CAPÍTULO 02 — LA SALA DE AUTOPSIAS 2 DEL IVML Y EL SIGNO DE MONTALTI #3
La doctora colocó la suela bajo la lente de la lupa estereoscópica.
—Miren el relieve del tacón en la zona posterior —indicó Leire señalando con una pinza de punta fina—. La goma de la suela fue seccionada con un corte transversal limpio y sellada de nuevo con un polímero de cianocrilato industrial resistente a hidrocarburos y altas presiones.
Korta extrajo de su bolsillo una navaja multiusos táctica con hoja de acero sueco de alta precisión.
—Permítame, doctora. La goma vulcanizada de minero tiene una densidad de setenta Shore; si se corta en frío con demasiada fuerza, se puede astillar lo que haya dentro.
Leire sostuvo la bota con ambas manos mientras Korta, con una destreza milimétrica y una suavidad asombrosa en sus manos corpulentas, introdujo la punta de la hoja en la junta del caucho.
La cercanía entre ambos era total: Leire sintió la respiración serena y cálida de Korta sobre sus dedos y la firmeza protectora de sus hombros mientras trabajaba.
Con un chasquido sordo, la tapa de goma del tacón se desprendió, revelando una cavidad cilíndrica de dos centímetros mecanizada en el interior de la suela de poliuretano.
En el interior de la cavidad, envuelta en una lámina de resina epoxi impermeable y papel de cobre para apantallamiento electromagnético, apareció una tarjeta de memoria microSD SanDisk Extreme Pro de 512 Gigabytes .
Igor introdujo la tarjeta en una estación de trabajo forense aislada de cualquier red externa ( air-gapped ) y protegida contra rutinas de autodestrucción criptográfica.
Tras desbloquear una clave de cifrado simétrico AES-256 , la pantalla del laboratorio desplegó un directorio confidencial con más de cuatrocientos cincuenta archivos técnicos, mapas batimétricos, planos de galerías subterráneas y cromatogramas de suelos fechados entre 2024 y 2026.
El título del informe principal rezaba: «AUDITORÍA SECRETA: VERTIDOS MASIVOS DE DISOLVENTES PERFLUORADOS (PFOS) Y GRAFENO INDUSTRIAL EN LAS GALERÍAS INUNDADAS DE PEÑAS NEGRAS Y LA CORTA DE BODOVALLE» .
Leire y Korta se inclinaron sobre el monitor, leyendo los párrafos técnicos con creciente indignación.
Ormaetxea había documentado que una corporación química internacional con sede en Luxemburgo ( Helvetia Petrochemical ) y filiales opacas en el puerto de Bilbao estaba inyectando ilegalmente miles de toneladas de residuos químicos persistentes en las antiguas simas mineras de Las Encartaciones, aprovechando las fallas geológicas para drenar los tóxicos directamente hacia los colectores profundos de la ría sin pagar las tasas de tratamiento.
El último documento era una denuncia formal firmada por Ormaetxea que pensaba presentar en la Fiscalía Superior del País Vasco el veintiséis de diciembre.
—Lo descubrieron antes de que pudiera entregar la denuncia —susurró Leire con la voz cargada de emoción y rabia—.
Lo atraparon en la galería de Punta Ceballos, lo torturaron para averiguar si tenía copias y luego lo ejecutaron en el túnel provocando la explosión para destruir cualquier prueba en su cuerpo.
Korta apoyó suavemente su mano sobre el hombro de Leire, transmitiéndole una fuerza serena e inquebrantable.
—Pero no contaban con que sacaríamos su cuerpo del fuego a tiempo, Leire. Ni con que usted encontraría la aguja en el bulbo.
Leire alzó la mirada hacia Korta: sus ojos se encontraron en un silencio cargado de complicidad, respeto y una atracción profunda que nacía de la verdad compartida.
—Ni contaban con que usted y yo trabajaríamos juntos, Jon Ander.
A las seis de la mañana, Korta abrió la caja metálica que había transportado desde Miribilla y extrajo tres fragmentos de acero fundido recogidos de las bisagras de la compuerta cortafuegos número cuatro.
El perito metalúrgico del IVML colocó las muestras en la cámara de vacío del Microscopio Electrónico de Barrido con Microanálisis por Rayos X Dispersivos (SEM-EDX) .
En el monitor, la microestructura granular del acero naval de alta resistencia A516 Grado 70 mostraba zonas de fusión superficial con patrones de dendritas térmicas y escoria metálica cristalizada.
—Korta, mire el espectro de emisión de rayos X característicos en los bordes de fractura —explicó Leire mientras ajustaba la energía del haz de electrones a veinte kilovoltios—. Detectamos picos masivos de aluminio elemental, óxido de hierro magnético (Fe3O4), bario y perclorato potásico .
Korta asintió con gravedad.
—Es la firma química inequívoca de la Termita Militar TH3 (Thermate) enriquecida con nitrato de bario —declaró el cabo de bomberos—.
La termita alcanza temperaturas de combustión espontánea de más de dos mil cuatrocientos grados centígrados, capaz de fundir una viga de acero de treinta milímetros en menos de ocho segundos.
—No hubo un fallo mecánico ni una sobrepresión fortuita en la tubería de propileno —concluyó Korta con absoluta contundencia técnica—.
Colocaron tres cargas de termita adheridas magnéticamente a las bisagras de la compuerta para bloquear la salida de Ormaetxea e iniciar el incendio de los vapores de nafta en el momento exacto en que los mercenarios abandonaran el pozo.
A las seis y media de la mañana, Leire y Korta se trasladaron en el todoterreno forense hasta el Hospital Universitario de Cruces en Barakaldo para evaluar la evolución clínica de los dos operarios supervivientes.
En la quinta planta del pabellón quirúrgico, dentro del área de aislamiento estricto de la Unidad de Grandes Quemados , la doctora Miren Mendiluze los recibió en el control de enfermería vistiendo la bata blanca reglamentaria y el estetoscopio.
—Leire... Jon Ander... Me alegro de veros enteros tras la noche de Punta Ceballos —saludó Miren con afecto profesional—.
Los dos chicos están estables en los boxes tres y cuatro.
La administración precoz de hidroxocobalamina en la carpa médica evitó el daño cerebral anóxico irreversible.
Los niveles de lactato en sangre han descendido de catorce a dos coma un milimoles por litro.
Miren les mostró los monitores telemétricos a través de la cristalera de los boxes estériles.
—Tienen quemaduras por inhalación de segundo grado en la vía aérea superior y eritema por exposición a fosgeno en cuello y antebrazos, pero la función renal y pulmonar está preservada gracias a la ventilación protectora con volúmenes corrientes de seis mililitros por kilo.
En cuarenta y ocho horas podremos extubarlos.
Leire respiró aliviada, apoyando su frente contra el cristal.
—Gracias, Miren. Saber que esos dos jóvenes volverán con sus familias a Muskiz compensa todo el frío de esta guardia.