulfadiazina de plata micronizada ( Silvederma ), kits de escarotomía quirúrgica descompresiva estériles y viales de analgesia mayor con fentanilo , ketamina y midazolam .

—Vamos a montar el Puesto Médico de Triaje en la zona templada del muelle, a cuatrocientos metros del foco y a barlovento del viento dominante —instruyó Leire a su equipo mientras se ajustaba el casco de protección sanitaria y la chaqueta de alta visibilidad—.

Si hay heridos con quemaduras circulares en tórax o extremidades, realizaremos las escarotomías descompresivas in situ antes de la evacuación hacia Cruces.

La ambulancia medicalizada aceleró por la A-8 escoltada por dos motocicletas de la Ertzaintza, siguiendo de cerca las luces rotativas de los camiones de bomberos.

A las 23:05 horas, el convoy de bomberos y sanitarios alcanzó el acceso al Muelle Reina Sofía .

El panorama era dantesco y sobrecogedor.

El Pabellón B se encontraba en fase de fuego totalmente desarrollado ( flashover ) , con llamaradas rugientes de más de cuarenta metros de altura que emergían por la cubierta colapsada y las paredes laterales de chapa.

La temperatura en el interior de la nave superaba los novecientos cincuenta grados centígrados, generando un flujo radiante de más de ochenta kilovatios por metro cuadrado que derretía las farolas de alumbrado y los neumáticos de los camiones cisterna aparcados a treinta metros.

A escasos cuarenta metros del pabellón, la gigantesca Esfera Norte de Gas Licuado brillaba con un reflejo anaranjado siniestro.

Las tuberías de purga de la base de la esfera ardían con antorchas de fuego directo que lamían las patas de soporte, y la chapa superior del depósito comenzaba a humear por evaporación de la lluvia, síntoma inequívoco de que el acero estaba alcanzando temperaturas críticas de fallo estructural.

El sargento Busturia y el cabo Cortázar bajaron de la cabina de la BUP-1, sintiendo la bofetada de calor abrasador a través del tejido de sus chaquetones de intervención.

Korta desenfundó la cámara termográfica FLIR T865 y apuntó el sensor radiométrico hacia la cúpula de la esfera.

—¡La chapa superior de la esfera está a trescientos ochenta grados y subiendo a razón de diez grados por minuto! —gritó Korta a través del interfono del casco—. Si pasa de cuatrocientos cincuenta grados, la BLEVE es inevitable en menos de doce minutos.

—¡Patxi, Gaizka! —ordenó Busturia—. ¡Montad el monitor de gran caudal TFT Crossfire alimentado por la red de hidrantes del muelle a doce bar!

¡Enfriamiento masivo de la cúpula con cono abierto a cuatro mil litros por minuto!

¡Korta, tú y Eneko cogéis la línea de setenta milímetros con espuma AFFF y penetráis por la puerta este para cerrar la válvula maestra!

En menos de tres minutos, los bomberos de Miribilla y los refuerzos de Urioste desplegaron un ataque hidráulico masivo.

El monitor de gran caudal comenzó a proyectar un chorro continuo de cuatro mil quinientos litros de agua por minuto que impactó contra la parte superior de la esfera de gas.

Al chocar contra el acero sobrecalentado, el agua se transformaba instantáneamente en densas nubes de vapor blanco que envolvían la estructura, deteniendo el ascenso térmico y reduciendo la temperatura de la envolvente a doscientos veinte grados.

Simultáneamente, la ambulancia de Osakidetza se posicionó en la explanada de acceso.

Leire Arregi descendió del vehículo, observando con el corazón en un puño la silueta imponente de Jon Ander Cortázar avanzando hacia la entrada del pabellón en llamas.

Korta se ajustó la máscara facial Panorama Nova , conectó el regulador de presión a su equipo autónomo de respiración Dräger e inició el avance junto a Eneko, empuñando la lanza de ataque de setenta milímetros con espumógeno formador de película acuosa AFFF al 3% .

Al pasar junto a la carpa médica, Korta se detuvo un segundo y cruzó su mirada a través del visor con los ojos de Leire.

Leire alzó su mano enguantada en un gesto de aliento y súplica silenciosa.

—Cuídate, Jon Ander... —susurró Leire conmovida.

Korta asintió con un gesto firme de cabeza, transmitiéndole una seguridad inquebrantable antes de adentrarse en el infierno de fuego del pabellón.

El interior del Pabellón B presentaba un escenario de destrucción total y violencia térmica extrema.

Centenares de bidones de disolventes químicos explosionaban periódicamente con estallidos ensordecedores ( boilover localizados), proyectando chorros de metiletilcetona y xileno ardiendo a más de mil grados por toda la nave.