CAPÍTULO 03 — LA INSPECCIÓN TÉCNICA EN LAS CENIZAS DE MIRIBILLA #3
En el patio exterior, junto a la torre de maniobras de ocho plantas de hormigón armado, el sargento Busturia y los bomberos de la guardia habían montado el circuito de entrenamiento para rescate en espacios confinados y pozos verticales.
Korta instruyó a Leire en el manejo de los arneses integrales de espeleosocorro Petzl Navaho , los descendedores autofrenantes Rig y los bloqueadores de puño Jumar para ascenso por cuerda simple.
La cercanía física durante el ajuste del arnés era constante.
Korta ajustó con precisión las cintas de las perneras y el cinturón dorsal de Leire, comprobando la tensión exacta de los cierres metálicos de titanio.
—El arnés tiene que quedar ceñido como una segunda piel, Leire —explicó Korta mientras sus manos enguantadas rozaban con firmeza y delicadeza la cintura y los muslos de la doctora—.
Si sufres una caída en suspensión en el pozo de Peñas Negras, la presión se reparte en la pelvis y no comprime la arteria femoral.
Leire sintió la fuerza serena y la seguridad que transmitían las manos de Korta.
Alzó la vista hacia el rostro del bombero, encontrando sus ojos a escasos centímetros de los suyos.
—Confío en ti, Jon Ander —susurró Leire con una sinceridad desarmante.
Korta sostuvo su mirada durante un instante eterno, donde las palabras sobraban ante la intensidad del vínculo que crecía entre ellos.
—Nunca dejaré que te pase nada malo, Leire. Te lo juro por mi vida.
A las siete de la tarde, en el laboratorio de balística de la Policía Científica en Erandio, la inspectora Irati Mendiluze convocó a Korta y a Leire para el examen de dos casquillos recuperados junto a la compuerta cuatro.
El perito balístico colocó las vainas de latón bajo el microscopio de comparación Leica FS M .
—Calibre nueve milímetros Parabellum, munición subsónica con proyectil semiblindado de ciento cuarenta y siete grains —detalló el perito—. El marcaje en el culote indica manufactura suiza de precisión de la firma RUAG Ammotec .
—La aguja percutora presenta una impronta rectangular característica de los subfusiles automáticos silenciados B&T MP9 , armamento de dotación exclusiva en unidades militares de operaciones especiales y contratistas de seguridad privada de alto nivel.
Irati Mendiluze guardó los casquillos en la caja de pruebas.
—La empresa de seguridad de Punta Ceballos tiene contratados a doce mercenarios suizos procedentes de la misma corporación que desmantelamos en el carguero del Abra. Esto confirma que estamos ante la misma red criminal.
A las ocho y media de la tarde, Korta y Leire regresaron al comedor del Parque Central de Miribilla.
El sargento Busturia y los bomberos Patxi y Gaizka habían preparado una gran cazuela de marmitako de bonito del Cantábrico , con patatas pochadas en caldo de pescado, pimiento choricero y cebolla dulce.
Leire se sentó a la mesa corrida junto a Korta, compartiendo anécdotas, risas y la calidez fraternal de la guardia de bomberos.
Los bomberos veteranos acogieron a la forense con un afecto sincero.
—Doctora Arregi, si Korta dice que usted baja a la sima de Peñas Negras con nosotros, para nosotros ya es de la casa —proclamó Busturia levantando su vaso de vino tinto de Rioja Alavesa—. ¡Por los buenos peritajes y por la gente que no se rinde!
— «¡Topa!» —brindaron todos entre risas y aplausos.
A las diez de la noche, necesitando despejar la mente antes de la incursión del día siguiente, Korta y Leire salieron a caminar por el muelle de Marzana, junto a la ría de Bilbao.
La noche era fría y despejada, con la luna llena reflejándose sobre las aguas mansas del Nervión.
Caminaron juntos hasta el histórico puente de San Antón , frente a la iglesia gótica del mismo nombre.
Se detuvieron junto a la barandilla de hierro forjado, contemplando el reflejo de las luces del Casco Viejo.
Korta se despojó de su bufanda de lana y la colocó con infinita ternura alrededor del cuello de Leire para protegerla de la brisa marina.
Leire alzó sus ojos hacia los de Korta, sintiendo el calor de sus manos y la cercanía de su pecho firme.
—Jon Ander... llevas años cuidando de todos los demás. Pero ¿quién cuida de ti?
Korta la miró con una ternura profunda que desarmó todas sus defensas.
—Hasta hoy nadie, Leire. Pero mirándote a los ojos sé que no estoy solo en esta batalla.
Leire apoyó su mano sobre la mejilla curtida de Korta, acariciando su piel con una suavidad que hizo estremecer al recio bombero.
Se miraron en el silencio mágico de la noche bilbaína, sellando una promesa tácita de amor y protección mutua bajo las estrellas.
A las once de la noche, Korta y Leire se trasladaron a la Unidad de Medicina Hiperbárica del Hospital Universitario de Cruces para consultar con la doctora Miren Mendiluze .
Miren los recibió en la sala de control de las cámaras multiplaza Haux-Strea 2000 .