CAPÍTULO 02 — LA SALA DE AUTOPSIAS 2 DEL IVML Y EL SIGNO DE MONTALTI
A las dos y media de la madrugada del veinticinco de diciembre, las ruedas del furgón isotérmico judicial de la Ertzaintza cruzaron la verja blindada del Instituto Vasco de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IVML) , en la calle Barroeta Aldamar, en el corazón institucional de Bilbao.
La lluvia gélida, cargada de esquirlas de aguanieve arrastradas por un viento del noroeste que soplaba a más de ochenta kilómetros por hora, azotaba con furia los muros de granito oscuro y las cristaleras reforzadas del complejo judicial.
En el muelle de descarga subterráneo de la planta menos dos, donde la temperatura ambiental se mantenía rigurosamente estabilizada a cuatro grados centígrados para garantizar la cadena de frío de las evidencias biológicas, dos celadores forenses de guardia aguardaban la apertura de los portones traseros del vehículo.
El furgón trasladaba en su interior la camilla estanca de aluminio con el cuerpo sin vida del operario rescatado por el cabo Jon Ander Cortázar en la galería subterránea de Punta Ceballos.
La doctora Leire Arregi , quien había seguido al convoy en el todoterreno de guardia desde Muskiz, descendió del vehículo con paso firme y enérgico.
A pesar de haber coordinado durante tres horas la reanimación toxicológica de los dos operarios intoxicados en la carpa médica de emergencias, sus ojos castaños mantenían una agudeza visual impecable y una serenidad imperturbable.
En su mano diestra portaba el maletín de custodia judicial precintado con bridas numeradas de la Policía Científica, conteniendo la jeringa con restos de sustancia aceitosa extraída de la base del cráneo de la víctima y los tubos con hisopos de exudado pericial.
—Lleven el cuerpo directamente a la Sala de Autopsias Número Dos —ordenó Leire al jefe de celadores con voz clara y autoritaria—.
Activen de inmediato el sistema de ventilación por sobrepresión negativa a menos veinte pascales y los filtros dobles de carbón activado y permanganato potásico.
La víctima fue recuperada en un ambiente saturado de cianuro de hidrógeno y derivados de fosgeno; ningún profesional del instituto puede quedar expuesto a la inhalación de vapores residuales durante la apertura cadavérica.
Los celadores asintieron con disciplina, empujando la camilla hidráulica a través de la esclusa hermética hacia la antesala de bioseguridad.
Antes de acceder a la Sala de Autopsias 2, Leire y su asistente técnico, el facultativo Igor Larrazabal , ingresaron en el vestuario de bioseguridad nivel 3 ( BSL-3 ).
Leire se despojó del mono térmico exterior y se enfundó un traje estanco de barrera química integral DuPont Tychem 6000 , fabricado con un tejido laminado de polietileno de alta densidad no poroso, termosellado por ultrasonidos en todas sus costuras y certificado para resistir la permeación de más de cuatrocientas sustancias químicas de extrema peligrosidad.
Se calzó unas botas de seguridad de neopreno y nitrilo con puntera de acero y suela antiestática, sellando las perneras del traje con cinta impermeable de polietileno de grado industrial.
A continuación, se colocó dos pares superpuestos de guantes de nitrilo púrpura de alta densidad ( Microflex 93-260 ), que ofrecían triple capa de protección frente a ácidos, disolventes fluorados y bases fuertes.
Sobre la cabeza se ajustó una escafandra panorámica estanca conectada a un equipo motorizado de purificación de aire 3M Versaflo TR-600 fijado a la cintura mediante un cinturón ergonómico de fácil descontaminación.
La turbina eléctrica comenzó a insuflar un caudal constante de doscientos veinte litros por minuto de aire ultrapuro a través de un cartucho combinado A2B2E2K2HgP3 , capaz de filtrar vapores orgánicos con punto de ebullición superior a sesenta y cinco grados, gases inorgánicos, anhídrido sulfuroso, amoníaco, vapores de mercurio y partículas biológicas con una eficacia superior al noventa y nueve coma noventa y siete por ciento.
Leire encendió el intercomunicador digital del casco y el sistema de grabación cenital de la sala.
—Iniciamos la grabación de audio y vídeo de la necropsia médico-legal número 512/2026. Hora oficial: 02:48 del veinticinco de diciembre de 2026. Médico forense responsable: doctora Leire Arregi. Asistente técnico: doctor Igor Larrazabal. Cadena de custodia garantizada bajo norma ISO 17020.
Leire accionó el pulsador de proximidad con el codo y las puertas correderas de cristal blindado se abrieron con un siseo neumático.
La Sala de Autopsias 2 presentaba una disposición circular con suelo continuo de resina epoxi antibacteriana y paredes alicatadas hasta el techo con gres vitrificado gris perla.
En el centro de la sala se alzaba la mesa de autopsias de acero inoxidable AISI 316 , dotada de aspiración perimetral continua de cuatrocientos metros cúbicos por hora, triturador de residuos biológicos, balanza hidrostática de alta precisión y grifería termostática con pedal.
