29 #4
Cevran llegó al control superior. Insertó la lámina en otra consola.
—¡Reviertan el flujo! —ordenó.
Los técnicos conectaron dos brazos al cilindro apagado. La presión volvió desde las estaciones del este.
La grieta dejó de cerrarse.
Había perdido treinta y un centímetros.
Oren miró la escala.
—Puede reabrirla si conserva el distribuidor.
Isolde vio el brazo negro sobre el suelo. La ruta hacia Ydrael estaba cortada. Los ocho brazos seguían alimentando la herida.
—Necesitará construir una contención nueva antes de sincronizar.
—¿Cuánto tiempo?
—Preguntemos a Ydrael.
Isolde tocó el metal negro.
La presencia del dragón antiguo llegó débil. Mostró placas rotas, presión acumulándose en ocho lugares y una luna que completaba dos cambios.
—Dos meses, quizá —dijo.
—Tiempo para que la prueba llegue.
—Tiempo para que Varek cambie de plan.
La pared exterior se abrió.
Soldados entraron desde el nivel alto.
Isolde y Oren corrieron hacia el conducto. Beren esperaba en la primera compuerta con Rian. Elar y los ocho conductores ya habían pasado.
El canal tenía agua hasta el pecho. Las placas rotas liberaban calor y la corriente estaba subiendo.
—Rian no puede nadar —dijo Beren.
Oren tomó una puerta de madera y la soltó de las bisagras. Colocaron al hombre encima. Beren empujó desde atrás. Isolde abrió camino.
Los soldados llegaron a la compuerta.
Cevran dio la orden de cerrar el agua.
Una reja cayó delante de Isolde.
Ella metió el brazo negro entre los barrotes. El metal resistió. Beren empujó la puerta con Rian. La corriente les golpeó la espalda.
Isolde llamó al fuego.
La grieta respondió con una llamarada desde el complejo. El calor recorrió el brazo negro y llegó hasta la reja. Los barrotes se doblaron.
Oren pasó primero. Beren empujó a Rian por el hueco. Isolde cruzó al final.
La reja cayó detrás.
El canal los arrastró.
Salieron al río junto al antiguo puente. Kaoran esperaba en la orilla con dos personas de Halver. Tenía una cuerda alrededor de la cintura. La lanzó hacia Beren.
Sacaron a Rian sobre la puerta. Oren llegó después. Isolde tocó tierra con las rodillas.
—Cilindros —dijo.
Kaoran señaló tres direcciones.
—El primero va hacia Arkhe. El segundo está con una familia de C-7. El tercero acaba de tomar el camino de Caleryon.
—¿Quién lo lleva?
—Una inspectora de molinos llamada Eda Sol. Lenda preparó su contacto.
—La cacería la seguirá.
—Cambia de carro en Halver. El cilindro continúa dentro de un ataúd lleno de registros.
Darian había enviado aquel carro hacia el Consejo.
La prueba viajaría bajo su sello.
Rheskan apareció sobre el río. Había dejado a los doce conductores con guías del bosque. Voló hacia Isolde, dio una vuelta y aterrizó lejos de la camilla de Rian.
Su ala derecha temblaba por el esfuerzo.
Isolde mostró el brazo negro.
—La ruta está cortada.
Rheskan tocó el metal con una garra y lo empujó hacia Oren.
Quería que lo conservaran como prueba.
Después miró las Tres Agujas.
El resplandor rojo había disminuido. La herida seguía abierta y bajo mantenimiento. Desde el valle podía verse que una de las líneas azules se había apagado.
Las personas liberadas también lo vieron.
—Cendral se cierra cuando dejan de alimentarla —dijo Vena.
—Cuéntalo en cada lugar —respondió Isolde.
Vena asintió.
Los grupos abandonaron el río por rutas separadas. Elar caminó con los ocho de la primera sala. Vena llevó a los diez de la tercera. Las doce personas rescatadas por Rheskan siguieron a dos guías. Beren y Oren acompañaron a Rian.
Isolde se quedó con Kaoran hasta que el valle estuvo vacío.
—Has vuelto a Cendral —dijo él.
—He entrado por el puente.
—¿Qué queda allí?
Isolde miró la cuerda nueva colgando sobre el río.
—Una grieta, máquinas y hombres que trabajan para mantenerla. El día en que caí sigue dentro de mí. Ya no dirige el camino.
Kaoran respiró con cuidado.
—¿Y Ydrael?
—Tiene una cadena menos.
—¿Rheskan?
El dragón bebía río arriba. Levantó la cabeza al oír su nombre y siguió bebiendo.
—Tiene su camino.
Kaoran guardó el espejo.
—Entonces salgamos antes de que Varek reúna los suyos.
* * *
La noticia llegó a Caleryon en dos días.
Varek recibió el primer informe sin testigos. C-0 había perdido la ruta negra, treinta y un centímetros de fractura y treinta y una personas. Tres cilindros escaparon por el río. Uno viajaba hacia el Consejo.
Cevran solicitaba autoridad para registrar cada carro, casa y archivo entre Cendral y la capital.
Varek aprobó la solicitud.
Después leyó las descripciones de Neraval, Halver y C-0. El rostro coincidía. La edad también. La herida de la pierna, la mano izquierda y el vínculo de fuego cerraban la cuenta.
Escribió un nombre en la orden privada.
Isolde Valarys.
En la versión pública mantuvo otro:
La guerrera sin nombre.
Declaró emergencia de ruptura, suspendió el tránsito civil y ofreció protección a quien entregara documentos, rutas o personas asociadas a la figura.
El cilindro de Eda Sol cruzó la Puerta Blanca dentro del ataúd de Halver mientras los guardias leían la orden.
La prueba llegó a Caleryon.
La cacería empezó a moverse hacia Cendral.