Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 22 #4
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Vela examinó a Peren. La aguja había atravesado el músculo sin tocar el hueso. El metal llevaba un sedante oscuro. El muchacho conservaba el pulso fuerte y podía mover el pie.

—Dormirá hasta mañana —dijo Vela—. Después nos odiará durante dos semanas.

Col tenía un esguince y tres cortes. Kaoran había golpeado las costillas contra la cubierta. La inmovilización seguía firme. Respiraba con más dolor, aunque el hombro conservaba la posición.

—La barca fue un lugar excelente —dijo mientras Vela le ajustaba las vendas.

Isolde se sentó frente a él.

—Darian me vio.

—¿Qué hizo?

—Intentó detenerme. Después cortó un núcleo para sacar a los civiles.

—¿Abrió la salida?

—Ordenó evacuar a los heridos. Sus hombres entendieron.

Kaoran estudió su cara.

—¿Qué conclusión has traído?

—Varek puede destruirlo cuando confirme mi identidad. Darian puede destruirnos si usa lo que sabe. Cada uno necesita al otro durante un poco más de tiempo.

—Eso crea espacio —dijo Kaoran.

Isolde tenía el labio hinchado. Lo rozó con la lengua y volvió a notar sangre.

—Cuando me pidió que fuera con él, supe exactamente cómo habría sonado antes.

Kaoran esperó.

—Hubo un momento en que quise que dejara la espada. Solo para poder mirarlo sin calcular por dónde iba a golpearme.

Le costó decirlo delante de la cama. Había esperado salir de aquel encuentro con una certeza que pudiera enseñar a todos.

—¿Dejó la espada? —preguntó Kaoran.

—La levantó.

Isolde apoyó las manos sobre las rodillas hasta que dejaron de temblar. Afuera, Yssa discutía con Dira sobre el mástil roto; alguien tenía que llevarlas a un puerto seguro.

—Mañana necesito saber qué hizo después de que saliéramos —dijo—. Sin acercar a nadie a él por una esperanza mía.

Kaoran asintió y le acercó el cuenco de agua. Isolde lo tomó por sí misma.

Dira sacó la lámina de cobre. El agua salada había oscurecido los bordes. Beren la limpió con un trozo de lana y la acercó al farol.

Las líneas formaban nueve círculos unidos por canales. Cada círculo llevaba una cifra y una marca de fase. Bajo ellos aparecían columnas estrechas de nombres abreviados.

Beren señaló el noveno.

—Oeste-9.

—¿Es un plano? —preguntó Yssa.

—Es una llave de tránsito. Las estaciones cambian los caminos de entrada cada estación. Esta lámina permite comparar una orden con la ruta activa.

Isolde se inclinó.

—¿Qué significan las fases?

—Captación, resonancia y apertura. Las mismas que viste en las minas. Cada estación trabaja una parte.

—¿Dónde está la prisión?

—Fuera de estas rutas. Los nueve círculos alimentan un punto que aquí aparece vacío.

Kaoran miró la columna inferior.

—Nombres.

Beren siguió las abreviaturas con el dedo.

—Proveedores. Canteras, puestos militares, cárceles. Esto indica qué manifiesto corresponde a cada estación.

—¿Puedes conseguirlos? —preguntó Isolde.

—Oeste-9 guardaba copias en refugios de camino. Los técnicos sabíamos que Varek borraba a quienes aprendían demasiado. Cada cuadrilla escondía una parte.

—¿Cuántas cuadrillas quedan?

—Con vida, quizá cuatro.

—¿Y las demás?

Beren pasó el pulgar por seis abreviaturas.

—Desaparecieron cuando terminaron los primeros pozos.

La ensenada quedó en silencio.

Rheskan descendió sobre una repisa exterior. Una de las patas sangraba donde la red había rozado las escamas. Isolde se acercó con el ungüento de Vela. El dragón miró el frasco, después a Dira.

La pescadora había cortado las cuerdas que atrapaban a Col.

Rheskan extendió la garra hacia ella.

Dira tragó saliva.

—¿Me está pidiendo que lo cure?

—Te ha elegido para retirar el alambre —dijo Isolde.

—¿Y si le hago daño?

Rheskan mostró los dientes.

—Te avisará.

Dira trabajó despacio. Sacó dos fragmentos azules y lavó la herida. Rheskan aceptó el ungüento. Cuando terminó, tocó con el hocico el hombro de la mujer y volvió la mirada hacia el oeste.

Beren levantó la lámina.

—El primer refugio está a dos días por mar. Después tendremos que entrar en las rutas de las cadenas.

—Varek conocerá esos lugares —dijo Kaoran.

—Conoce los oficiales. Nosotros hicimos otros.

Isolde abrió el mapa de Yssa. El litoral occidental tenía puestos en cada puerto y caminos altos custodiados por la comisión. La ruta de Beren atravesaba zonas que la leyenda ya había visitado. La cacería llegaría antes que ellos si usaban los mismos nombres.

Marcó cuatro puntos fuera de los caminos.

—Esta noche salimos por mar. En el primer puerto, Peren y Col continuarán hacia Luzmer. Beren vendrá con nosotros si puede guiarnos.

El hombre cerró la mano sobre la lámina.

—Primero quiero encontrar a Neira.

—Recibirá un mensaje por tres rutas —dijo Isolde—. Tú decides cuándo abandonar la búsqueda.

Beren miró las abreviaturas de sus antiguos compañeros.

—Llegaré hasta el último refugio.

Kaoran señaló el punto más lejano.

—Varek convertirá cada cadena en una trampa.

Isolde guardó el mapa.

—Entonces iremos donde crea que nadie volvería.

Afuera, Rheskan abrió las alas y tomó rumbo oeste.

Darian había visto el rostro de Isolde. Varek conservaba el relato oficial. El reino seguiría buscando a una guerrera sin nombre.