Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 15 #4
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Los vecinos comenzaron a reparar el casco con madera de las cajas vacías. La Terca tendría que esperar una marea y un mástil nuevo. Venn calculó dos días de trabajo. Para entonces, la Guardia habría regresado.

Una figura apareció sobre el promontorio al caer la tarde. Levantó una tela verde y la giró tres veces.

Cori bajó acompañada por Lira Sen.

La mujer de la caja de medicinas llevaba una mano vendada y barro hasta la cintura. Detrás llegaron Ovan Fel y Nerin Osa. Mer, Jal y dos miembros del grupo de tierra se habían dispersado por un sendero diferente para evitar otra captura.

Jesa abrazó a Cori con tanta fuerza que la joven perdió el aire.

—El transporte cruzó Cen antes de lo previsto —explicó Cori cuando pudo hablar—. Cortamos el eje en la bajada al puente. Cinco salieron del carro. Lira abrió la puerta desde dentro.

—¿Cinco? —preguntó Isolde.

Lira mostró la mano vendada.

—A Tesa Brin la separaron en el puesto. Un escribiente leyó su nombre y la subió a otro carro.

—¿Destino?

—Depósito Esvan, en Arvek. La orden llevaba un añadido: clasificación minera.

Ovan entregó una tablilla partida. Había logrado sacarla del carro durante la fuga. Quedaban cuatro nombres, pesos y una marca de herramienta: un aro atravesado por tres líneas.

—La misma marca aparecía en cajas de Arkhe —dijo Jesa.

Isolde recordó el metal azul, los trabajadores enviados bajo C-7 y la cueva que Rheskan había mostrado.

—Tesa sigue dentro de la ruta.

—Y dos hombres del grupo de tierra fueron detenidos durante la fuga —añadió Cori—. Desviaron a los guardias para que los demás llegaran al bosque.

La liberación había cambiado la cuenta sin cerrarla. Cinco detenidos estaban fuera. Tres personas seguían en manos del régimen. Los nombres de los dos rescatadores se añadieron debajo de Tesa: Brann Ec y Oro Nevel.

Jesa extendió el mapa sobre una caja mojada. Cori marcó el punto de la emboscada, el lugar donde separaron a Tesa y la ruta tomada por el segundo carro. Savia trazó un sendero interior usado por carboneros.

—Sale detrás de Arvek y sube hasta las minas —dijo—. La Guardia quitó las campanas de dos galerías el invierno pasado. Desde entonces, los carros entran de noche.

—¿Qué anunciaban las campanas? —preguntó Isolde.

—Derrumbes, gas y cambio de turno. Ahora el silencio pertenece a los capataces.

Jesa llamó a la tripulación para votar. El barco precisaba manos. Arvek ofrecía nuevos manifiestos y el rastro de Tesa. La sierra guardaba el origen del metal azul.

Rusk seguía en casa de Nara. Las otras siete personas votaron: seis piedras negras decidieron continuar por tierra y una blanca quedó junto a Ilven, que quería proteger La Terca .

Acordaron repartir las manos. Ilven se quedó con Venn y un marinero para reparar el casco y atender a Rusk.

Los otros dos acompañarían a Jesa y Cori hacia Arvek.

—Podéis seguir hacia la sierra —dijo Jesa a Isolde—. Ya habéis pagado parte de vuestra ruta.

—La emboscada perseguía también nuestros papeles.

—Entonces tendremos trabajo compartido hasta Arvek.

La capitana dividió las copias que quedaban. Una viajó con Savia hacia Bren. Otra quedó cosida dentro de la manta de Rusk. Cori conservó la que debía llegar a Cen y cambiaría de mensajero al amanecer. La tablilla del carro fue envuelta en cuero y guardada bajo la camisa de Kaoran.

Subieron por el sendero de los carboneros cuando la oscuridad cubrió la costa. La tormenta se alejaba hacia Arkhe. Abajo, el navío de Velaria seguía atrapado fuera del arco. Varias barcas de la aldea fingían acudir en su ayuda. Cada una llevaba un mensaje hacia una cala diferente.

Rheskan apareció sobre las nubes. Compartió un tramo de montaña y la entrada de una galería sin luz. Había visto carros, humo contenido bajo rejillas y hombres trabajando alrededor de una cadena demasiado grande para cualquier preso humano.

Isolde le envió la imagen de Tesa y de los dos rescatadores. El dragón respondió con tres caminos de acceso. Después eligió el más alto para sí.

En Bren, Jesa entregó medicinas antes de cobrar. Recibió caballos, comida y una guía llamada Neira. La mujer conocía los turnos de las minas por los silencios: ausencia de martillos al amanecer, carros que descendían con ruedas cubiertas y ventanas cerradas durante los días de fundición.

—Mi hermano trabajaba en la galería tercera —dijo—. Una noche borraron su nombre de la lista. Desde entonces, las casas escuchan la montaña para saber quién falta.

Jesa caminaba delante de los caballos, lejos de la nave que aún no podía reparar.

Cori tenía una rozadura abierta donde había llevado la cuerda de la barca.

Isolde ofreció cambiarle la carga y la joven aceptó.

Durante un tramo avanzaron juntas, escuchando los cascos sobre la piedra.

Cada vez que Isolde pensaba en los originales veía también los dedos de Rusk aferrados a su manga.

Isolde anotó el coste al lado de los ochenta y cuatro nombres de la caravana.

Rusk: vivo, pierna rota, bajo cuidado de Savia.

Lira, Ovan, Mer, Jal y Nerin: liberados.

Tesa Brin: trasladada al depósito Esvan.

Brann Ec y Oro Nevel: detenidos durante el rescate.

Tres cajas: perdidas en el mar.

Manifiestos: originales destruidos; cuatro rutas de copia activas.

La última línea señalaba el oeste.

Arvek y las minas sin campana de la Sierra de Obsidiana.