Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 13 #2
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Aelyn tenía preparada una ruta para los mensajes y otra para Miren. Doblar aquel plan sin entregarlo le costó más que discutir el juramento. Orla seguía esperando junto a la sábana, con las manos libres para rechazar el encargo.

—Diles lo que sabemos —dijo—. Incluye el tiempo, los riesgos y la inspección pública. Pregunta qué necesitan.

Orla tomó tres paños. Cada color llevaba un mensaje distinto. Bajó por la escalera de servicio.

Aelyn fue a la torre del río.

El nuevo cargo aún no existía, pero su acceso de observadora permitía revisar el consumo de medicinas. Llevó las copias de C-7 dentro de una caja de tónicos. Los dos guardias abrieron cada frasco y contaron las vendas. Ninguno tocó el doble fondo.

Ardan estaba despierto.

Había adelgazado. El cabello, antes gris, se había vuelto casi blanco. La mano derecha temblaba sobre la manta. El sanador redujo la dosis aquella mañana para permitir una visita supervisada.

—Lady Aelyn —dijo el rey.

La voz conservaba poco volumen y toda su atención.

—Majestad.

El guardia se quedó junto a la puerta. Aelyn habló de rutas y alimentación como correspondía a una inspección. El sanador colocó el tablero de estrategia sobre la cama. Ardan movió piezas mientras escuchaba.

Cuando Aelyn mencionó C-7, el rey dejó caer el dragón rojo.

—¿Conocéis el código? —preguntó.

Ardan señaló el lado occidental del tablero. Colocó tres peones bajo una torre azul y cerró el paso con la figura de Varek.

—Prisiones —susurró.

—¿Dónde?

El rey movió una barca hacia el río, después una montaña y una puerta. La secuencia podía indicar embarcaderos, Cendral o rutas subterráneas. Aelyn necesitaba palabras.

Ardan luchó por mantener los ojos abiertos.

—Bajo... las obras.

—¿En Caleryon?

Un dedo golpeó el tablero una vez.

—¿Cuántas personas?

Ardan tocó tres grupos de nueve y añadió seis piezas.

Treinta y tres. Coincidía con los nombres que Aelyn había encontrado.

—¿Quién firma los traslados?

El rey miró al guardia. Después puso la figura del regente delante de Varek y colocó el sello de Rhyne detrás.

Darian y su padre. O sus sellos usados por la comisión.

La puerta se abrió. Varek entró con dos sanadores nuevos.

—La visita ha terminado —dijo.

Aelyn cerró la caja.

—Reviso la medicación.

—El rey necesita reposo.

—Deja que responda mientras siga despierto.

—El Consejo determinó su incapacidad.

—Quiero los informes completos y los nombres de los médicos que nombraste para redactarlos.

Varek sonrió.

—Pronto tendréis un cargo desde el que formular observaciones útiles.

Ya conocía la oferta. Darian había hablado antes de tener su respuesta.

—Mi juramento mencionará a Ardan —dijo Aelyn.

—Vuestro juramento mencionará el reino.

—El rey forma parte de él.

—Mientras viva.

La amenaza llegó vestida de una precisión legal.

Aelyn se inclinó ante Ardan. Al recoger el dragón rojo, ocultó debajo una copia de C-7. El rey la cubrió con la manta.

—Treinta y tres —dijo Aelyn al salir—. Comprobaré esa cifra.

Varek no respondió. Sus ojos habían seguido el movimiento de las piezas.

* * *

La inspección de las cocinas empezó al anochecer.

Aelyn llevaba el nuevo broche de consejera civil, aunque todavía no había prestado juramento. Darian se colocó a su derecha. Varek dirigía a veinte guardias.

Miren había elegido quedarse. Recibió a la comitiva con un delantal limpio y una lista completa del personal. Cada ayudante ocupaba su puesto. Las despensas estaban abiertas.

—Buscamos correspondencia sediciosa —dijo Varek.

—Registraréis cada objeto y el nombre de quien lo encuentre —respondió Aelyn.

Un escriba anotó la frase.

Los guardias revisaron hornos, paredes, cestos y sacos. Encontraron raciones ocultas detrás de un barril.

—Robo de provisiones reales —dijo Varek.

Miren levantó la barbilla.

—Comida reservada para el turno nocturno.

—El turno recibe ración en el comedor.

—La mitad trabaja cuando el comedor cierra.

Aelyn consultó el libro rojo. Las raciones figuraban como merma, una práctica usada durante años para alimentar guardias y criados fuera de horario. Varek podía llamarla robo porque decidía quién merecía comer.

—La consejería civil asumirá ese reparto —dijo—. Inventariadlo y dejadlo.

Darian apoyó la orden.

En la segunda despensa, un soldado golpeó la pared correcta.

Detrás había un hueco.

Aelyn contuvo el aire.

El hombre retiró dos ladrillos y encontró ceniza, hilo quemado y una cuchara. La célula había vaciado los mensajes. Había dejado objetos corrientes para explicar el espacio.

—Un escondite —dijo Varek.

—Para azúcar —respondió Miren—. El administrador anterior descontaba una parte antes de pesarla.

—¿Dónde está ahora?

—Murió hace seis años. Si queréis detenerlo, tendréis que llevar una pala.

La respuesta provocó una tos entre los cocineros.

Varek ordenó revisar los dormitorios. Aelyn mostró el acuerdo: zonas de trabajo, cargos individuales y presencia de un sanador. Los dormitorios quedaban fuera sin una acusación.

—Yo acuso a Miren de ocultar bienes —dijo.

