Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 13 #3
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Aelyn entró en el segundo barracón. Encontró tres personas detrás de una división de madera: un hombre con fiebre, una anciana que apenas podía ponerse en pie y un muchacho con una pierna infectada. Los habían dejado fuera de las nuevas rutas porque el transporte costaba más que su trabajo.

—¿Cuántos salieron hacia Arkhe? —preguntó Aelyn.

El hombre febril señaló seis dedos.

—¿Y los demás?

—Bajo la torre —murmuró—. Cavaban canales. Cuando terminaron, vinieron carros azules. Ocho fueron al este. A otros los llevaron de noche.

—¿Ilan?

Tessa se arrodilló.

—Carpintero —dijo el hombre—. Hizo apoyos para el túnel. Lo mandaron al puerto con cinco.

La cifra coincidía.

Aelyn ordenó trasladar a los tres a un hospital fuera del control de la comisión. Helor se interpuso.

—Deben cuotas de alojamiento.

—Tu registro afirma que terminaron el contrato.

—Entonces deben los días posteriores.

—Los dejaste enfermos en un barracón vacío.

—Recibieron techo.

Tessa lo golpeó.

El puño alcanzó la boca. Helor cayó contra la pared. Los guardias dieron un paso. Aelyn se colocó entre ellos y la mujer.

—La agresión quedará en el acta —dijo.

—Detenedla —ordenó Helor con sangre en los dientes.

—Después de que un sanador documente el estado de las tres personas abandonadas. Tú vendrás también para responder por las cuotas.

El administrador quiso invocar a Varek. Aelyn escribió su detención temporal por obstaculizar una inspección sanitaria. Los guardias de Darian tuvieron que elegir entre el broche visible y una autoridad ausente. Se llevaron a Helor.

La torre de ventilación quedaba cerrada. Neral encontró una entrada contable que pagaba filtros, cadenas y piedra azul. Los materiales viajaban desde Nydel. El túnel C-7 formaba parte de la misma red de confluencias.

—¿Hacia dónde va? —preguntó Maro.

El mapa técnico había sido retirado. Aelyn observó el río, la dirección de la torre y la marca de los carros.

—Hacia el oeste, debajo de la ciudad. Puede conectar con depósitos o con la ruta a Cendral.

—Mi hija estaba aquí.

—La buscaremos en los ocho traslados del este.

—Lleváis años buscando en libros que ellos escriben.

—Por eso habéis venido a ver el suelo.

Antes de marcharse, Aelyn selló los barracones y colocó dos inspectores civiles.

Ordenó conservar la entrada subterránea hasta recibir un plano.

Sabía que Varek podía abrirla durante la noche.

Neral hizo cuatro copias del acta. Una quedó con Tessa, otra con Maro, otra viajó al archivo y la última salió mediante una barquera.

Al regresar, la gente vio la ceniza sobre la puerta del carruaje. También vio a tres enfermos dentro y al administrador esposado detrás. Los insultos disminuyeron. Nadie aplaudió.

Tessa se sentó junto al enfermo y le sostuvo la cabeza en los baches. Al llegar al hospital pidió conservar su copia del acta. Aelyn se la entregó con el sello todavía húmedo. La mujer comprobó la firma antes de guardarla.

Aquella noche, la torre del río envió una señal de urgencia.

Tres golpes. Pausa. Uno.

Ardan había dejado de despertar.

Aelyn llegó con Ravel y la autoridad sanitaria de su nuevo cargo. Varek ya estaba en la habitación. Dos médicos de la comisión rodeaban la cama. Darian permanecía junto a la ventana.

—El rey ha sufrido otra crisis —dijo uno de los médicos.

—¿Qué dosis recibió? —preguntó Aelyn.

—La prescrita.

—Quiero el registro.

Varek negó con la cabeza.

—La familia decidirá el tratamiento.

—Darian es regente por la incapacidad de Ardan. Existe un conflicto directo si controla la documentación médica.

Darian se volvió.

—Entregad el registro.

El médico obedeció.

La dosis de velaria se había duplicado durante tres noches. La planta calmaba dolor y producía sueño. En cantidades acumuladas reducía el pulso y podía detener la respiración. El documento atribuía el cambio a agitación nocturna.

—¿Quién observó la agitación? —preguntó Ravel.

—El guardia.

—¿Qué hizo el rey?

—Golpeó la cama y trató de levantarse.

Aelyn conocía los golpes. Ardan intentaba enviar mensajes mediante el ritmo. La Guardia convirtió la señal en síntoma y la medicina en silencio.

—Revisaremos esa dosis —dijo.

—Puede sufrir convulsiones —advirtió el médico.

—Reducimos de forma gradual y dejamos vigilancia continua de dos sanadores independientes.

Varek se acercó.

—El rey podría morir esta noche si alteráis el tratamiento.

—También puede morir si lo mantenéis.

—¿Asumiréis la responsabilidad?

Aelyn tomó el registro.

—Quedará con mi firma.

Aelyn asentó la dosis anterior junto a su firma.

Darian leyó las cantidades.

—Se reduce —dijo—. Ravel dirigirá el turno con uno de los médicos actuales. Cada administración llevará dos firmas.

Varek lo miró.

—Tu padre espera una sucesión estable.

—Mi padre no es el rey.

—Ardan carece de herederos vivos.

La frase buscaba la ausencia de Isolde. Darian tensó la mandíbula.

—Ardan sigue vivo —dijo.

Ravel preparó un antídoto suave. Aelyn permaneció junto a la cama. El pulso del rey era lento. Cada pausa parecía más larga que la anterior.

Pasó una hora.

Ardan abrió los ojos.

La mirada tardó en encontrarla. Después se movió hacia Darian.

—I... solde —susurró.

Darian quedó inmóvil.

Aelyn tomó la mano del rey.

—Seguimos buscando respuestas, majestad.

Ardan apretó sus dedos una vez. Luego señaló la caja de estrategia. Aelyn acercó el tablero. El rey puso la figura de la heredera junto al camino de Arkhe y la cubrió con una pieza sin marca.

Guerrera sin nombre.

La interpretación podía pertenecer al deseo de Aelyn. Guardó el gesto con cuidado.

Ardan movió después el dragón antiguo bajo la montaña y colocó una llave junto al puerto.

—Arkhe —dijo ella.

Un golpe.

—¿La prisión de Ydrael se controla desde allí?

Ardan cerró los ojos. El dedo volvió a golpear una vez.

Darian había visto el tablero.

—¿Qué sabes de Arkhe? —preguntó al rey.

Ardan ya dormía. Esta vez la respiración era estable.

—Mañana quiero los planos del puerto —dijo Aelyn.

—Varek los controla —respondió Darian.

—Tú acabas de recordar que eres regente.

Él miró a su antiguo mentor. Varek salió de la habitación sin despedirse.

Aelyn encargó a Ravel formar a cuatro sanadores. Cada uno guardaría una copia de las dosis; la red recibiría una señal diaria sobre el pulso del rey.

Para las inspecciones eligió un sanador, un escriba ajeno a Varek y dos representantes de familias. Neral recibiría la información oficial. Orla dejaría de ser su enlace directo.

Darian entró en su nueva oficina al anochecer.

—Has encontrado a los de C-7 —dijo.