CAPÍTULO 03 — LA INSPECCIÓN TÉCNICA EN LAS CENIZAS DE MIRIBILLA #2
—El detector confirma la presencia de compuestos aromáticos pesados de la serie BTEX (Benceno, Tolueno, Etilbenceno y Xilenos) en concentraciones superiores a quinientas partes por millón —dictó Leire ante el micrófono—.
Asimismo, se identifica un pico ionizado correspondiente a Tetrafluoroetileno y oligómeros de perfluorooctanoilsulfonato (PFOS) .
Leire alzó la mirada hacia Korta e Irati.
—Los residuos hallados en el suelo no proceden únicamente del propileno de la tubería.
Utilizaron una mezcla acelerante compuesta por disolventes industriales clorados y fluorados para impregnar la ropa de Ormaetxea y garantizar que el calor del fuego consumiera cualquier resto de tejido blando en su cuello.
Korta apretó los dientes.
—Pero el sistema de ventilación de la galería y la rápida llegada de nuestras bombas de Miribilla enfriaron la sala antes de que el fuego alcanzara la fase de calcinación ósea completa.
Mientras el equipo continuaba la recogida de muestras en la sala de compresores, Korta se desplazó hacia el fondo del túnel, donde una compuerta metálica de inspección secundaria permanecía semioculta tras una pared de paneles acústicos.
Korta retiró los paneles deformados con una palanca de desencofrar Hooligan .
Detrás de los paneles apareció un pozo secundario de hormigón con una tubería de acero inoxidable de cuatrocientos milímetros de diámetro que no figuraba en ninguno de los planos oficiales entregados por la dirección de Petronor.
La tubería disponía de una válvula de compuerta motorizada con servomotor eléctrico blindado y un caudalímetro electromagnético digital Krohne .
Korta examinó las conexiones eléctricas y los manómetros de presión.
—Inspectora Mendiluze... doctora Arregi... vengan a ver esto inmediatamente.
Leire e Irati se acercaron al pozo secundario.
—¿Hacia dónde se dirige esta línea, Korta? —preguntó la inspectora mientras iluminaba el conducto con su linterna.
Korta extrajo de su bolsillo el plano minero histórico de la comarca que había traído de Miribilla.
—Esta tubería no forma parte de la red de la refinería. Desciende en pendiente del cuatro por ciento hacia el suroeste, cruzando por debajo de la autovía A-8 en dirección a los montes de Triano y la cuenca de Gallarta.
Korta señaló el punto exacto en el plano topográfico.
—Conecta directamente con la Galería Minera San Luis , una antigua galería de desagüe de mineral de hierro excavada a finales del siglo XIX que desemboca en las simas inundadas de Peñas Negras y en el fondo de la corta de Bodovalle .
Leire contempló el caudalímetro con los ojos muy abiertos.
—Los archivos de la tarjeta microSD de Ormaetxea...
Esta es la tubería de inyección clandestina que denunciaba en su informe.
Estaban utilizando las bombas de alta presión de Punta Ceballos para bombear miles de toneladas de disolventes fluorados y grafeno residual hacia el interior de las minas abandonadas de Peñas Negras.
A las once de la mañana, tras asegurar las muestras y precintar judicialmente la válvula clandestina, la comitiva regresó a la superficie del muelle de Punta Ceballos.
En la sala de crisis de las oficinas centrales del complejo, el director de la terminal, el ingeniero Ignacio Berasaluce , y el jefe de seguridad de la corporación aguardaban rodeados por tres abogados penalistas de un bufete mercantil bilbaíno.
Berasaluce, un hombre de unos cincuenta y cinco años con traje oscuro impecable y ademanes arrogantes, se puso en pie al ver entrar a la inspectora Mendiluze, a la doctora Arregi y al cabo Cortázar.
—Inspectora, el amarre del superpetrolero Nordic Pride lleva veinticuatro horas demorado por culpa de este precinto —protestó Berasaluce en tono altivo—.
Las pérdidas para la compañía superan ya el millón y medio de euros.
Exijo la reapertura inmediata de la galería cuatro para que nuestros técnicos procedan a la reparación de la tubería de propileno.
Irati Mendiluze colocó el auto judicial sobre la mesa de caoba.
—La galería cuatro queda bajo precinto judicial exclusivo por orden del Juzgado de Instrucción Número Cuatro de Bilbao en el marco de una causa especial por homicidio consumado, estragos y delitos continuados contra la salud pública y el medio ambiente, señor Berasaluce.
El director palideció ligeramente, pero intentó mantener la compostura.
—¿Homicidio? Ormaetxea era un empleado ejemplar que lamentablemente falleció en un accidente laboral fortuito provocado por una sobrepresión imprevista...
Leire dio un paso al frente, clavando sus ojos afilados en los del director.
—Mikel Ormaetxea no murió por inhalación de propileno ni por asfixia en el fuego, señor Berasaluce. El Signo de Montalti es negativo, la carboxihemoglobina es basal y fue ejecutado con una punción bulbar directa de un neurotóxico militar tras ser maniatado con bridas industriales a una columna.
