Cenizas en la noche de San Juan (Código Cruces 2) CAPÍTULO 03 — LA INSPECCIÓN TÉCNICA EN LAS CENIZAS DE MIRIBILLA
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CAPÍTULO 03 — LA INSPECCIÓN TÉCNICA EN LAS CENIZAS DE MIRIBILLA

A las siete de la mañana del veintiséis de diciembre, una neblina densa y fría que ascendía desde el cauce de la ría del Nervión envolvía los hangares y la torre de maniobras del Parque Central de Bomberos de Bilbao , en la ladera alta de Miribilla.

El termómetro marcaba tres grados sobre cero y el viento del noroeste había amainado, dejando en el aire ese olor característico del invierno bilbaíno: una mezcla de salitre atlántico, humo de calefacciones y tierra húmeda.

En la sala técnica de la Unidad de Investigación de Siniestros e Incendios (UTII) , en la segunda planta del edificio, el cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar y el sargento Asier 'Busturia' Uriarte trabajaban sobre una amplia mesa de trabajo iluminada por lámparas fluorescentes de luz blanca.

Sobre la superficie de melamina gris se desplegaban los planos isométricos de la terminal de hidrocarburos de Punta Ceballos, los esquemas de ventilación forzada de los túneles criogénicos y los registros de telemetría digital de las Bombas Urbanas Pesadas que habían intervenido durante la Nochebuena.

Korta, vestido con el mono azul de faena y botas técnicas, repasaba con un rotulador rojo los puntos de colapso térmico de la galería número cuatro.

—Mira las curvas de presión de la red matriz en el minuto cero de la alarma, Asier —explicó Korta señalando las gráficas con el extremo del rotulador—.

La caída de presión en la tubería de propileno de seiscientos milímetros no fue progresiva como ocurre en una fatiga de material o una fisura por dilatación.

Fue una pérdida instantánea de dieciséis a cero bar en menos de trescientos milisegundos.

Busturia se inclinó sobre la mesa con su taza de café en la mano, mesándose la barba canosa.

—Eso solo ocurre si la tubería se secciona de golpe con una carga de corte lineal o una sobrepresión explosiva localizada.

—Exacto —asintió Korta con gravedad—. Y la doctora Arregi demostró en la autopsia que Mikel Ormaetxea fue asesinado con un neurotóxico bulbar al menos quince minutos antes de que el gas comenzara a arder.

No podemos tratar esto como una simple pericial de seguro industrial; tenemos que entrar en esa galería con el equipo de investigación forense de incendios y levantar cada esquirla de metal antes de que la empresa limpie el escenario.

En ese instante, la inspectora jefa Irati Mendiluze , de la Policía Judicial de la Ertzaintza, entró en la sala portando una carpeta oficial con el sello del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.

—La magistrada Elena Orue acaba de firmar el auto de entrada, registro y aseguramiento cautelar de toda la galería criogénica y las salas de bombas de Punta Ceballos —anunció Irati—. La doctora Leire Arregi ya está de camino con la unidad móvil del IVML. Nos vemos en el muelle en cuarenta minutos.

A las ocho y cuarto de la mañana, el convoy técnico formado por el Furgón de Investigación de Siniestros de Bomberos de Bilbao, dos patrullas de la Ertzaintza y el laboratorio móvil del IVML ingresó en el recinto blindado de Punta Ceballos , en el puerto exterior de Zierbena.

La terminal presentaba un aspecto fantasmal: la actividad de trasvase de buques petroleros continuaba suspendida por orden judicial, y únicamente los técnicos del retén de seguridad vigilaban las antorchas de alivio que ardían con llamas bajas y controladas.

Korta y el equipo de la UTII descargaron el instrumental pericial de alta precisión en la boca del Pozo de Ventilación Número Tres.

El equipo incluía un escáner láser tridimensional Leica BLK360 G2 , capaz de capturar cuatrocientas veinte mil mediciones por segundo y generar una nube de puntos en tres dimensiones con precisión milimétrica del túnel colapsado.

Cámaras termográficas de alta sensibilidad radiométrica FLIR T865 con lentes de teleobjetivo, detectores de fotoionización ( PID ) para detección de hidrocarburos volátiles en concentraciones de partes por billón ( ppb ), endoscopios industriales de fibra óptica articulada con iluminación LED y latas metálicas de conservación hermética de hojalata con cierre de presión, normalizadas bajo estándar ASTM E1412 para evitar la pérdida de acelerantes químicos por evaporación.

La doctora Leire Arregi se unió al equipo en la explanada de acceso.

Vestía un mono térmico azul marino con chaleco reflectante del IVML, botas de caña alta con suela antiestática y el cabello castaño recogido bajo el casco de seguridad blanco.

Al verla descender del vehículo, Korta se acercó para recibirla.

—Doctora Arregi... La galería está desgasificada desde las cuatro de la madrugada con ventilación forzada de aire limpio, pero en el fondo sigue habiendo diez centímetros de agua aceitosa y escombros de hormigón. El suelo resbala como el hielo.

Leire le miró con una sonrisa decidida y serena.

—Crecí entre las rocas y los barrizales de Las Encartaciones, cabo Cortázar. Sé dónde pisar. Además, cuento con el mejor guía de túneles de toda Bizkaia.

