Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 29 #3
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El cierre central no tenía ranura. Nueve cables sujetaban las abrazaderas. Solo abriría cuando el cilindro perdiera presión.

—Equilibrio primero —dijo Rian—. Después cortas el brazo negro.

—Oeste-9 está apagado.

—El brazo negro lleva la energía a la prisión. Los demás alimentan el cilindro.

Isolde vio una décima línea bajo la plataforma. Descendía dentro de la grieta.

La ruta de Ydrael.

Pasos resonaron en la entrada principal.

Cevran había llegado.

—¡Aseguren controles! —gritó—. ¡Sincronía inmediata!

—La fase está alta —respondió un técnico.

—Compensen con los conductores.

—Podemos perderlos.

—Tenemos reservas.

Isolde sintió a Ydrael tensarse bajo la piedra.

—Aguanta —dijo.

La respuesta llegó firme. Ydrael estaba preparado.

Cevran bajó por la espiral con Leth y doce hombres. Beren esperaba en la primera sala. Las abrazaderas seguían cerradas sobre ocho personas.

Leth lo vio junto al control.

—Tavra Keral murió como traidora —dijo.

Beren levantó la ballesta.

—Tavra Keral murió contando salidas.

Apuntó al pecho de Leth.

El capitán avanzó detrás del escudo.

—Puedes intentarlo.

La primera campana sonó.

Beren miró el indicador. El blanco seguía subiendo. Quedaban dos avisos hasta el equilibrio y Leth avanzaba hacia Elar.

Disparó a la palanca de bloqueo. La saeta atravesó la madera y la dejó fuera del alcance del capitán. Elar sostuvo la llave de apertura junto a la ranura, esperando el cambio de luz.

Leth arrojó el escudo contra Beren. Él cayó, rodó bajo una pasarela y arrastró un banco hasta cerrar el acceso al control. Los conductores lo vieron afirmarse contra la madera.

La segunda campana sonó.

En el nivel superior, Oren encajó su llave. Vena repetía el recuento para los otros nueve. Cevran pasó junto a los guardias atados y siguió hacia la espiral, donde podía alcanzar el mando central.

Isolde puso las manos sobre el cilindro central.

El metal reconoció su fuego.

La grieta se abrió otro palmo.

Ydrael recibió la presión. Rheskan rugió desde la cámara inferior. Los tres puntos del vínculo se encendieron a la vez.

Isolde vio el mecanismo completo.

Las ocho estaciones empujaban hacia C-0. El distribuidor convertía presión en una herida sostenida. La ruta negra llevaba el exceso hasta las cadenas de Ydrael. Su cuerpo absorbía lo que habría fracturado el valle de golpe.

Lo usaban como contención y alimento.

—Vamos a cortar la ruta negra —dijo Isolde.

Ydrael mostró las vetas rojas cerrándose alrededor del metal.

Rheskan envió la imagen de sus garras sobre el aro inferior.

Cada uno tenía una tarea.

La tercera campana sonó.

Elar giró la llave. Las ocho abrazaderas se abrieron y Beren retiró el banco para conducir al grupo hacia el túnel. Arriba, Oren soltó las diez restantes; Vena ayudó a levantar a la mujer que estaba a su lado.

Setenta y cuatro latidos.

Isolde contó.

Uno.

Rheskan giró el aro.

Dos.

Ydrael empujó desde la prisión. El brazo negro perdió tensión.

Tres.

Isolde vertió fuego dentro del cilindro rojo. Las placas intentaron absorberlo. Ella cambió la corriente hacia el hueco de Oeste-9. La línea apagada recibió calor y abrió una salida lateral.

La presión escapó hacia el canal de agua.

Diez.

Cevran llegó a la plataforma.

—¡Sepárate del distribuidor!

Isolde mantuvo las manos.

El capitán insertó la lámina de cobre en una consola. Los ocho brazos se cerraron sobre el cilindro.

Veinte.

Rheskan perdió agarre. La rueda inferior giró hacia atrás. El dragón clavó la cola alrededor de una columna y volvió a empujar.

Ydrael sostuvo la ruta negra.

Cevran levantó la espada.