Sobre la mesa reposaba el cuerpo de la víctima en posición decúbito supino.
Leire se aproximó con un calibre digital, una regla milimétrica forense y una lámpara de luz fría coaxial de diez mil lúmenes.
—Procedemos a la identificación biométrica y examen externo detallado —dictó Leire mientras aplicaba el escáner dactilar portátil Crossmatch Guardian sobre la yema del pulgar derecho del cadáver—.
El cotejo biométrico con el Sistema Automático de Identificación Dactilar (SAID) de la Ertzaintza arroja una coincidencia del cien por cien con Mikel Ormaetxea Goirigolzarri , nacido el catorce de mayo de 1974 en Ortuella, con domicilio en Gallarta, ingeniero técnico de minas y jefe de mantenimiento electromecánico de la terminal de Punta Ceballos.
Leire inició la exploración sistemática cráneo-caudal.
—El cadáver corresponde a un varón adulto de complexión mesomórfica, cincuenta y dos años de edad biológica aparente, ciento setenta y ocho centímetros de longitud corporal y ochenta y dos kilogramos de peso.
La doctora examinó la superficie cutánea con una lupa estereoscópica de aumentos.
—No se aprecian quemaduras térmicas de primer, segundo ni tercer grado en el rostro, cuello, tórax, abdomen ni extremidades superiores.
Se observa únicamente un leve eritema térmico postmórtem en la cara posterior de ambos gemelos, producido por contacto pasivo con la solera de hormigón caliente de la galería tras el fallecimiento.
Leire colocó el calibre sobre las muñecas y los tobillos de Ormaetxea.
—En la cara anterior y lateral de ambas muñecas y en la región supramaleolar de ambos tobillos se constata la presencia de surcos circulares profundos de compresión mecánica, de ocho milímetros de anchura, con infiltración hemorrágica dérmica viva y equimosis perilesionales violáceas.
—Estos hallazgos demuestran que el sujeto fue maniatado y amordazado con bridas industriales de nylon reforzado con fibra de vidrio encontrándose aún en vida y con presión arterial sistólica preservada, sufriendo una inmovilización forzada previa a su muerte.
Leire e Igor giraron el cadáver hacia la posición de decúbito prono.
—Las livideces cadavéricas ( livor mortis ) se encuentran plenamente fijadas en el plano dorsal del tronco, glúteos, región escapular y caras posteriores de ambos muslos, mostrando una coloración violácea oscura intensa que no palidece bajo una digitopresión de cuatro kilogramos por centímetro cuadrado.
Leire señaló la importancia pericial de este hallazgo.
—Esta fijación dorsal absoluta de las livideces resulta biomecánicamente incompatible con la postura vertical en la que el cuerpo fue hallado por los bomberos en la galería.
El sujeto permaneció en decúbito supino horizontal sobre una superficie plana durante un intervalo mínimo de tres a cuatro horas tras su muerte, antes de ser trasladado y atado verticalmente a la columna de acero de Punta Ceballos minutos antes de la deflagración.
Leire giró de nuevo el cuerpo a decúbito supino y tomó el bisturí con mango número cuatro y hoja curva número veintidós de acero templado.
Con un movimiento continuo, seguro y uniforme, trazó la incisión de necropsia en 'Y': partió desde la cara posterior de ambas apófisis mastoides, descendió por las caras laterales del cuello hasta unirse en la horquilla esternal y continuó verticalmente por la línea media abdominal, contorneando el ombligo por la izquierda hasta finalizar en la sínfisis púbica.
Con el bisturí eléctrico de disección y las pinzas de disección con dientes, despegó los planos musculares pectorales y la piel abdominal, exponiendo la parrilla costal y el plastrón esternocostal.
Con el costotomo de doble palanca cortó los cartílagos costales desde la segunda hasta la décima costilla a dos centímetros de la unión condrocostal, desarticuló las articulaciones esternoclaviculares y retiró el peto esternal, dejando a la vista las cavidades pleurales y el saco pericárdico.
—No se observa derrame pleural ni pericárdico libre. Las serosas se muestran brillantes y transparentes —dictó Leire mientras separaba los lóbulos pulmonares con separadores de Farabeuf.
Tomó la tijera de enterotomía abotonada e incidió longitudinalmente la laringe desde el cartílago tiroides, descendiendo por la cara anterior de la tráquea cartilaginosa hasta la carina traqueal y los bronquios lobares principales de ambos pulmones.
Igor aproximó el brazo articulado de la cámara macroscópica 4K.
—Se visualiza con claridad absoluta la mucosa del árbol traqueobronquial.
La superficie epitelial traqueal presenta una tonalidad sonrosada pálida, homogénea, lisa y completamente desprovista de impurezas.
Ausencia total y absoluta de depósitos de hollín, partículas de carbón vegetal, exudados fibrinosos, tapones de moco carbonoso o vesículas de quemadura térmica en la tráquea y en los bronquios de primero y segundo orden .
Leire alzó la vista hacia la cámara con una solemnidad científica implacable.