Korta sonrió con esa nobleza austera que iluminaba sus rasgos curtidos.

—En ese caso, doctora, encienda su linterna. Bajamos.

El descenso por el pozo vertical de cuarenta metros se realizó mediante arneses anticaídas anclados a la línea de vida retráctil.

Al alcanzar la solera de la galería subterránea número cuatro, el olor a quemado y a hidrocarburos parcialmente oxidados impregnaba el ambiente frío y húmedo.

Los focos portátiles LED de alta potencia iluminaron el túnel abovedado de hormigón, revelando con crudeza el impacto de la deflagración térmica.

Las paredes de hormigón armado presentaban zonas de descascarillado violento ( spalling térmico ), donde el agua intersticial atrapada en el poro del hormigón se había vaporizado súbitamente a más de quinientos grados, haciendo saltar placas enteras de cemento y dejando al descubierto las armaduras de acero corrugado retorcidas por el calor.

Korta desplegó el trípode del escáner láser Leica en el centro del túnel.

—Iniciamos el escaneo 3D en la estación número uno —indicó el cabo mientras el cabezal óptico comenzaba a rotar emitiendo un zumbido electrónico y un haz láser invisible de setecientos nanómetros—.

Este escaneo registrará la posición exacta de cada cercha deformada, cada fragmento de tubería y la geometría precisa de las marcas de fuego en los muros.

Leire caminaba junto a Korta, observando minuciosamente las paredes con una linterna forense de luz ultravioleta y rasante.

—Korta, mire el patrón de hollín en la pared izquierda, justo antes de la compuerta cuatro —señaló Leire con el haz de luz—. Se dibuja un ángulo en 'V' invertida con la base a nivel del suelo y el vértice apuntando hacia el techo a dos metros y medio de altura.

Korta se agachó para examinar la base del cono térmico.

—La 'V' invertida indica el punto exacto de origen de la primera llama ( punto de ignición inicial ). El fuego no comenzó en las tuberías superiores de gas; se inició a ras de suelo, justo donde discurre la arqueta de drenaje de condensados.

El equipo avanzó hasta la Compuerta Cortafuegos Cuatro , que continuaba bloqueada y desencajada de sus guías laterales.

Korta introdujo el endoscopio de fibra óptica a través del hueco deformado entre la plancha de acero y el dintel de hormigón.

En la pantalla digital del endoscopio se visualizó la cara interna de la compuerta y las tres bisagras maestras de acero forjado.

—Doctora Arregi, confirme la imagen en el monitor —solicitó Korta—. Las bisagras no cedieron por cizallamiento mecánico ni por impacto de la onda de choque. Están cortadas limpiamente con un ángulo de bisel de cuarenta y cinco grados.

Leire analizó los bordes fundidos en la pantalla.

—La fusión del acero es homogénea, con formación de glóbulos de escoria metálica y descarburación periférica. Esto corrobora el análisis microscópico que hicimos en el IVML: utilizaron cargas lineales de termita magnética para cortar las bisagras y trabar la compuerta antes de liberar el gas.

Korta se deslizó bajo la compuerta, accediendo a la sala de compresores secundarios donde había rescatado los cuerpos.

Se arrodilló junto a la tubería de alimentación de propileno de seiscientos milímetros.

Con una linterna de inspección y un calibre digital, examinó la sección de fractura de la conducción.

—Miren esto, inspectora Mendiluze... doctora —indicó Korta señalando la cara inferior del tubo de acero criogénico—. En la generatriz inferior del tubo se aprecia un surco de corte mecánico de cuatro milímetros de profundidad realizado con una radial de disco de diamante antes de la explosión.

Korta explicó la técnica a los presentes.

—Debilitaron deliberadamente la pared del tubo de acero al carbono cortando el sesenta por ciento del espesor.

Cuando activaron la termita en las bisagras, el calor residual y la presión interna de dieciséis bar reventaron la tubería por la zona de corte en una fracción de segundo, inundando la galería con doscientas toneladas de gas licuado en fase vapor.

Leire asintió con una mezcla de indignación y admiración por el rigor del peritaje.

—Fue una trampa milimétricamente diseñada. Quien lo ejecutó sabía que Ormaetxea no tendría ninguna escapatoria una vez encerrado en esta sala.

Leire e Igor desplegaron el maletín de toma de muestras de incendios según la norma internacional ASTM E1388 .

Con una espátula de titanio estéril, la doctora raspó los sedimentos negros adheridos al suelo de hormigón y a la base de la columna de acero donde Ormaetxea había sido maniatado.

Introdujo las muestras sólidas en botes herméticos de hojalata sin revestimiento interno, sellándolos con cinta precintada de la Policía Judicial.

A continuación, conectó la sonda del cromatógrafo portátil de gases acoplado a espectrómetro de movilidad iónica GDA-FR (Gas Detector Array) a las oquedades de la solera de hormigón.

El instrumento aspiró los vapores ocluidos en la porosidad del cemento.

A los cuarenta segundos, la pantalla digital del analizador emitió un gráfico tridimensional de tiempo de deriva frente a intensidad iónica.