Rian Dorna movió una pierna. La cadena central se tensó bajo el pie del capitán. Cevran tropezó.

Isolde retiró una mano y golpeó su muñeca. La espada cayó dentro de la grieta.

Treinta y uno.

Leth apareció en la pasarela con cuatro hombres. Beren venía detrás. Tenía sangre en la boca y la ballesta descargada.

—¡Las personas están fuera! —gritó.

—Rian sigue aquí.

Beren vio la silla central.

Leth atacó desde la pasarela. Beren usó la ballesta como bastón. La hoja cortó la madera. Él retrocedió hacia el borde.

Cuarenta.

Oren reservó para el tercer envío una copia de los registros y la relación de los treinta y un activos. Lanzó el primer cilindro por el conducto de agua. Los libros de presión, sus calcos y la lista completa de conductores entraron en la corriente.

El segundo cilindro siguió.

Cevran agarró la lámina y giró la consola.

El brazo negro empezó a cerrarse otra vez.

Isolde puso la segunda mano sobre el fuego.

Cincuenta.

—¡Rheskan, ahora!

El dragón conocía el tiempo. Eligió esperar dos latidos más.

La rueda inferior alcanzó un punto donde los dientes quedaron alineados. Rheskan golpeó.

El aro rojo se partió.

La base del brazo negro saltó fuera del distribuidor.

Ydrael tiró desde el otro extremo.

Sesenta.

Isolde arrancó el metal.

El dolor cruzó los tres vínculos. Rheskan cayó sobre una rodilla. Ydrael golpeó las cadenas de la prisión. Isolde sintió que algo se rompía detrás del esternón.

El brazo negro salió.

La décima ruta quedó cortada.

El cilindro rojo se apagó.

Las abrazaderas de Rian se abrieron.

Beren abandonó el combate con Leth. Saltó a la plataforma y levantó al conductor.

Setenta.

—¡Fuera! —gritó Oren.

La fase neutra terminó.

La grieta empezó a cerrarse.

Los bordes rojos avanzaron.

La plataforma se inclinó hacia el centro. Isolde agarró el brazo negro y lo arrastró lejos de la abertura. Cevran intentó recuperar la lámina de cobre. Una tubería cayó entre ambos.

Beren cargó a Rian sobre los hombros.

—¿Ruta?

—Conducto de agua —respondió Isolde.

—La salida inferior está más cerca.

—Rheskan lleva personas por ella. Evitamos concentrar el grupo.

Oren seguía junto a la escala de la pared.

—Catorce centímetros —gritó.

—¡Muévete!

—Necesito una segunda medida.

La grieta contrajo otro borde. Las marcas anteriores quedaron por encima de la abertura actual.

Oren puso papel sobre la escala y trazó la posición con carbón.

Anotó hora, fase y temperatura. Recogió la tira de metal con la que Isolde había medido antes del corte y marcó sobre ella la nueva posición.

Después arrancó una tira del registro automático.

La aguja había dibujado una caída vertical justo después del corte.

—Ahora tenemos causa y resultado —dijo.

Guardó los calcos de la escala, la tira de metal marcada y el registro automático en el tercer cilindro, junto a las copias que había reservado.

Leth saltó desde la pasarela. La estructura cedió bajo su pie. Una viga le atrapó la pierna.

Beren se detuvo.

El capitán perdió la espada. Estaba a cinco pasos, inmóvil y consciente. La ballesta de Tavra colgaba de la espalda de Beren.

Leth vio el arma.

—Hazlo.

Beren ajustó el peso de Rian.

—Ella habría contado al hombre que llevo.

Siguió hacia el conducto.

Leth quedó bajo la viga mientras sus soldados intentaban liberarlo.

Isolde alcanzó a Oren. Juntos empujaron el tercer cilindro por la tubería. La corriente lo llevó hacia el río.

—Tres pruebas fuera —dijo Oren.

—Tres rutas.

Una explosión sacudió la segunda aguja.

Rheskan había abierto la cámara inferior hacia un túnel natural. Las doce personas salían por la ribera norte. El dragón permaneció atrás hasta que pasó la última.

Después arrancó la placa que cerraba el túnel.