—Acabamos de registrar los bienes como ración laboral.

—Yo dirijo la seguridad.

—Yo respondo por provisiones desde esta tarde —dijo Aelyn—. Si quieres entrar, firma que asumes la pérdida de alimentos, el cierre de la cocina y la falta de raciones para la Guardia de mañana.

Varek miró a Darian.

—¿Esa es la autoridad que le has dado?

—Es la autoridad que necesita para cumplir el cargo —respondió él.

La grieta entre ambos volvió a abrirse.

Varek suspendió la inspección. Antes de salir, señaló a Miren.

—Volveremos.

—Traed hambre —dijo la cocinera—. Es lo único que entra sin permiso.

Cuando las puertas se cerraron, Aelyn firmó el inventario. La célula había sobrevivido, pero la cocina quedaba marcada. Varek vigilaría cada saco y cada persona.

—Debéis sacarme de la red —dijo Miren.

—Puedes cambiar de tarea.

—Conozco rutas y caras. Si me detienen, llegarán a otras.

—Podemos sacarte de la ciudad.

Miren miró los hornos.

—Mi gente come porque sé cuánto apartar sin que la oficina lo vea. Si me voy, la siguiente persona tardará meses en aprenderlo.

—¿Qué eliges?

—Me quedo en la cocina. Dejo de mover mensajes. Quiero una salida para mi hijo y dos personas que aprendan las raciones.

Aelyn anotó las condiciones.

—Orla organizará la salida. Tú elegirás a las dos personas.

—Y ninguna conocerá mis contactos anteriores.

—De acuerdo.

La célula se cerró por decisión propia. Sus tareas de alimento continuarían separadas de la información. La red perdía una ruta rápida y ganaba una frontera capaz de limitar el daño.

* * *

Aelyn prestó juramento tres días después.

El patio estaba lleno. Darian necesitaba mostrar que la amiga de Isolde aceptaba la reconstrucción. Varek necesitaba vigilar cada palabra. Aelyn necesitaba que el cargo abriera archivos.

Apoyó la mano sobre el libro de las Casas.

—Juro proteger las vidas, los recursos y los registros de Caleryon —dijo—. Serviré al rey Ardan mientras viva y ejerceré la consejería bajo la administración temporal de Darian Rhyne. Dejaré por escrito mis decisiones y sus costes.

La última frase no figuraba en el texto acordado. Darian la oyó y continuó la ceremonia. Varek mantuvo una sonrisa fría.

Los presentes aplaudieron.

En los barrios, algunos interpretarían el juramento como rendición. Otros confiarían en ella. Ambas reacciones tendrían consecuencias.

La primera orden de Aelyn abrió los archivos C-7.

La comisión entregó copias incompletas. Ella comparó fechas, pagos y listas. Encontró treinta y tres nombres trasladados bajo obras civiles. Diecinueve seguían vivos según raciones recientes. Seis habían sido movidos hacia Arkhe. Ocho carecían de registro posterior.

Ilan Deyr estaba entre los enviados al puerto.

La primera inspección salió hacia las obras del río aquella misma tarde.

Aelyn llevó al sanador Ravel, a Neral como escriba y a dos familiares de desaparecidos: Tessa Deyr, hermana mayor de Ilan, y Maro Sen, padre de una mujer asignada a C-7. Darian añadió cuatro guardias. Varek intentó colocar un capitán propio, pero Aelyn usó la cláusula civil para rechazarlo.

El carruaje cruzó el barrio de los talleres. Alguien lanzó un puñado de ceniza contra la puerta. La marca gris quedó debajo del broche nuevo.

—Traición —gritó una voz desde una ventana.

Los guardias buscaron al responsable. Aelyn ordenó seguir.

—¿No vais a limpiaros? —preguntó Tessa.

—La ceniza llegará conmigo al informe.

—La gente cree que habéis aceptado a Darian.

—He aceptado acceso a los nombres.

—Mi hermano no sabrá la diferencia.

Aelyn miró la fecha del contrato de Ilan. Había partido hacía once meses. La diferencia entre una estrategia y una rendición solo importaba si lograba traerlo de vuelta.

Las obras C-7 ocupaban una depresión junto al río, detrás de almacenes recién construidos. Los registros hablaban de reparación de muros. Allí había tres edificios largos, una torre de ventilación y una entrada subterránea protegida por rejas azules.

El administrador se llamaba Helor Venn. Recibió la orden de inspección con una reverencia y bloqueó el paso con veinte trabajadores uniformados.

—La zona interior contiene piedra inestable —dijo—. Una visita exige autorización de la comisión de confluencias.

Aelyn mostró el broche.

—La consejería civil controla sanidad, alojamiento y traslados.

—Los trabajadores fueron reasignados.

—Entonces enséñame dónde dormían.

Los barracones estaban vacíos. Habían retirado camas, mantas y ropa. Quedaban marcas de treinta y tres jergones en el suelo. Ravel encontró vendas con sangre detrás de un horno. Tessa halló una talla de madera bajo una tabla: una pequeña puerta con las iniciales de Ilan.

—La hizo de niño —dijo—. Tallaba puertas en todo. Decía que una pared sin salida era un error del carpintero.

Aelyn guardó la pieza dentro de una bolsa de prueba.

—¿Cuándo los trasladaron? —preguntó al administrador.

—En grupos. Algunos terminaron el contrato.

—¿Dónde están los recibos de salida?

—En el archivo central.

—El archivo central dice que están aquí.

Helor miró a los guardias de Darian. Ninguno recibió una orden para intervenir.