24 #3
Darel reunió dos lanzas y una capa. Beren añadió tablas del puesto. Construyeron una camilla con el respaldo elevado. Kaoran intentó ayudar con la mano derecha.
—Quieto —dijo Isolde.
—Puedo hacer un nudo.
—Puedes respirar.
—Trabajo exigente.
La voz terminó en otra tos.
Isolde limpió la sangre de su barbilla.
Sera y Alcen regresaron desde la entrada oriental. Ella había cortado las cuerdas de su padre. Alcen llevaba la cara hinchada y caminaba doblado.
—Cevran tomó tres caballos —dijo—. Sus técnicos siguen abajo.
—¿Cuántos?
—Cuatro. El alud los separó.
Tavra levantó la ballesta.
—Vendrán por nosotros.
—Dos están heridos —dijo Alcen—. Los otros han perdido el núcleo.
Isolde miró el pozo de la ruta occidental. Descendía entre paredes de roca y postes inclinados. Una cuerda vieja colgaba hasta una plataforma. El peso de una camilla podía partirla.
—Necesitamos las cuerdas de los técnicos.
—Iré —dijo Beren.
—Tavra contigo. Que suelten armas y placas antes de acercarse.
—¿Y si se niegan?
Isolde miró la pendiente cubierta por el alud.
—También necesitan una salida.
Los técnicos aceptaron. Llegaron uno a uno con las manos sobre la cabeza. El primero tenía el tobillo roto. El segundo sangraba por la nariz. Entregaron dos rollos de cable, una cuerda de tiro y tres cuchillos.
—El cable azul conduce presión —dijo Alcen—. Servirá como apoyo si retiramos las varillas.
Los hombres evitaron mirarlo.
Isolde dividió tareas. Darel fijó la cuerda a tres postes. Beren comprobó cada nudo. Tavra bajó primero. Los prisioneros siguieron con Enya y las niñas. Alcen descendió junto a Sera.
Kaoran quedó para el final.
Rheskan aterrizó sobre la cornisa. Tenía sangre en las encías y una quemadura azul en el pecho. Olfateó la camilla. Después tomó el cable entre las garras.
Mostró a Isolde la roca superior, su propio peso y el camino bajo.
—Quiere asegurar el descenso —dijo Oren.
—Puede irse si la placa le duele —respondió Isolde.
Rheskan clavó las garras con más fuerza.
La elección estaba hecha.
Kaoran miró al dragón.
—Tu criterio sobre mi estado empieza a resultar ofensivo.
Rheskan acercó el hocico y exhaló sobre su pelo.
—Dice que hueles a sangre y terquedad —tradujo Isolde.
—Una evaluación precisa.
Lo ataron a la camilla. Isolde descendió a su lado, con una cuerda alrededor de la cintura. Rheskan sostuvo el cable desde arriba mientras Beren y Darel regulaban el peso desde la plataforma.
La camilla bajó.
Kaoran cerró los ojos durante los primeros metros. Su respiración se hizo más rápida. Isolde mantenía una mano sobre la estructura y otra contra su cuello.
—Sigue mi voz —dijo.
—Preferiría silencio.
—Cada poste tiene un nombre.
—Los he visto.
—Voy a leerlos.
Empezó por el más próximo.
—Ilen Var. Cuarenta y dos años. Sena Mar. Once. Toren Hest...
Kaoran abrió los ojos.
Isolde continuó durante todo el descenso. Leyó nombres cubiertos de nieve, nombres partidos y nombres escritos por manos infantiles. Kaoran respiraba entre ellos.
Al llegar a la plataforma, Luma corrió hacia la camilla.
—¿Va a morir?
Enya se arrodilló junto a ella.
—Está herido.
La niña sacó una cinta verde del bolsillo y la ató a uno de los mangos.
—Para que el poste sepa que sigue aquí.
Kaoran tocó la cinta con dos dedos.
—Seguiré aquí para devolvértela.
El camino occidental era estrecho, aunque quedaba libre de nieve profunda. Rheskan bajó desde la cornisa y caminó detrás del grupo. Su tamaño ocupaba media senda. Los técnicos mantenían distancia.
Avanzaron durante tres horas.
Kaoran perdió el conocimiento dos veces. Enya lo despertó frotándole el esternón. Isolde calentaba piedras pequeñas en sus manos y las envolvía antes de colocarlas junto a sus pies. Cada uso del fuego atraía la presión de las placas lejanas. Aprendió a soltarlo en pulsos breves.
Oren caminaba a su lado.
—Cevran tiene la orden —dijo.
—Lo sé.
—Guardé un calco.
Sacó una tira de tela del interior de la bota. Las letras estaban invertidas y borrosas, copiadas con carbón sobre el sello.
Isolde la abrió.
El nombre de Varek aparecía en el centro. Debajo había una autorización militar de Cendral. El trazo pertenecía a Darian.
—¿Firmó el proyecto? —preguntó Isolde.
—Firmó el uso de la ruta y la concentración de tropas —dijo Oren—. Varek añadió la continuidad bajo el mismo expediente. El original permite ver que las tintas tienen fechas diferentes.
—El calco las mezcla.
—Sí.
—¿Hiciste otro?
—Envié uno hacia Caleryon hace dos semanas. Una mujer del Consejo mantiene una línea de tres nudos.
Aelyn.
Isolde guardó la tela.
—¿Le enviaste la orden completa?
—Una copia y el lugar del original. Cevran llevará el documento a Varek. Tu amiga sabrá qué buscar.
La noticia alivió una parte del peso. El resto permaneció sobre la camilla.
El puesto médico apareció al anochecer. Tenía un tejado de pizarra y una lámpara roja sobre la puerta. Dos mujeres salieron con una camilla limpia. Enya les explicó la lesión mientras entraban.
La curandera mayor examinó a Kaoran.
—Hay aire y sangre donde deberían trabajar los pulmones —dijo—. Debo abrir entre las costillas y colocar un tubo.
Isolde sintió que el suelo se movía.
—Hazlo.
—Necesito agua hervida, tela limpia y tres manos firmes.
—Tendrás todo.
Kaoran recuperó la conciencia cuando le cortaron las vendas.
—Cevran —susurró.
—Escapó.
—Bien.
Isolde se inclinó sobre él.
—Lleva el sello.
—También lleva miedo.
—Podía alcanzarlo.
—Elegiste.
—Puede abrir otro pozo por esa elección.
Kaoran tomó aire con dificultad.
—Entonces lo cerrarás después.
La curandera le puso una tira de cuero entre los dientes.
Isolde sostuvo su mano mientras abrían el costado.
Kaoran apretó una vez. El tubo entró. Sangre oscura cayó dentro de un cuenco. Su respiración se detuvo durante dos latidos y regresó con un sonido áspero.
Isolde siguió contando.
Uno.
Dos.
Tres.
Al terminar, la curandera cubrió la herida.
—Las próximas horas decidirán.
Isolde salió al corredor con sangre en las manos.
La familia esperaba junto al fuego. Luma dormía sobre el regazo de Enya. Teri comía pan. Sera curaba la cara de su padre. Los seis prisioneros de la torre descansaban bajo mantas. Los técnicos permanecían en un cuarto cerrado, vivos.
Beren le entregó un recipiente con agua.
—Los sacaste a todos.
Isolde lavó los dedos.
—Cevran también salió.
—Su caballo lo ha sacado a él. Mira a quienes hemos traído del paso.
—Él regresará con más hombres.
—Nosotros saldremos con más testigos.