24 #4
Isolde miró la puerta donde atendían a Kaoran.
—Varek ha usado cada rescate para aprender cómo obligarme a elegir.
—También aprende que eliges a la gente.
—Eso le entrega un arma.
Beren dejó el recipiente.
—¿Preferirías que creyera otra cosa?
Isolde pensó en Cevran bajo el cuchillo. Un movimiento habría terminado la persecución del capitán. El derrumbe habría sepultado a Luma y Kaoran mientras ella recuperaba el sello.
—Quiero llegar a tiempo para ambas cosas —dijo.
—Nadie llega a dos lugares durante un alud.
—Quien gobierne tendrá que decidirlo cada día.
Beren miró hacia la sala donde Darel ayudaba a descargar las mantas.
—Entonces necesitará gente que llegue donde sus piernas no alcancen.
Isolde miró la sala llena de heridos, culpables, supervivientes y copias.
La palabra seguía pesándole como una corona ajena.
Sera se acercó con el anillo de cobre en la palma.
—Mi padre dice que entregó la Casa de los Faros para encontrarme.
Alcen estaba sentado junto al muro. La cuerda había vuelto a rodear su cintura después del descenso. Tavra sostenía el extremo.
—Es verdad —dijo Isolde.
—¿Cuántas personas había dentro?
—Nueve.
—¿Murió alguien?
—Todos salieron. La Casa ardió. Perdimos refugio, herramientas y documentos. Tavra puede contarte a quiénes habrá que avisar.
Isolde había oído rumores de redadas en Caleryon. Esperaría nombres confirmados antes de añadir a una persona muerta a la cuenta de Alcen.
Sera miró a su padre.
—¿Sabías que la comisión atacaría?
—Sabía que registrarían el lugar —respondió Alcen—. Cevran prometió tránsito civil.
—Trabajaste para él. Conocías sus promesas.
—Tenía tu anillo.
—Podías haber pedido ayuda a las personas de la Casa.
—Pensé que me impedirían entregar la llave.
—Podían elegir contigo.
Alcen bajó la cabeza.
Sera cerró la mano alrededor del anillo.
—¿Qué ocurre con él? —preguntó a Isolde.
—Tavra y las personas de la Casa decidirán qué necesitan. Tu padre puede ofrecer información, reparación y testimonio. Conservan derecho a rechazarlo.
—¿Tú no decides?
—Su traición fue contra ellas.
Tavra tensó la cuerda.
—Decidiré cuando lleguemos a las otras.
Alcen levantó la vista.
—Acepto.
—Careces de alternativa —dijo Tavra.
—Puedo intentar huir.
—Con dos costillas golpeadas y una hija enfadada.
—Sería un intento corto.
Sera se sentó frente a él.
—Quiero la historia completa antes de acompañarte.
Alcen empezó por Oeste-4. Contó cómo grababa sellos en placas, cómo Varek trasladaba técnicos después de cada fase y cómo Cevran le enseñó el anillo. Admitió que envió la señal desde el faro antes de comprobar si Sera seguía viva.
Dos técnicos del cuarto cerrado escucharon a través de la puerta. Uno pidió hablar.
Tavra lo dejó salir con las manos atadas.
—Cevran ordenó mostrar el anillo —dijo—. Sera estaba en el puesto alto. Si Alcen colaboraba, pensábamos trasladarla a C-0. Nunca existió una orden de liberación.
Alcen cerró los ojos.
—Lo sospechaba.
—Llevabas años viendo cómo trataban a sus prisioneros —dijo Sera.
—Tenía una posibilidad.
—Y te aferraste a ella por miedo.
—Sí.
Sera colocó el anillo entre ambos.
—El miedo explica el camino. Las personas de la Casa pagaron por él.
Sera acercó un paño limpio a su padre. Cuando él intentó tomarle la mano, lo dejó sobre el banco entre ambos.
Isolde sintió otra vez los dedos de Darian buscando su muñeca en la marisma. Alcen tendría que responder ante las personas de la Casa; ella aún tendría que volver a encontrarse con Darian. Las dos conversaciones seguían abiertas, con heridas distintas.
Se apartó para traer la tinta. Sera conservó su sitio frente a Alcen y esperó a que siguiera hablando.
Oren trajo papel. Registró el testimonio de Alcen y el técnico. Sera añadió dónde estuvo retenida, qué oyó y qué guardias vio. Tavra firmó como custodio. Enya confirmó la presencia de la familia usada como cebo.
—La copia viaja con nosotros —dijo Tavra—. Otra queda en el puesto médico.
—La tercera irá a Oeste-4 —añadió Sera.
Alcen miró a su hija.
—¿Vendrás conmigo?
—Hasta las familias de la Casa. Después elegiré.
—Entiendo.
—Empieza a hacerlo.
Tavra aflojó la cuerda un palmo.
—Durante el viaje, guiarás, cocinarás y responderás cada pregunta. Si ocultas otra ruta, te dejo atado en el siguiente puesto.
—Acepto.
—Tu aceptación tampoco borra nada.
—Lo sé.
Beren añadió el nombre de Sera a la lista de personas liberadas. Separó el de Alcen bajo una categoría distinta: testigo bajo responsabilidad civil.
Isolde observó ambas líneas.
Había salvado al padre y a la hija. La supervivencia abría una conversación que la muerte habría cerrado. También dejaba trabajo, dolor y riesgo para quienes caminaban con ellos.
La elección del paso seguía costando después del rescate.
Antes del amanecer, la curandera salió.
—Respira mejor. La fiebre decidirá el resto.
Isolde entró.
Kaoran dormía. La cinta verde de Luma seguía atada a la camilla. Isolde la pasó a su muñeca.
Afuera, la nieve cubría el camino de Cevran.
El sello viajaba hacia Caleryon. Una copia lo esperaba allí.
Isolde permaneció junto a Kaoran hasta que abrió los ojos.