Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 13 #4
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—Tres están en el hospital. Faltan los recibos del resto.

—Puedo ordenar una inspección en Arkhe.

—Ya está ordenada.

—Necesitarás escolta.

—Elegida por las familias.

—Aelyn, intento ayudarte.

—Entonces entrega las órdenes originales de traslado.

Darian permaneció junto a la mesa.

—Llevan mi sello.

—Lo sé.

—Varek usó autorizaciones generales. Muchas salieron sin que yo viera los nombres.

—Tu firma seguía abriendo las puertas.

Darian miró el cajón donde Aelyn guardaba las copias. Ella dejó encima una hoja para la solicitud y le acercó la pluma.

—Busca los originales —dijo—. Entrégalos al archivo con tu declaración.

—Mi padre...

—También podrá declarar.

Él tomó la pluma. Aelyn mantuvo la mano junto al borde para impedir que retirara la hoja antes de poner fecha.

Darian asintió una vez.

—Hay algo más. El equipo que seguía a la mujer de Nydel ha perdido su rastro en los Llanos. Encontraron tres caravanas fuera de las rutas oficiales y un puesto con documentos copiados.

Aelyn siguió escribiendo.

—Eso suena a trabajo de tu Guardia.

—Las flechas de los caminos fueron cambiadas. Todas apuntan ahora a pozos libres.

—Una mejora útil.

—Varek cree que la mujer va hacia Arkhe.

Ilan Deyr estaba allí. Rheskan había sido visto en la costa. La piedra de Nydel viajaba al mismo puerto.

Aelyn dejó el lápiz.

—¿Y tú qué crees?

—Que sigue un patrón.

—Entonces quizá llegue antes que tus inspectores.

Darian se marchó sin responder.

Aelyn abrió el segundo libro, el oculto dentro de la silla. Añadió los treinta y tres nombres de C-7, marcó los diecinueve vivos, los seis de Arkhe y los ocho ausentes. Junto a Ilan escribió: padre espera; carpintero; diecinueve al partir.

En el tercer libro, el que llevaba dentro, repitió toda la cuenta.

Ciento ochenta y nueve nombres se convirtieron en doscientos veintidós.

Aelyn apagó la lámpara y dejó abierta la puerta de su oficina. El broche de consejera brillaba sobre la mesa. Detrás, dentro de la silla, seguía creciendo el registro que ninguna regencia había autorizado.

Orla entró cuando el pasillo quedó vacío.

Dejó tres paquetes sobre la mesa. Cada uno llevaba una forma distinta de cerrar el hilo.

—Pediste que las células eligieran si aceptaban encargos de la consejería —dijo.

Aelyn abrió el primero. La red de barqueros aceptaba trasladar a los familiares del equipo de inspección si aumentaba la vigilancia. Pedía a cambio una ruta de salida propia y ninguna información sobre otros grupos.

El segundo venía de los panaderos. Rechazaban colaborar con una oficina pública mientras las raciones llevaran la marca de Varek. Continuarían alimentando a personas borradas del censo, pero no entregarían nombres ni cuentas.

El tercero pertenecía a los sanadores. Aceptaban el protocolo de Ardan y exigían acceso a cualquier prisionero enfermo, incluidos los de C-7.

—Los panaderos tienen razón —dijo Aelyn.

—¿Vas a dejarlos fuera?

—Ya han elegido su tarea. Podrán conservar los contactos que necesiten para alimentar a esas familias. Mi oficina dejará de enviarles solicitudes.

—Eso limita lo que puedes saber.

—También limita lo que puedo entregar si me detienen.

Orla tomó el broche de consejera y lo giró sobre la mesa.

—Miren ha sacado a su hijo. Se queda en los hornos hasta que las dos aprendices controlen las raciones. Después decidirá si abandona la ciudad.

—¿Puedo hablar con ella?

—Ha pedido que no. Varek observa cualquier persona que sale de tu oficina.

Aelyn asintió.

—¿Y tú? —preguntó.

—Dejo de llevar mensajes directos entre tu oficina y las cocinas. Trabajaré con la lavandería y conservaré una salida que tú no conocerás.

—Eso te expone sin que pueda encontrarte.

—Esa es la idea.

Orla sacó un carbón pequeño envuelto con tres hilos negros. La señal había viajado desde Nydel. Atada al paquete había una frase: el espacio permanece vacío.

Aelyn cerró la mano alrededor del carbón. Manchó la hoja limpia antes de advertir que seguía sujetándolo.

—¿Ha llegado alguna palabra más?

—Esa frase es todo.

Podía escribir algo que solo Isolde entendiera. Un lugar, una tarde, una broma que exigiera respuesta. Miró los tres paquetes de las células y dejó el carbón junto a ellos. Le dolía obedecer unas reglas que su amiga, si vivía, estaba usando también para mantenerse lejos.

Aelyn incorporó aquellas condiciones al protocolo de protección de fuentes civiles.

Preparó para Arkhe el nombre de Ilan Deyr, el código C-7, seis traslados confirmados y una copia parcial de las rutas azules. Dejó fuera la petición de que buscaran a Isolde.

—¿A quién se lo damos? —preguntó Orla.

—A la ruta, sin nombre.

Orla cosió el paquete dentro de una vela destinada a un comerciante del puerto.

Aelyn añadió una entrada al libro rojo: seis trabajadores requieren inspección en Arkhe. En el libro oculto escribió sus nombres. Dentro de sí repitió la cuenta completa.

Aelyn observó la costura hasta que Orla cortó el hilo. Seis nombres saldrían hacia Arkhe dentro de aquella vela. Apoyó la mano sobre el libro rojo y empezó a preparar la inspección que tendría que sostenerlos cuando llegaran.