Leire dejó caer sobre la mesa el informe preliminar de autopsia.
—Y el incendio fue provocado intencionadamente mediante cargas lineales de termita magnética TH3 colocadas en las bisagras de la compuerta y un corte previo en la tubería de acero para destruir el cuerpo de Ormaetxea y ocultar la existencia de la tubería clandestina de vertidos hacia Peñas Negras.
El silencio en la sala de juntas fue total; los tres abogados defensores se miraron entre sí, incapaces de articular una sola palabra de réplica ante la contundencia demoledora del dictamen pericial.
Korta dio un paso al frente, situándose al lado de Leire con su imponente presencia física.
—Y le aseguro, señor Berasaluce, que si encontramos un solo litro de veneno en las simas de Gallarta, no habrá suficientes abogados en toda Europa para librarles de la cárcel.
Irati recogió los documentos.
—Quedan citados a declarar en calidad de investigados no detenidos en el Palacio de Justicia de Bilbao mañana a las nueve de la mañana. Y el recinto queda bajo custodia armada de la Brigada Móvil de la Ertzaintza.
A las dos de la tarde, tras abandonar el complejo de Punta Ceballos, Korta y Leire se trasladaron en el todoterreno de bomberos hacia el municipio minero de Gallarta .
Aparcaron junto al Parque Minero del País Vasco, en una taberna tradicional de piedra y madera regentada por antiguos barrenistas de la corta de Bodovalle.
En una mesa de roble apartada del comedor rústico, donde el aroma a alubias y madera quemada creaba un ambiente acogedor, compartieron un almuerzo caliente.
Sopas de ajo tradicionales con huevo escalfado y pimentón de la Vera, tacos de bacalao frito con pimientos del caserío y una botella de txakoli fresco de Zalla.
Korta observaba a Leire mientras la doctora desmenuzaba el pan con las manos.
—Ha estado impecable en la sala de juntas, Leire. Hacía tiempo que no veía a un directivo petroquímico perder el color de la cara de esa manera.
Leire sonrió, apoyando los codos sobre la mesa y mirándole a los ojos con una mezcla de cansancio y sincera gratitud.
—No soporto la arrogancia de quienes creen que el dinero y las influencias políticas están por encima de la vida humana, Jon Ander.
Mi padre trabajó cuarenta años como agricultor en Galdames y mi abuelo se dejó los pulmones en las galerías de Peñas Negras.
Cuando veo a ejecutivos como Berasaluce envenenar nuestros valles y matar a un trabajador para taparlo, se me enciende la sangre.
Korta tomó la botella de txakoli y llenó la copa de Leire.
—Mi padre murió de silicosis a los cincuenta y cuatro años tras treinta inviernos picando mineral en el pozo Bodovalle. Por eso entré en los bomberos: para no dejar que nadie más muriera atrapado bajo tierra sin que alguien bajara a buscarlo.
Leire alzó su copa, rozando suavemente la de Korta.
—Por nuestros padres, Jon Ander. Y porque la verdad salga a la luz en esta tierra.
Chocaron sus copas en un brindis sentido que selló una complicidad humana aún más profunda entre ambos.
Al concluir el almuerzo, Korta extendió sobre la mesa el mapa topográfico a escala 1:5.000 del Macizo Minero de Peñas Negras y los montes de Triano.
Leire extrajo su tableta digital con los archivos decodificados de la tarjeta microSD de Ormaetxea.
Cotejaron las coordenadas GPS de los vertidos con las bocaminas históricas.
—Mire aquí, Jon Ander —señaló Leire con el dedo sobre la pantalla—. Ormaetxea localizó tres puntos principales de inyección: la sima de la mina La Barga , la galería subterránea del pozo Malaespera y el nivel menos ochenta de la corta de Bodovalle .
—En estos tres enclaves, la corporación ha instalado bombas sumergibles de recirculación que inyectan disolventes fluorados a sesenta bar de presión, aprovechando que el agua freática ácida de las minas disuelve las sales de hierro y acelera la dispersión subterránea de los tóxicos hacia el acuífero de Las Encartaciones.
Korta examinó las curvas de nivel del terreno.
—La sima de Peñas Negras tiene un pozo vertical de noventa metros antes de alcanzar la galería inundada. Para bajar allí necesitamos los trípodes pesados de rescate, cuerdas semiestáticas de once milímetros, equipos de respiración de circuito cerrado y trajes estancos de espeleosocorro.
—Iré con usted, Jon Ander —afirmó Leire sin un segundo de vacilación—. Necesitamos tomar muestras biológicas y químicas directas del fondo de la sima para que el informe pericial tenga validez probatoria absoluta ante el tribunal.
Korta la miró a los ojos, con esa expresión protectora y firme que nacía de lo más profundo de su ser.
—Iremos juntos, Leire. Pero yo iré en cabeza y usted no dará un solo paso que yo no haya asegurado antes.
Leire sostuvo su mirada, sintiendo un calor reconfortante en el pecho ante la firmeza protectora del cabo.
—Trato hecho, bombero.
A las cinco de la tarde, Korta y Leire regresaron al Parque Central de Bomberos de Miribilla.